La impunidad en el Conacyt

Juan Tonda

El 6 de julio pasado la doctora Julia Tagüeña Parga, coordinadora del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, A. C. (FCCyT), renunció a dicho Foro, debido a que la actual directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, doctora Elena Álvarez Bullya, no le proporcionó durante un año los fondos que por ley debería de otorgar al Foro. Muchas personas capaces se quedaron injustificadamente sin trabajo. La estrategia de la doctora Álvarez Bullya fue sitiar al enemigo durante un año y no otorgarle agua y comida. Las razones: concentrar el poder para decidir absolutamente todo sobre ciencia y tecnología en el país, y no escuchar a la comunidad científica; solicitud que varios grupos de científicos han hecho sin hasta ahora recibir respuesta.

Aunado a los anterior, la doctora Álvarez Bullya ha acusado falsamente a la hoy ex coordinadora del Foro de corrupción, dado que el sexenio pasado la doctora Julia Tagüeña era la directora adjunta de Investigación Científica del Conacyt. Incluso, convocó a varios “periodistas” a desinformar a la población sobre la doctora Julia Tagüeña; que tristeza que haya desinformadores al servicio del actual gobierno. Vale la pena mencionar la trayectoria impecable de la doctora Julia Tagüeña Parga, a lo largo de sus 50 años de vida académica y administradora de la ciencia, destacando a nivel mundial.

El Foro Consultivo Científico y Tecnológico, A. C., se creó en 2002 y tiene las siguientes funciones sustantivas: “Fungir como organismo asesor autónomo y permanente del Poder Ejecutivo, el Consejo General, la Junta de Gobierno del Conacyt y el Poder Legislativo (federal y estatales). Al efecto, promueve la expresión de la comunidad científica, académica, tecnológica y del sector productivo, para la formulación de propuestas en materia de políticas y programas de investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación. Es un órgano de expresión y comunicación de los usuarios del Sistema de CTI. Su objetivo es propiciar el diálogo entre los integrantes del Sistema Nacional de Investigación y los legisladores, las autoridades federales y estatales y los empresarios, con el propósito de estrechar lazos de colaboración entre la academia, el gobierno y la empresa. Comunicar y difundir la CTI. El Foro hace uso de distintos medios de comunicación directa, masiva y a través de Internet.”

Resulta muy grave que la directora general no haya cumplido la ley y no le haya otorgado el presupuesto que merece el Foro. Más aún, la actual directora de Conacyt creó un foro espurio, bajo su dirección, para hundir al actual Foro -organismo autónomo- cuyas labores de asesoría permanente a los poderes Ejecutivo y Legislativo, así como su papel como órgano de gobierno son fundamentales para escuchar a la comunidad científica mexicana.

Cabe señalar que la actual directora del Conacyt tiene posiciones únicas y autoritarias, que le han valido, entre otras, las renuncias de dos encargadas de la comunicación de la ciencia del Consejo. Pasó de la investigación a la dirección de la política científica del país sin tener experiencia previa.

Entre las posiciones únicas destaca su posición contra los organismos genéticamente modificados o transgénicos, en la cual se ha encargado de convencer a amplios sectores de la sociedad de que los transgénicos hacen daño, sin considerar lo que opina un gran número de investigadores, que han probado a través de cientos de artículos en revistas especializadas en todo el mundo que los alimentos transgénicos no son malos para la salud y que lo que es criticable es que unas cuantas compañías en el mundo vendan las semillas; pero el propio gobierno mexicano puede tener sus semillas transgénicas y, entre otros beneficios, podría evitar el uso de pesticidas y agroquímicos, que esos sí dañan la salud y la naturaleza. Por ello, me parece oportuno convocar a los divulgadores de la ciencia para mostrar la otra cara de la moneda sobre los organismos transgénicos, que tanta falta le hace al país. Y, en este punto, es importante que se escuche a toda la comunidad científica mexicana, a la que el propio presidente ha descalificado en varias ocasiones injustificadamente; en una de ellas, confundiéndolos erróneamente con el grupo de científicos del porfiriato.

Los mismos investigadores que se dedican a los transgénicos -los biotecnológos- son los que hoy le han dado al país una esperanza de crear en México una vacuna contra el Covid-19, a pesar de destinarle un presupuesto a la ciencia de 0.38% del PIB, en lugar, de un 2 por ciento como propone la asociación ProCienciaMx.

De manera respetuosa, le solicito al presidente, que reconsidere el nombramiento de la doctora Elena Álvarez Bullya, como directora del Conacyt, dado que al no ser incluyente, ha ocasionado una división innecesaria entre la comunidad científica mexicana, que no abona en nada para mejorar al país. Ha provocado enfrentamientos innecesarios con personas de probada calidad académica y administrativa.

Fuente: Sin embargo se mueve …