Resuelven el enigma de los silicatos cristalinos en cometas

Durante mucho tiempo, un desconcertante misterio ha carecido de una explicación convincente: ¿por qué hay cometas en los confines de nuestro sistema solar que contienen silicatos cristalinos, si tales cristales requieren un calor intenso para formarse y estas «bolas de nieve sucias» pasan la mayor parte del tiempo en el ultrafrío cinturón de Kuiper y en la todavía más fría nube de Oort?

Recientemente, al observar otro sistema solar, el telescopio espacial James Webb, de la NASA, la ESA y la CSA, respectivamente las agencias espaciales estadounidense, europea y canadiense, ha proporcionado las primeras pistas claras de cómo esas dos circunstancias son posibles en tales cometas.

El análisis de las observaciones lo ha realizado un equipo encabezado por Jeong-Eun Lee, de la Universidad Nacional de Seúl en Corea del Sur.

Por vez primera, en esta investigación se ha conseguido ver claramente que la parte interior caliente del disco de gas y polvo que rodea a una estrella muy joven, llamada EC 53 y que todavía no ha terminado de formarse, es donde se forjan los silicatos cristalinos en ese sistema solar. Las observaciones de EC 53 realizadas en la banda del infrarrojo medio por el telescopio Webb también muestran que los potentes vientos del disco estelar están empujando estos cristales hacia los bordes exteriores y gélidos de ese disco, donde podrían formarse cometas.

Este mecanismo de producción y transporte también fue seguramente el que en nuestro sistema solar generó silicatos cristalinos y los envío a la periferia.

En comparación con nuestro sistema solar, completamente formado y prácticamente libre de polvo, los cristales de ese otro sistema solar se estarían formando en una franja situada aproximadamente entre el Sol y la Tierra.

EC 53 forma parte de la nebulosa de la Serpiente, que se encuentra a unos 1300 años-luz de la Tierra y contiene muchas estrellas en proceso de formación.

El estudio se titula “Accretion bursts crystallize silicates in a planet-forming disk”. Y se ha publicado en la revista académica Nature.

Fuente: noticiasdelaciencia.com

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *