La crisis ambiental del planeta no puede resolverse desde la negación del multilateralismo: Norma Munguía
“El multilateralismo se acaba no por falta de acuerdos, sino cuando pierde la capacidad de generar resultados… no debemos crear agendas para el mundo que queremos, sino para el mundo tal y como es”, subrayó Laguna
Ante la emergencia climática y ambiental, la pérdida acelerada de biodiversidad, la contaminación y la creciente crisis de financiamiento internacional, El Colegio Nacional organizó la mesa ¿Multilateralismo ambiental en riesgo?, coordinada por la colegiada Julia Carabias. Los especialistas Jorge Laguna, Norma Munguía y Patricia Marcos coincidieron en que, aunque el sistema de cooperación internacional atraviesa una etapa crítica, es indispensable el multilateralismo para enfrentar los desafíos ambientales globales.
“Hasta ahora se avanzó sólo en un 35% de las metas de la Agenda 2030; el 47% progresa demasiado lento; y en un 18% hay retroceso. Entre los retrocesos están la pobreza, el hambre, la acción por el clima, la vida submarina y la vida de ecosistemas terrestres”, señaló Carabias. La bióloga mexicana realizó un recorrido histórico por la evolución de la gobernanza ambiental internacional. Recordó que la primera gran conferencia mundial sobre medio ambiente se celebró en Estocolmo en 1972, cuando se creó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y se impulsaron las primeras legislaciones ambientales modernas.
Destacó hitos como el Informe Brundtland de 1987, que consolidó el concepto de “desarrollo sostenible”; el Protocolo de Montreal para la protección de la capa de ozono; y la histórica Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, de 1992, de la que surgieron instrumentos fundamentales como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, el Convenio sobre Diversidad Biológica y la Agenda 21. Sin embargo, “los avances logrados durante estas décadas se han visto frenados por crisis geopolíticas, económicas y sanitarias. La Agenda 2030, aprobada en 2015 por todos los países miembros de la ONU, enfrenta hoy importantes rezagos”.
Subrayó que, entre los principales frenos, se redujeron los fondos de la asistencia para el desarrollo y se elevó el gasto militar; llegó la pandemia de COVID-19; e impactó la guerra en Ucrania, Gaza e Irán, lo que provocó una crisis alimentaria, energética, de fertilizantes y de las cadenas de suministro de materias primas. “El multilateralismo entró en un proceso de profundo cuestionamiento, actualmente es atacado por algunas naciones, particularmente por la administración de Donald Trump, lo que debilita su acción. No solamente no hay recursos, sino que los foros multilaterales están heridos”.
Al tomar la palabra, Jorge Laguna, fundador de Saeleas, estudio estratégico independiente enfocado en sostenibilidad, políticas climáticas y relaciones internacionales con sede en París, Francia, señaló que el debate no debe centrarse en si el multilateralismo ambiental ha terminado, sino en cómo hacerlo más efectivo. “El multilateralismo ambiental no se ha acabado, pero necesita demostrar resultados con mayor rapidez para mantener su legitimidad política”.
Tras más de dos décadas de experiencia en organismos internacionales, Laguna describió al multilateralismo como un sistema voluntario, fragmentado y parcialmente coordinado, en el que la fortaleza radica en permitir que los países aborden problemas que ningún Estado puede resolver por sí solo. Reconoció que actualmente existen señales preocupantes sobre el concepto, “una reducción superior al 7% de la ayuda oficial para el desarrollo en los últimos años y una brecha de financiamiento estimada en cuatro billones de dólares anuales para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.
No obstante, destacó que el sistema ha generado resultados tangibles. Citó como ejemplo la expansión de las áreas naturales protegidas en México, que actualmente cubren cerca del 22% del territorio nacional, así como la recuperación de la capa de ozono gracias al Protocolo de Montreal. A su juicio, uno de “los principales errores ha sido diseñar acuerdos internacionales bajo la premisa de un mundo estable”, sin considerar la recurrencia de pandemias, conflictos armados o crisis financieras.
En palabras del especialista, hablar de multilateralismo, es hablar de tres cosas a la vez, en primer lugar, de coordinación internacional; en segundo, de coordinación a nivel nacional; y, en tercer lugar, de gestión de la fragmentación a distintos niveles. “De ahí que sea tan esencial el oficio diplomático y el papel de los funcionarios que trabajan para defender a Mexico en los foros multilaterales”.
“El sistema no falla sólo en la implementación, falla en la negociación y en la definición de acuerdos que se alejan con frecuencia del mundo real. Y a pesar de la crisis en el multilateralismo ambiental, considero que sigue siendo indispensable e insustituible su labor en la actualidad”, apuntó.
Concluyó que “el multilateralismo se acaba no por falta de acuerdos, sino cuando pierde la capacidad para adaptarse y generar resultados. Esa es la tarea que tenemos ahora, no crear agendas para el mundo que queremos, sino acuerdos para el mundo tal y como es”.
La evidencia científica es contundente
Norma Munguía, experta en multilateralismo ambiental, expuso que los impactos ambientales ya no representan amenazas futuras, sino realidades que afectan actualmente a millones de personas. Citó las conclusiones de la séptima edición del informe Perspectiva del Medio Ambiente Mundial (GEO-7), elaborado por 287 científicos de 82 países, que concluyó que la humanidad se encuentra fuera de ruta para enfrentar el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación.
Además, señaló que el Informe sobre la Brecha de Emisiones 2025 advirtió que, incluso si se cumplieran los compromisos climáticos actuales, la temperatura global podría aumentar entre 2.3 y 2.5 grados centígrados hacia finales de siglo, superando ampliamente los objetivos establecidos en el Acuerdo de París. “La crisis ambiental del planeta no puede resolverse desde el aislamiento ni desde la negación del multilateralismo”.
Detalló que la evidencia científica es contundente, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación de los océanos, la degradación de los suelos, la escasez de los recursos naturales está afectando de manera creciente a la población del mundo. “Desde hace décadas el concierto de países que conforman la comunidad internacional ha construido mecanismos de cooperación para enfrentar de manera conjunta estos desafíos. Y que se pueden ver reflejados en los acuerdos”.
De acuerdo con la especialista, los estados nación han concluido que sólo mediante la cooperación y los acuerdos internacionales se podrán enfrentar las crisis globales como la que generó COVID-19. “Un Estado solo, no puede con un tema global. Se necesita la coadyuvancia de más países. Pero actualmente hay voces que cuestionan la utilidad de organismos internacionales y promueven soluciones exclusivamente nacionales para problemas globales. Cuando se debilita la cooperación internacional, todos perdemos”.
Agregó que la Cumbre realizada, en Sevilla, en 2025, por Naciones Unidas demostró que, aunque el multilateralismo está en crisis, sigue siendo necesario e importante. “Ese documento reconoció que hay una brecha de financiamiento cercana a los 4 billones de dólares para alcanzar los objetivos de desarrollo sustentable y responder a la crisis mundial. El compromiso Sevilla reafirmó el marco integrador para financiar la agenda 2030 al tiempo que articuló de manera coherente un conjunto de mandatos diseñados para fortalecer la arquitectura financiera internacional, mejorar la coordinación sistémica, y aumentar eficacia de la gobernanza económica mundial”.
En 2025, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, lanzó la Iniciativa ONU 80, que tiene como objetivo llevar a cabo una profunda revisión sobre el funcionamiento de la organización y sus estructuras. “Y tiene la finalidad de adaptar a la ONU a los desafíos políticos, económicos y ambientales del siglo XXI”. ONU80 buscará fortalecer cuatro dimensiones principales: el cambio climático, el rezago de la agenda 2030, la crisis de financiamiento y los conflictos armados.
Desde la perspectiva de la implementación, Patricia Marcos, del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, explicó que este fondo funciona como un puente financiero entre los acuerdos multilaterales y los países responsables de cumplirlos. Actualmente, opera como mecanismo financiero de seis convenciones internacionales ambientales.
Marcos destacó que el Protocolo de Montreal constituye el caso más exitoso del multilateralismo ambiental al haber “eliminado el 99% de las sustancias que deterioran la capa de ozono, más de 900 sustancias químicas”. Sumado a lo anterior, se estima que este protocolo “ha evitado más de 2 millones de cáncer de piel por año y así seguirá hasta el 2030. También ha impedido la emisión de ocho millones de toneladas de dióxido de carbono y la región de América Latina la que cuenta con mayor número de avances”.
De acuerdo con la experta, el Fondo para Áreas Naturales Protegidas de México, que surgió tras la Cumbre de Río de 1992, es el ejemplo tangible de cómo los acuerdos internacionales pueden traducirse en inversiones concretas para la conservación de ecosistemas. No obstante, advirtió que uno de los mayores desafíos actuales es la fragmentación institucional.
“Existen más de mil 600 tratados ambientales internacionales y numerosos fondos y mecanismos financieros que operan de forma paralela, lo que genera complejidad administrativa y dificulta la coordinación”, explicó.
Concluyó que el “multilateralismo no está desapareciendo, pero necesita reformarse, fortalecer su financiamiento, simplificar su arquitectura institucional y generar resultados más visibles” para responder a una crisis ambiental que continúa profundizándose.
Fuente: El Colegio Nacional
