Material ‘imposible’: científicos crean un híbrido entre vidrio y plástico que rompe una regla histórica de la física

Material “imposible” es el concepto que hoy comienza a circular en la ciencia de materiales tras el desarrollo de una nueva clase de sustancia capaz de combinar propiedades que durante décadas se consideraron incompatibles. Investigadores de Universidad e Investigación de Wageningen (WUR) lograron crear un material denominado complejoímero, que presenta simultáneamente la resistencia al impacto propia del plástico y la facilidad de moldeo y soplado característica del vidrio, desafiando principios fundamentales aceptados por la física de materiales.

Durante años, la disciplina operó bajo una regla empírica clara: mientras más “vítreo” y fácil de procesar es un material, más frágil se vuelve. En otras palabras, la capacidad de fundirse lentamente y moldearse con precisión implicaba, casi inevitablemente, una mayor tendencia a quebrarse ante impactos. El equipo liderado por el profesor Jasper van der Gucht logró romper ese paradigma al desarrollar un material que puede deformarse cuidadosamente a altas temperaturas y, al mismo tiempo, absorber golpes sin fragmentarse, rebotando en lugar de hacerse añicos.

El avance se explica por un cambio radical en la forma en que las cadenas moleculares se mantienen unidas. A diferencia de los plásticos convencionales, que dependen de enlaces químicos permanentes que actúan como un “pegamento” rígido, los complejoímeros se estructuran mediante fuerzas físicas de atracción. En este sistema, una parte de las cadenas posee carga positiva y la otra carga negativa, lo que genera una atracción similar a la de imanes. Estas interacciones actúan a mayor distancia que los enlaces químicos tradicionales, dejando más espacio entre las cadenas y otorgando al material una flexibilidad interna inédita.

Aunque la versión actual del material se fabrica a partir de materias primas de origen fósil, el equipo de WUR ya trabaja en alternativas más sostenibles. El investigador senior Wouter Post subrayó que este avance no solo apunta a mejorar el reciclaje, sino que abre la puerta a plásticos fáciles de reparar e incluso diseñados para degradarse biológicamente en plazos mucho más cortos. En los próximos años, el foco estará puesto en desarrollar versiones biobasadas del complejoímero, con el objetivo de que este “material imposible” también contribuya a la transición global hacia tecnologías y materiales más sustentables.

Ese “espacio de respiración” molecular permite que el material sea amasado y soplado como el vidrio, pero conserve una estructura capaz de disipar energía ante impactos. El hallazgo sorprendió incluso a los propios investigadores, especialmente al compararlo con líquidos iónicos y otros materiales cargados eléctricamente, que no presentan este tipo de comportamiento. Para Van der Gucht, demostrar que los materiales cargados pueden comportarse de formas radicalmente distintas a lo esperado abre un nuevo territorio científico que recién comienza a explorarse.

Más allá del laboratorio, las implicancias prácticas son significativas. Al no depender de enlaces permanentes, el complejoímero es inherentemente autorreparable. Una fisura en un panel, un mueble o un revestimiento podría solucionarse simplemente aplicando calor —por ejemplo, con un secador de pelo— y presionando la zona dañada para que las fuerzas de atracción molecular vuelvan a unir la estructura.

Fuente: redimin.cl

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