Dejamos de utilizar a la IA como herramienta de respaldo y pasamos a usarla como sustituto cognitivo: Daniel Osorio Gómez

Dejamos de utilizar a la IA como herramienta de respaldo y pasamos a usarla como sustituto cognitivo: Daniel Osorio Gómez

“Lo que se puede recuperar con esta tecnología es precisamente la agilidad en la interpretación de la interfaz que se ha perdido en el cerebro”

¿Qué ocurre cuando delegamos procesos cognitivos a la inteligencia artificial (IA)? ¿qué estamos dejando de hacer cuando la IA lo hace por nosotros? “Delegar no es algo reciente, antes aprendíamos números telefónicos, hoy me ha tocado escuchar que no sabemos ni el nuestro. Y así pasamos de confiar nuestra memoria, nuestra navegación, a delegar a la IA funciones o procesos mucho más complejos, como la escritura, la búsqueda de información, la toma de decisiones y el análisis”, sostuvo el Doctor en Ciencias Bioquímicas Daniel Osorio Gómez, en el Foro de discusión: Inteligencia Artificial. De la computadora al cerebro. Avances y retos.

Recordó que desde la época de los griegos ha existido una preocupación por el avance de las civilizaciones, “Platón tenía la inquietud de que la escritura se volviera una muleta en la cual se depositaran los recuerdos y afectara el proceso cognitivo de la memoria”. Actualmente “no sólo almacenamos información, pedimos a la IA que ayude a generar procesos cognitivos relacionados con la solución de problemas, el pensamiento, la creatividad y la imaginación”.

De acuerdo con el investigador del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, la preocupación viene en el momento en que “dejamos de utilizar a la IA como una herramienta de respaldo y ayuda, y pasamos a usarla como un sustituto cognitivo. Si bien hay un crecimiento importante en el desarrollo de la inteligencia artificial y en el de las neurociencias, esto no necesariamente va acompañado del estudio del impacto que tiene la tecnología en el cerebro”.

Agregó que la preocupación radica en que se ha propuesto que el estar sometido a experiencias en el día a día lleva a algo que se conoce como la reserva cognitiva. “Y esto va desde aprender idiomas hasta tocar un instrumento o estudiar un posgrado. Esas experiencias nos hacen más resilientes a diferentes afrontas, como el Alzheimer. La reserva cognitiva funciona como un amortiguador”.

Según el especialista, uno de los trabajos que más eco han hecho en las noticias al respecto se titula Su cerebro en chat GPT, la acumulación de una deuda cognitiva cuando se utiliza la inteligencia artificial como un asistente para la tarea de escribir texto, documento de 127 páginas emitido por el Instituto de Tecnología de Massachusetts, que propone que la reserva puede ser de dos tipos: una cerebral, delimitada por la cantidad de neuronas; y una cognitiva, que se genera por las experiencias cotidianas.

Pero “la deuda cognitiva realmente obedece a otros procesos relacionados con la depresión, la ansiedad, los desórdenes del sueño o el estrés. Es decir, si generalmente yo estoy en ambientes ansiogénicos, éstos me llevan a desarrollar patologías como depresión. Y todos esos procesos en conjunto generan una deuda cognitiva”. Entonces la gran pregunta es ¿la IA realmente me puede llevar a una deuda cognitiva? “de acuerdo con el trabajo, sí, pero hay que ser muy escépticos al respecto, porque tenemos que evaluar si lo que se halló en el artículo es una casualidad o es una correlación”.

Osorio Gómez puntualizó que, tal vez se genera una deuda cognitiva, pero no necesariamente por dejar de utilizar el cerebro, sino por otros efectos. “Hoy en día el estrés o social, el salir a la calle o incluso el preferir estar aislado se puede correlacionar de manera importante con un uso problemático de la IA. Los adolescentes o niños en casa generalmente están pegados a un celular, a una tablet y tienen temor de relacionarse, y esto puede llevar a la depresión, a problemas de autoestima, ansiedad y estrés”, concluyó.

En la sesión, que formó parte del ciclo Universidades por la Ciencia, coordinado por Jaime Urrutia Fucugauchi, miembro de El Colegio Nacional; Dionisio Meade y Araceli Rodríguez, de Fundación UNAM; y Araxi Urrutia Odabachian, del Instituto de Ecología de la UNAM y del Consorcio Universidades por la Ciencia, participó Kioko Rubí Guzmán Ramos, de la Universidad Autónoma Metropolitana.

La especialista en mecanismos moleculares de la memoria se centró en los beneficios de la IA en la relación cerebro-cuerpo. Expuso que la inteligencia artificial por sí misma no va a ayudar a recuperar funciones pérdidas en los seres humanos por enfermedad o por lesión, sino que “puede ayudar a estas interfaces cerebro computadora para hacerlas más eficientes e interpretar de manera más adecuada o más precisa señales pueden generarse en el cerebro”.

Es decir, que dentro de los beneficios de usar IA se encuentra su papel en la recuperación de funciones cerebrales. “En el caso de las neurociencias y de la medicina, lo que se puede recuperar con esta tecnología es precisamente la agilidad en la interpretación de la interfaz que se ha perdido en el cerebro”, esto significa que ayuda al cerebro a generar señales para dar una instrucción al cuerpo y entonces sí, sustituye funciones.

Uno de los ejemplos en los que se centró la experta fue la recuperación del movimiento ante un caso de paraplejía. “El paciente no puede mover los miembros inferiores y superiores, pero con ayuda de la IA se realiza una intervención que permite estimular las regiones que podría manejar de manera natural, estas instrucciones del cerebro vienen de un procesamiento central derivado de electrodos que se conectan directamente en la corteza motora”. En este sentido, la IA transforma patrones de actividad cortical en comando de estimulación en tiempo real.

“También hay que aclarar que lo anterior no quiere decir que éste sea el tratamiento para las personas que por diversas razones no pueden mover varios miembros, pero sí es una aproximación de la utilidad que tiene la IA para apoyar estas interfaces humano máquina”, apuntó la investigadora.

Señaló que no se tratan sólo de la sustitución de las capacidades. En todo caso, “estos elementos electrónicos sustituyen necesariamente lo que nosotros tenemos como capacidad. Incluso en este concepto de deuda cognitiva, no necesariamente es que estén causando neurodegeneración, sino que realmente el cerebro es tan plástico que finalmente lo que necesita es una estimulación adecuada para poder mantener la funcionalidad que permite resolver el día a día. En este caso concreto, la lA ayudaría a mejorar la calidad de vida”.

Fuente: El Colegio Nacional

Alberto Vazquez

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