Litio, grafito o titanio son esenciales para baterías y energías renovables. En 2025, la NASA comenzó a rastrear estos minerales desde el aire utilizando tecnología creada para explorar otros planetas. El objetivo no es extraer recursos, sino anticipar dónde están y cómo gestionarlos mejor
A simple vista, la superficie terrestre parece estable y conocida. Sin embargo, bajo esa aparente quietud se esconden materiales sin los cuales la vida moderna sería impensable. Teléfonos móviles, vehículos eléctricos, redes eléctricas inteligentes o paneles solares dependen de un grupo reducido de minerales cuya disponibilidad se ha convertido en un asunto estratégico global.
Por qué los minerales críticos se han vuelto estratégicos
En la última década, los llamados minerales críticos pasaron de ser materias primas a piezas clave de la transición energética. El litio y el grafito son fundamentales para las baterías recargables; el aluminio combina ligereza y conductividad en transporte y redes eléctricas; el zinc protege infraestructuras frente a la corrosión; el tungsteno resiste condiciones extremas, y el titanio resulta indispensable en aeronáutica y medicina.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, un mineral se considera crítico no solo por su rareza, sino por su importancia económica y el riesgo de interrupción del suministro. La electrificación del transporte y el crecimiento de las energías renovables multiplicaron la demanda, mientras que las reservas explotables están distribuidas de forma desigual en el planeta.
Tecnología espacial para buscar recursos en la Tierra
En 2025, la NASA dio un paso poco habitual: aplicó tecnología desarrollada para misiones espaciales a la exploración mineral terrestre. Junto al Servicio Geológico estadounidense, puso en marcha el proyecto GEMx para mapear minerales críticos desde el aire en el oeste de Estados Unidos.
El núcleo del programa es el sensor AVIRIS-5, un espectrómetro visible e infrarrojo desarrollado por el Laboratorio de Propulsión a Chorro. Instalado en el avión de gran altitud ER-2, el sistema vuela a más de 18.000 metros y analiza cómo los minerales reflejan la luz solar.
Cada composición química tiene una firma espectral propia, una especie de huella digital que permite identificarla sin perforar el suelo. Desde 2023, el proyecto cubrió cerca de un millón de kilómetros cuadrados, aprovechando los desiertos del oeste estadounidense, donde la escasa vegetación facilita la observación.
Mapear antes de excavar
El objetivo de la iniciativa no es abrir minas, sino reducir la incertidumbre. Detectar posibles depósitos desde el aire permite planificar exploraciones más precisas, minimizar impactos ambientales y evitar inversiones innecesarias. En un contexto de competencia global por recursos estratégicos, conocer el subsuelo se convierte en una ventaja geopolítica.
Mucho más que minería
La tecnología no nació para la Tierra. Sensores similares se utilizaron para estudiar Marte, Mercurio y Plutón, y otros viajan rumbo a lunas heladas de Júpiter. Esa herencia refuerza una idea clave: las herramientas para explorar otros mundos también sirven para comprender mejor el nuestro.
Además, el potencial va más allá de los minerales. Según científicos del JPL, AVIRIS-5 puede aplicarse a la gestión del territorio, el seguimiento de la nieve, los recursos hídricos o el riesgo de incendios forestales. En paralelo, el reciclaje de baterías y dispositivos aparece como otra pieza del rompecabezas, aunque aún lejos de cubrir la demanda creciente.
Así, mientras el mundo avanza hacia una economía baja en carbono, la NASA demuestra que mirar la Tierra con ojos de exploración planetaria puede ser clave para asegurar los recursos del futuro.
Fuente: Infobae


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