¿Necesitamos replantear el uso del brasier?

Investigadores se preguntan si esta prenda sería culpable de algunos males femeninos

Raquel Glottman no pretende iniciar un movimiento de liberación. La fotógrafa y yogui solo quiere solucionar un problema de bienestar. “Sufrí durante años dolor en mis senos –dice–. Los chequeos médicos no revelaban nada y tampoco proporcionaban una solución”. Si bien los doctores nunca consideraron el uso del sostén como la posible la causa de su dolor, ella sí.

“Como yogui soy muy consciente de mi cuerpo y me di cuenta de que el soporte para los senos con alambres y sujetadores ajustados me estaba causando daño y decidí eliminar el sostén de mi armario”, dice Glottman. El resultado de esa decisión le cambió la vida. De ese momento en adelante se dedicó a buscar un sostén que no le doliera y a investigar sobre lo que ella llama “la tiranía del brasier”.

Lo que Raquel no sabía era que su búsqueda ya la habían emprendido otros antes que ella. Su inquietud la comparten desde activistas del grupo Free the Nipple (Libera el Pezón), que rechaza el brasier por considerar que sexualiza el cuerpo femenino, hasta científicos y médicos que se cuestionan la relación entre el sostén y el cáncer de seno.

Uno de los primeros expertos en tratar el tema fue John Mayo, fundador de la clínica Mayo, quien en 1930 escribió: “El cáncer de mama ocurre principalmente entre mujeres civilizadas. En aquellos países donde se permite que los senos estén expuestos, es decir, que no estén comprimidos o irritados por la ropa, es raro”.

Glottman encontró la solución a su incomodidad diseñando y creando su propia línea de sujetadores: Bandebra. El año pasado, junto con su socio italiano Giampiero Rispo, lanzó una primera línea en algodón orgánico Pima de Perú, sin varillas, sin bandas elásticas y sin materiales sintéticos. El diseño se basó en las conclusiones de libros de expertos como los autores de Killer Clothes (Ropa que mata), los doctores Anna Maria Clement, Brian R. Clement, y Soma Grismaijer, coautora de Dress to Kill.

“Es una triste contradicción –dice Glottman–. El sostén ofrece un apoyo artificial que debilita los ligamentos del tejido del seno por impedirle cumplir con su función de sostenerlos. Es como usar de manera permanente un brazo vendado, debilita los músculos”.

Si bien la Sociedad Americana contra el Cáncer dice que no existe evidencia científica que vincule el brasier con el cáncer de mama, Sydney Ross Singer y Soma Grismaijer, una pareja de antropólogos médicos, opinan lo contrario. Los expertos dedicaron su vida a estudiar los riesgos del sujetador y plasmaron sus conclusiones en el libro Dressed to Kill (Vestidos para matar).

“La relación entre el cáncer de seno y el brasier es una variante que no se puede ignorar”, dice Singer. “La industria médica no va a reconocer un error tan obvio y de larga data. Pero no examinar el sostén es como no considerar que el dolor en los pies puede ser ocasionado por los zapatos”.

Para el doctor Singer, el sujetador es el origen de varios males, no solo de cáncer de seno al impedir el flujo natural del sistema linfático e inmunológico. “Por ejemplo, las tiras crean deformidades en los hombros por el peso del busto. Esto presiona los nervios que bajan por los brazos”.

Los expertos añaden que los materiales sintéticos afectan la temperatura del cuerpo e impiden que “respire la piel” y que se liberen toxinas. Anotan que las bandas elásticas presionan el torso, limitando la respiración y la circulación.

“Lo que hace es moldear los senos con fines sexuales y solo lo logran presionándolos. El brasier es un fetiche. La constricción de los sujetadores es leve, pero crónica. Es como un torniquete con el que las mujeres aprenden a vivir”.

Ana María Londoño, experta en moda, se rehúsa a vivir con ese “torniquete”. “Regresaba del gimnasio y me daba pereza ponerme el sostén y terminaba vistiéndome otra vez con el del gimnasio. Me picaba el encaje del sujetador, se me enterraba la varilla y el material sintético me hacía sudar, pero como tenía mucho busto, no podía salir sin nada a la calle”.

Londoño propone replantear el diseño de esta prenda que no ha evolucionado mucho en los últimos 100 años. “Pasamos del corsé, que no dejaba respirar, a la quema de brasieres durante la liberación femenina de los 60. De ahí brincamos al wonderbra, que mostraba los senos como en bandeja, y a los ángeles de Victoria’s Secret. Lo próximo tiene que ser algo con lo que nos identifiquemos todas”.

El mercado de ropa interior en Colombia espera cerrar este año con una facturación de 832,3 millones de dólares. Según ProColombia, esta industria ocupa el segundo lugar en la lista de productos más exportados a Estados Unidos.

Para Rocio Arias Hoffman, periodista y profesora de la Universidad del Rosario, fundadora de Silla Verde, Colombia es ejemplo de éxito en esta industria en el continente y está capacitada para liderar la conversación en torno al sostén. “La evolución de brasier se ha convertido en un tema de reflexión y no solo en un tema estético. El factor salud es un asunto que ya están tratando las casas de moda. La oferta debe tener en cuenta a las mujeres que queremos vivir de acuerdo con nuestros principios de equidad y que queremos complacer solo nuestra propia vista frente al espejo”.

Para Londoño, la liberación femenina de los 60 les enseñó a las mujeres a elegir. “Ahora tenemos una voz más fuerte que dice: ‘En mi cuerpo mando yo’”.

Fuente: eltiempo.com