Hay una crisis sanitaria: mueren cinco millones de personas por la resistencia a los antibióticos: Samuel Ponce de León

Hay una crisis sanitaria: mueren cinco millones de personas por la resistencia a los antibióticos: Samuel Ponce de León

De acuerdo con el especialista César Hernández Rodríguez, la resistencia de los antibióticos es la capacidad adquirida por las bacterias para sobrevivir, persistir e inclusive crecer

“La resistencia a los antibióticos constituye una emergencia médica de carácter internacional que no se puede soslayar. En los años 40, el médico escocés Alexander Fleming dio a conocer los resultados de la penicilina y él mismo tenía una idea muy clara de las consecuencias de su venta indiscriminada”, expuso Antonio Lazcano, miembro de El Colegio Nacional, al iniciar la conferencia Evolución y resistencia a los antibióticos.

La sesión formó parte de una iniciativa conjunta de los ciclos El maravilloso mundo de los virus, coordinado por Susana López Charretón, y Los viernes de la evolución, coordinado por los colegiados Antonio Lazcano y José Sarukhán. En palabras del experto en biología evolutiva, “el mundo padece una crisis brutal de resistencia de antibióticos, por el abuso con el que se han vendido, por la poca inversión de las compañías farmacéuticas en la materia y por la falta de conciencia de que es un fenómeno evolutivo. Las bacterias se están generalizando, pero al mismo tiempo y hay un aumento en las poblaciones de un hongo que se extienden en hospitales, consultorios y pacientes”.

Al tomar la palabra, César Hernández Rodríguez, de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, explicó que los antibióticos son metabolitos secundarios, producidos por microorganismos que a bajas concentraciones inhiben el crecimiento o matan otros microorganismos. Pero “la resistencia de los antibióticos es la capacidad adquirida por las bacterias para sobrevivir, persistir e inclusive crecer. Cuando se exponen a fármacos que normalmente las inhiben o matan”.

Recordó que, desde su aparición, se han coleccionado más de una decena de familias químicas de antibióticos que son eficaces y tienen un precio relativamente accesible; sin embargo, entre la década de los 90 y los 2000, las empresas farmacéuticas empezaron a detectar que estos productos dejaban escasas ganancias, y la investigación y el desarrollo fueron abandonadas o disminuidas. “La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido varios planes de acción para controlar la expansión de la resistencia de los antibióticos. En 2015, lanzó alertas mundiales a empresas farmacéuticas y universidades para que retomaran los esfuerzos en el descubrimiento de nuevos antibióticos”.

En 2025, se publicó la lista de patógenos prioritarios resistentes antibióticos. Entre los ejemplos de las familias químicas de antibióticos naturales que se usan en la clínica, están la bencilpenicilina, la carbapenems y la kanamicina. Aunque no se reducen sólo a esos. A la pregunta: ¿cómo han adquirido las bacterias patógenas la resistencia a los antibióticos? El experto respondió que “los genes que confieren resistencia a los antibióticos en las bacterias patógenas están en el ambiente, en la flor natural, en los animales domésticos, en los humanos y también en los hospitales. Al conjunto de genes que generan la resistencia de los antibióticos se le conoce como resistoma, y se deriva en resistoma ambiental y hospitalario”.

Agregó que, en el resistoma ambiental, hay algo que se conoce como la resistencia autónoma. “La hipótesis de que en el ambiente se encuentra un conjunto de microorganismos de parientes de Staphylococuccus Fleurettii, una bacteria patógena del entorno agrícola, que naturalmente tiene el gen que codifica una proteína de penicilina, resistente a una gran diversidad de antibióticos”. Pero en el ambiente hospitalario, las cepas como Klebsiella pneumoniae y Pseudomonas aeruginosa, portan genes que codifican para mecanismos de resistencia a los fármacos y “están empezando a dejar a los médicos prácticamente sin acciones terapéuticas para salvar la vida de pacientes críticos”.

Por su parte, Samuel Ponce de León, del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes de la UNAM, se refirió al nivel de resistencia antimicrobiana en México actualmente. Detalló que el Plan Universitario de Control de Resistencia Antimicrobiana (PUCRA) para la vigilancia del consumo de antibióticos en hospitales, evaluó a 55 instituciones hospitalarias y laboratorios en 17 estados de la República Mexicana, a lo largo de ocho años de 2017 a 2024.

PUCRA mostró que la resistencia a Escherichia coli en hemocultivos, la bacteria más común de infecciones en humanos, tiene un 19% de resistencia a la Piperacilina/tazobactam, un antibiótico moderno de uso común; un 66% a la Ceftriaxona, que, a pesar de su resistencia, es el antibiótico más utilizado del país; y un 69% al Ciprofloxacino. La bacteria Acinetobacter baumanni tiene una resistencia del 63% a la Piperacilina/ tazobactam; 65% al Ceftriaxona; y un 43% al Amikacina, se trata de la bacteria con el mayor perfil de resistencia, el 81% de los aislamientos caen en las categorías de multidrogorresistentes, extensamente resistentes y pandrogorresistentes.

Este plan exhibió que la bacteria A. baumanni alcanza niveles críticos del 70% en 2024, mostrando el crecimiento más alto de resistencia a los antibióticos. “Se ha demostrado que conforme pasa el tiempo se incrementa la resistencia. Los antibióticos de mayor consumo en los hospitales en los que se hizo este estudio son Cefalosporina, Carbapenemicos, Vancomicina, Penicilina y Quinolonas. Su consumo deriva en resistencia. Lamentablemente, la precariedad de los insumos hospitalarios obliga a que la gente utilice lo que tiene, y no lo que debe utilizar, la medicina basada en existencias en contrapunto con la medicina basada en evidencias”, subrayó de León.

Comentó que Estados Unidos presentó en 2023 la Ley Pasteur que busca combatir la resistencia antimicrobiana mediante un modelo de contratos de suscripción entre el departamento de salud y servicios humanos del país norteamericano y los fabricantes de medicamentos críticos, asigna 6 mil millones de dólares, además de que incentiva el desarrollo de nuevos fármacos. “Tenemos un estado actual con una crisis sanitaria devastadora, actualmente mueren cinco millones de personas vinculadas a la resistencia con los antibióticos a nivel global, el 60% es de resistencias a Cefalosporinas de tercera generación en bacterias comunes en México”.

Entre las propuestas que dio el especialista, mencionó la construcción de una estrategia integral hacia una salud desde cinco pilares: uno, la regulación agrícola, obligatoria; es decir, leyes, críticas de reporte de uso por especie y volumen; dos, la revolución en diagnóstico rápido, que significa inversión en secuenciación genómica e IA en hospitales; tres, los nuevos incentivos económicos, la suscripción gubernamental a modelos como Pasteur; cuatro, la vigilancia ambiental, monitoreo riguroso en aguas residuales y suelos abonados; y cinco, el fortalecimiento y la expansión de PUCRA.

En su participación, Eugenia Silva Herzog, del Instituto Nacional de Medicina Genómica, expuso que la humanidad vive en un mundo microbiano, en el que los microorganismos no están solos, durante 2 mil millones de años fueron los únicos habitantes del planeta y desde entonces interactúan entre sí. “Entre ellos hay competencia natural, compuestos que un microorganismo produce para inhibir el crecimiento o matar a otros, por lo que no los inventamos nosotros. Los microorganismos llevan miles de millones de años defendiendo su espacio y sus recursos”.

Detalló que Fleming, logró aislar el compuesto de la penicilina y sus colaboradores, Flores y Chain fueron los que aplicaron la penicilina a ratones enfermos. Cada vez que se identificaba un nuevo antibiótico, también se identificaban infecciones resistentes, casi de inmediato a su introducción en la práctica clínica. Desde la penicilina hasta la Ceftarolina. “La resistencia no surge con la presencia de los antibióticos, sino que estamos seleccionados. El antibiótico no crea resistencia, elimina a los susceptibles y deja crecer a los que ya eran resistentes. La presión selectiva es el antibiótico”.

Resulta que las bacterias se pasan apuntes, no necesitan reproducirse para heredar resistencia. Intercambian fragmentos móviles de ADN entre especies incluso lejanas, ya sea por plásmido, elementos circulares de DNA que pueden transferirse entre bacterias; virus que inyectan genes al cromosoma; o transposones, genes saltarines que se reinsertan en otro lugar. Entonces, “los mismos microorganismos están adquiriendo información de los otros”.

“Así es como se llega a tener 1.27 millones de muertes al año directamente atribuibles a infecciones resistentes antibióticos. Esto significa cinco personas cada dos minutos. La OMS dice que, si seguimos igual, para el 2050, habrá 10 millones de muertes asociadas a la resistencia. Pero puede ser que lleguemos antes”.

Silva Herzog explicó que, en un proyecto de investigación a la resistencia a la tuberculosis, en restos ancestrales, se identificó a una paciente que tenía resistencia a la Bedaquilina, uno de los nuevos fármacos contra tuberculosis recientemente aprobado. “Existe un grupo de científicos que han identificado genes de resistencia antibióticos que usamos en el siglo XXI en muestras congeladas desde hace 30 mil años”.

“Los antimicrobianos son una estrategia de interacción entre microorganismos, la resistencia es una evolución natural. Pero que sea una condición natural, no quiere decir que no sea un problema de salud pública en el siglo XXI. Lo que hemos pensado, nosotros es que la estrategia no es desarrollar nuevos fármacos, es convivir, no exterminar. Se requiere vacunación, porque sin infección, no hay riesgo; evitar monoterapia y el uso indiscriminado de antimicrobianos; desarrollar una terapia de fagos, es decir, de virus que atacan bacterias específicas; modular el microbio y evitar infecciones oportunistas; y la higiene en el uso de antimicrobianos en la prescripción, consumo y desecho”, concluyó la experta.

Finalmente, Susana López Charretón, miembro de El Colegio Nacional, subrayó que una alternativa al uso de antibióticos es la utilización de fagos que son virus de bacterias, hongos o parásitos que pueden matar a las bacterias. “Es un campo que se ha explorado, pero no se ha autorizado en América, aunque en Rusia desde hace algunos años está utilizando la Fago terapia. Tiene sus limitaciones y es por eso que no ha sido muy usada en la práctica. Pero es muy interesante saber que existe la resistencia antes de los antibióticos, que en realidad hay que saber modular los antibióticos para siempre ganarles la partida. Desafortunadamente usamos lo que hay y eso nos hace amplificar la resistencia”.

Fuente: El Colegio Nacional

Alberto Vazquez

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