“No habría historia, no habría matemática, no habría filosofía, si no se pudiera transmitir su pensamiento y, por supuesto, no habría literatura”
La frase le pertenece al lingüista Luis Fernando Lara, miembro de El Colegio Nacional, expuesta durante la conferencia “Aparición y formación de la escritura”, lección inaugural del ciclo La educación y las culturas de la lengua, que se desarrollará el último martes de cada mes de 2026, bajo la certeza de que la lengua tiene un papel fundamental tanto en la escuela como en la vida familiar, en los círculos de amigos o en el mundo que compartimos.
“No es posible la educación sin lengua, eso me interesa muchísimo resaltarlo: no hay educación si no hay lengua. Pero también, no es posible sin educación de la lengua”, destacó el especialista en su conferencia, donde resaltó que la capacidad de hablar y de escribir son las características que distinguen a los seres humanos del resto de la sociedad de los animales que pueblan el mundo.
“Son las lenguas las que nos permiten formar parte de una sociedad, manifestar nuestras experiencias, nuestros deseos, nuestras aprehensiones de la realidad del mundo en que vivimos. Las que forman la conciencia de nosotros mismos en cuanto individuos y en cuanto a especies y las que nos permiten crear conocimiento y obras de arte verbales.
“El astrónomo Carl Sagan una vez hizo esta reflexión: ‘El universo sabe que existe, porque nosotros sabemos que existimos’; yo agregaría: sabemos que existimos, porque hablamos”.
Convencido de la importancia de difundir conocimiento para todos, sin hacer distinciones y sin exigir ninguna clase de formación, objetivos prioritarios de El Colegio Nacional, Luis Fernando Lara estableció las diferencias entre enseñar una lengua y educarla. Las lenguas maternas, ya sea el español, el náhuatl, el maya, el zoque o el yaqui, se aprende en casa, “en el seno de nuestra familia, en nuestra participación en la vida social y de trabajo”.
El lingüista explicó que aprendemos otras lenguas, o bien por inmersión, es decir, yendo a vivir en una sociedad que habla otra lengua, o bien nos las enseñan en una escuela. En ambos casos, una vez lo aprendido lo básico de ellas, las lenguas se educan y es ahí donde radica una diferencia fundamental, porque el ser humano puede aprender los elementos que nos permiten mantener una conversación elemental, pero encima de ese uso práctico y elemental de la lengua está la necesidad de enseñarnos cómo construir un oración con claridad de precisión, cómo relacionar las oraciones en un período y en un párrafo, cómo utilizar los tiempos verbales, cómo entender los muchos prefijos y sufijos que encontramos en multitud de expresiones de la ciencia, la técnica, la publicidad y el entretenimiento.
“¿Cómo leer con claridad y buena prosodia las oraciones principales y subordinadas, y las oraciones incidentales? ¿Cómo entender párrafos o textos de un libro de lectura, de una obra literaria, de un manual de uso de un instrumento, de una obra científica, de un texto religioso? ¿Cómo consultar y aprovechar la información de un diccionario, una enciclopedia? Eso es educar la lengua y es, precisamente, la tarea primordial de la educación, tanto en casa como en la escuela”.
El objetivo del ciclo de conferencias, comentó, es ampliar la comprensión de lo que es la educación de la lengua y de la escritura, que ayude a maestros y padres de familia en la tarea necesaria y urgente, de “abrir hacia los niños y a los jóvenes las ventanas de este mundo variado y conflictivo, en el que tendrán que vivir. Y hacerlo de la mejor manera posible”.
El origen divino y terrenal de la escritura
En la actualidad, se concibe a la escritura como una herramienta que sirve para transmitir y conservar ideas y expresar nuestras emociones, a diferencia del habla, que, por su naturaleza momentánea, volátil, se pierde una vez que se calla quien la emite, más allá de que las modernas grabaciones de voz sean, en el fondo, “una especie de transcripción espontánea”.
“En los orígenes de muchas culturas de la tierra, la escritura tuvo un carácter sagrado y fue una creación de los dioses. Para las llamadas religiones del libro: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, la Biblia es una obra revelada por dios y escrita posteriormente, por lo que los libros de la Biblia tienen la misma naturaleza sagrada que la palabra divina”, resaltó el miembro de El Colegio Nacional.
“Para otras culturas, como la greco-romana, la escritura es también resultado de un mensaje divino, portado por el mensajero de los dioses y creador de la escritura, Hermes o Mercurio. Algo semejante era el papel del dios Nabu, en Babilonia; Itzamná, creador del cielo entre los mayas y de Quetzalcóatl, entre los nahuas”.
Sin embargo, más allá de los mitos, la escritura es obra humana. La escritura ha sido siempre, para todos los pueblos de la tierra que la crearon, una representación, una concreción de sus ideas o de sus lenguas, que por su estabilidad gráfica es garante de la memoria de los recuerdos valiosos para un pueblo, medio de comunicación entre las generaciones pasadas, las presentes y las futuras.
“¿Qué condiciones permitieron la invención de la escritura? Básicamente las mismas que las que caracterizan al ser humano y lo diferencian de todos los seres vivos: su genoma. El conjunto de genes que dan lugar a la herencia. La explicación acerca de cómo el genoma determina las características del ser humano, están lejos de ser completa y todavía se habrán de descubrir más elementos, combinaciones y funciones de esa maravillosa doble hélice del ADN en la formación de nuestro organismo”.
Esa tarea le pertenece a un genetista, no a un lingüista, enfatizó Luis Fernando Lara. Si bien se puede afirmar que uno de sus resultados es la capacidad de reconocer y después crear formas, mediante los sentidos, que dan sustento a nuestra percepción.
Hace un siglo, un grupo de psicólogos experimentales alemanes se dedicó a investigar cómo los seres humanos reconocemos los objetos, mediante la información que proporcionan al cerebro nuestros sentidos, sobre todo la vista y el oído, “es decir, ¿cómo funciona nuestra percepción? Ese grupo dio lugar a lo que hoy se conoce como Teoría de la Gestalt o Teoría de la Forma, y el conocimiento que produjo sigue teniendo plena vigencia”.
“La percepción es un fenómeno de los órganos de los sentidos y del cerebro. La forma es producto de la organización activa de la percepción, que construye, estructuras de orden, de clasificación y discriminación y, de esa manera, se delimita la percepción de los objetos del mundo real: los órganos de la percepción forman estructuras organizadas de aquello que se presenta a los sentidos”.
La capacidad de reconocer formas existe entre los seres vivos desde mucho antes de que aparecieran los seres humanos. Las investigaciones de la Teoría de la Forma han demostrado que, por ejemplo, un pulpo pueda identificar la forma de un triángulo entre muchos estímulos que reciben sus órganos: “Todos los animales reconocemos formas, pero el ser humano, desde muy temprano en su existencia, pasó del mero reconocimiento de formas, absolutamente necesarias para su supervivencia, a su representación esquemática”.
“Desde hace miles de años, humanos en diferentes lugares del mundo se dieron a la tarea de crear figuras mediante líneas rectas, curvas, círculos, sucesiones de barras, etcétera. Todas organizadas siguiendo las leyes de la forma, mediante la proximidad de sus elementos, la semejanza y continuidad entre ellos, su simplicidad y su pertenencia a un conjunto. Igualmente comenzaron a dibujar formas esquemáticas de sí mismos, de la figura humana, en particular de las manos, así como figuras de ciertos animales como el venado, el bisonte, el mamut, etc. En todos los casos, lo que representan esas pinturas son formas invariables: abstracciones de su cuerpo, de sus manos, de los animales”.
Cruces, círculos, líneas, puntos colocados en cierto orden revelan la capacidad de representación gráfica de los humanos y ello está en el origen de todo sistema, pues en las diferentes investigaciones que se han hecho acerca de la aparición de la escritura se coincide en que la capacidad de crear formas dio lugar a diferentes sistemas de escritura, señaló el colegiado.
“En todos los casos, las escrituras se caracterizan por contar con un número de rasgos y unas reglas acerca de cómo organizarlos: los sistemas de escritura pueden ser historiográficos, ideográficos, alfabéticos y silábicos. Y tenemos el caso de un sistema pictográfico, en donde se hace precisamente representaciones de objetos para querer decir algo, como sucede en el caso en los jeroglíficos egipcios”.
Fuente: El Colegio Nacional


Deja una respuesta