El Parkinson ya no es una enfermedad del movimiento, es un padecimiento neuropsiquiátrico: José Bargas
Subrayó que “la incidencia del Parkinson en México es del 3% de la población en general, porcentaje en el que dos de cada cien son mayores de 60 años, y cuatro de cada cien mayores de 80”
“México ocupa el lugar número 20 en incidencia de Parkinson en la lista de 129 países. Pero de acuerdo con estudios, en aproximadamente tres décadas ocupará el lugar nueve con 338 mil pacientes”, sostuvo el especialista Benjamín Florán Garduño, al participar en la conferencia “Enfermedad de Parkinson: En memoria del Dr. Jorge Aceves Ruíz”, como parte del ciclo Las neurociencias en México y el mundo, coordinado por Pablo Rudomin, miembro de El Colegio Nacional, y Ranier Gutiérrez, del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav).
El investigador titular del Departamento de Fisiología, Biofísica y Neurociencias, del Cinvestav, sostuvo que se tienen registros de la enfermedad de Parkinson desde hace 2 mil 500 años antes de Cristo. “La literatura hindú lo describió como Kampavata, que significa temblor. En 1817, un médico inglés que trabajaba en la India publicó un ensayo denominado Parálisis agitante y posteriormente el médico francés, Jean-Marin Charcot, lo denominó Parkinson por dos razones: porque el temblor no era un fenómeno constante y en honor a la persona que lo describió”.
De acuerdo con Florán Garduño, el Parkinson se caracteriza por un síndrome motor que consiste en cuatro síntomas cardinales: rigidez muscular, lentitud del movimiento, temblor e inestabilidad postural. Además de los síntomas motores, se han descrito una gran cantidad de señales que no son motoras, “algunas pueden preceder a la enfermedad, otras acompañarla y otras manifestarse inclusive en estados bastante avanzados, como los síntomas urinarios y la constipación”.
Detalló que la incidencia de esta enfermedad es de aproximadamente el 3% de la población en general, en México, porcentaje en el que “dos de cada cien son mayores de 60 años, y cuatro de cada cien mayores de 80. Se calcula que hay ocho personas con este padecimiento por cada 18 mil habitantes”.
Explicó que la enfermedad de Parkinson se presenta en diferentes tipos, por ejemplo, el Parkinson idiopático, se refiere al que desarrolla sin un antecedente familiar. “Este es el más frecuente y se calcula que va por arriba del 85% de los casos comparado con el Parkinson familiar o genético”. La confirmación del diagnóstico ocurre por hallazgos patológicos, se puede identificar por la disminución del tamaño la sustancia negra en el cerebro, que obedece a la muerte y degeneración de neuronas dopaminérgicas. Pero “Clínicamente la manifestación de la enfermedad ocurre aproximadamente cuando se han alcanzado una pérdida del 70 a 80% de las neuronas”.
El experto apuntó que la pérdida de dopamina por la muerte de neuronas explica en gran parte la alteración motora observada en los pacientes, pero no necesariamente toda la enfermedad. Y la gran pregunta que surge es: ¿por qué mueren las neuronas dopaminérgicas? “Entre las causas está un proceso inflamatorio”.
Aceves Ruiz y su impacto en el Parkinson
Esta sesión estuvo dedicada a la labor del Doctor Jorge Aceves Ruiz y sus estudios del Parkinson. El investigador José Antonio Gilberto Arias Montaño, del Cinvestav, recordó que esta enfermedad constituye uno de los grandes desafíos de la neurología contemporánea. Aceves Ruiz nació un 12 de noviembre de 1929 en Tapachula, Chiapas. Estudió en la Escuela de Medicina en el antiguo Palacio de la Inquisición de la Universidad Nacional Autónoma de México, en Santo Domingo. Posteriormente se incorporó al Instituto Nacional de Cardiología como investigador titular del Departamento de Farmacología, donde realizó importantes contribuciones a la fisiología y farmacología cardíacas.
Presidió la Sociedad Mexicana de Ciencias Fisiológicas de 1982 a 1983. En el Instituto Nacional de Cardiología, estudió las arritmias cardíacas, particularmente las originadas en la aurícula izquierda del corazón por alteraciones en la conducción de los impulsos nerviosos o sus desórdenes. Pero posteriormente su interés se trasladó al sistema renal.
En 1977 fue nombrado profesor visitante de la Universidad de Cambridge, donde conoció a Claudio Cuello, distinguido neurocientífico, lo que marcó en su carrera su interés por la fisiología cerebral. Se interesó por entender la organización funcional de los ganglios de la base del cerebro o ganglios basales, especialmente, en comprender las interacciones sinápticas que tienen lugar en la fisiopatología de la enfermedad. “Por estos estudios se convirtió en un líder internacional en su campo. Algo característico de su trabajo fue el enfoque multidisciplinario de sus investigaciones usando técnicas electrofisiológicas, neuroquímicas, farmacológicas, moleculares, conductuales y otras. Varias de ellas de uso común hoy día”.
Los tratamientos
José Bargas, del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, se refirió a cómo actúan las drogas usadas para tratar el Parkinson. Explicó que es gracias a la entrada sináptica que la neurona es capaz de emitir un impulso eléctrico que llega a las terminales donde se libera el neurotransmisor de la dopamina. “Una vez que se libera dopamina, tiene varios destinos: uno puede ser reciclarse para volverse a utilizar, esto en un 40%; otro es que la recaptura puede llevar a destruirla. La dopamina es liberada por las neuronas dopaminérgicas y el funcionamiento de muchos circuitos cerebrales depende de esta sustancia. Por ejemplo, los circuitos que regulan los movimientos situados en los ganglios basales”.
En palabras del investigador, la causa de la enfermedad de Parkison es la muerte de las neuronas que producen y liberan dopamina o neuronas dopaminérgicas. Lo que priva de este transmisor a los circuitos cerebrales que la necesitan para funcionar. Entre ellos están los circuitos que controlan el movimiento. “Es por eso que los signos y síntomas incluyen: anhedonia, depresión, incapacidad y lentitud para caminar y moverse, temblor en reposo, rigidez, problemas en la postura y caídas. Las neuronas dopaminérgicas se mueren por toxinas del medio ambiente, por causas genéticas y por vejez”.
El tratamiento de la enfermedad está encaminado a restituir la dopamina en los circuitos privados de ella. Para lograr eso, se utilizan medicamentos aprobados para su uso en pacientes, puntualizó Bargas. Agregó que estos medicamentos son obtenidos mediante la investigación científica e incluyen funciones que van desde aumentar la producción de esta sustancia en neuronas sobrevivientes hasta imitar la acción de la dopamina o evitar las enzimas que la destruyen rápido. Por lo tanto, “el medicamento no es trivial, depende del diagnóstico adecuado y la valoración de la gravedad”.
De acuerdo con el experto, el desarrollo de la enfermedad inicia cuando empiezan los síntomas motores, el temblor, la rigidez, y los no motores como el dolor y la fatiga. “Antes de estos síntomas podría haber algunos que pasaron desapercibidos durante mucho tiempo, por ejemplo, estreñimiento, problemas en el sueño o depresión”. Una vez que se desarrolla la enfermedad puede irse a psicosis, a problemas del desarrollo autónomo, las caídas son mal pronóstico y a síntomas incluso de demencia.
“Entre una etapa inicial y avanzada pasan aproximadamente cinco años, pero con un especialista que realmente sabe manejar los medicamentos, los efectos no deseados pueden tardar hasta diez años o más. La enfermedad del Parkinson ya no se considera una enfermedad del movimiento nada más, se considera un padecimiento neuropsiquiátrico, porque viene con demencia y con psicosis”, puntualizó.
Por su parte, Jesús Beltrán Mendoza, del Hospital Ángeles, hizo hincapié en la cirugía de la enfermedad de Parkinson, aseguró que hasta la fecha este padecimiento no tiene cura, pero una cirugía cerebral puede mejorar a los pacientes. El padecimiento se trata de un desequilibrio en el circuito neuronal, es decir, se altera su conectividad lo que provoca los signos y síntomas de la patología. “Con una cirugía se modula o cambia el funcionamiento de los circuitos alterados, el sitio puntual entre el tálamo y la corteza cerebral puede ser susceptible de cirugía en pacientes con enfermedad de Parkinson”.
Detalló que tratamiento quirúrgico se puede visualizar en dos grandes rubros: aquel que involucra la inhibición o aquel que aplica una corriente eléctrica para modificar el patrón de actividad de un núcleo, también se conoce como estimulación cerebral profunda. “Es importante confirmar el sitio de interés, porque las intervenciones no son reversibles y entender la fisiología y la conectividad del circuito para que sea posible la intervención del paciente”.
Finalmente, Daniel Martínez Fong, investigador del Cinvestav, subrayó que “los factores que causan la muerte de las neuronas dopaminérgicas son muy grandes”. Sostuvo que junto con el Dr. Aceves estudió la alfa-sinucleína, una proteína abundante en el cerebro que ayuda en la comunicación entre neuronas, pero provoca impactos neurodegenerativos al acumularse. “No es una inflamación que estudiamos en los cursos de neurobiología, es una muy especial. Es peligrosa, porque libera sustancias que apenas se están identificando, que matan por sí solas a cualquier tipo de neuronas donde se encuentran”.
Se trata de una proteína con doble cara, “la del bien y la del mal, interviene en la regulación de neurotransmisores y tiene la propiedad de formar conjuntos que induce a la neuro inflamación”. Sin embargo, a pesar del desarrollo del padecimiento, existen esperanzas en las terapias modificadoras de la enfermedad, como las nanopartículas con factores neurorestauradores, el antiagregante alfa-sinucleína y las células dopaminérgicas derivadas de células madre embrionarias, concluyó.
Fuente: El Colegio Nacional
