“La vigilancia genómica de los virus permite entender la evolución de estos agentes microscópicos, para proteger la salud pública. Esta acción ayuda a monitorear las variantes y su evolución, así como la aparición de nuevos linajes pueden ser más transmisibles o patogénicos”, señaló Selene Zárate
“Esta semana una estudiante de licenciatura de la Universidad Autónoma del Estado México fue asesinada, lo que no significa un dato más, sino una vida. Como mujer, la ciencia y la educación requieren seguridad. Sin seguridad no hay permanencia y sin permanencia no hay liderazgo”, con estas palabras, Blanca Taboada, del Instituto de Biotecnología de la UNAM, inició su participación en la conferencia “Mujeres en la vigilancia genómica”.
La viróloga Susana López Charretón, miembro de El Colegio Nacional, coordinó la sesión, que formó parte de la Jornada 8M, que organiza la institución. Taboada explicó que la humanidad vive rodeada de virus. Incluso, se estima que existen diez millones más de virus que estrellas en todo el universo, “si todos se almacenaran y se alinearan se podría hacer una línea de ida y vuelta al Sol tres billones de veces. Eso muestra la magnitud con lo que convivimos día a día”.
Detalló que existen virus que infectan a cualquier ser vivo, como plantas y animales, pero también que infectan a microorganismos como las bacterias. Además, los virus tienen su propio genoma que es único para cada uno, a través de su ADN se pueden descifrar sus variaciones. Al responder a la pregunta ¿Cómo se ha logrado obtener el genoma de estos entes biológicos?, la investigadora comentó que se debe a la secuenciación masiva, es decir, a que se puede tomar una muestra y colocar en un secuenciador, un aparato que genera millones de datos y que permite extraer todo lo que hay en ella.
“Cuando se quiere cazar un virus, se diseña lo que se quiere ver, se utilizan procesos bioinformáticos, es decir, se utilizan computadoras para secuenciar la información. Un secuenciador puede procesar hasta 150 billones de letritas en una sola corrida y permite analizar hasta 600 muestras al mismo tiempo. Es como armar miles de rompecabezas que te van a contar una historia”.
En palabras de la especialista, en una muestra hay varios virus y la genómica se refiere a la posibilidad de armar o estudiar un sólo virus. Aunque también existe la metagenómica, que ayuda a estructurar muchos rompecabezas mezclados para entender su comunidad, sus posibles funciones e interacciones entre sus miembros. “La metagenómica ha demostrado que no somos tan humanos, que somos más microorganismos que células humanas. Se estima que el cuerpo tiene aproximadamente 37 billones de células humanas y 38 billones de bacterias en el interior, además, en su interior, las personas tienen entre cien y mil billones de virus”.
De acuerdo con la experta en genética, no todos los virus enferman, existen algunos como los fagos que infectan a las bacterias del cuerpo y ayudan a combatir infecciones. Los estudios han demostrado que enfermedades como la obesidad y la diabetes se asocian con un cambio de estos microorganismos que viven de manera natural en el organismo. “Sólo es una pequeña fracción de virus que enferman como SARS-CoV-2. Ahí surge el concepto de vigilancia genómica”.
Por su parte, Selene Zárate, de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, se refirió a las herramientas que se han desarrollado para la vigilancia genómica. “Esta acción la podemos pensar como el conjunto de tres pasos: tomar una muestra de un paciente para extraer su material genético; hacer un protocolo de secuenciación de ese material; y realizar una comparación para determinar qué secuencias se parecen entre sí y encontrar a la familia de los virus”.
La investigadora apuntó que la vigilancia genómica de los virus permite entender la evolución de estos agentes microscópicos para proteger la salud pública. Esta acción ayuda a monitorear las variantes y su evolución, así como a identificar la aparición de nuevos linajes que pueden ser más transmisibles o patogénicos. Además, permite conocer si las vacunas siguen siendo eficientes como fue el caso de la pandemia de COVID-19.
“Si nosotros entendemos cómo estos virus circulan en el mundo y su temporalidad, se pueden establecer los momentos del año en que se disparan los casos y se genera su estacionalidad. Mientras mejor conocemos el genoma y la biología de estos virus, también generamos mejores terapias, más específicas y con menos efectos secundarios”.
En relación con el proceso de vigilar, la científica recordó que cuando los virus evolucionan van acumulando cambios en sus secuencias de letras y van dejando como un rastro de migajas por donde pasan. “Con esas mutaciones se puede saber si el virus se parece a los que están presentes en México o a otros, y también de dónde viene, si se siguen dispersando o si están desapareciendo”.
Selene Zárate sostuvo que la comunidad de vigilancia genómica también está interesada en entender cuándo aparecieron las variantes, de dónde surgieron, cuál fue el lugar de origen de muchos de los brotes. “Lo que ha sido posible gracias a una herramienta conocida como reloj molecular, porque estas entidades biológicas acumulan cambios a un ritmo constante, suman mutaciones cada tic tac de un reloj. Y la computación y la virología trabajan juntas para descubrir virus nuevos cada día. Gracias a la secuenciación lo invisible se vuelve visible”.
Fuente: El Colegio Nacional


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