La huella genética de los ‘romances’ entre chimpancés y bonobos

Los encuentros sexuales que nuestros antepasados mantuvieron con los neandertales hace menos de 50.000 años han dejado huella en el genoma de los seres humanos (aproximadamente entre un 2 y un 4% de nuestros genes son fruto de su herencia). Y al contrario de lo que se pensaba, otras especies de primates, en concreto chimpancés y bonobos, también hibridaron hace cientos de miles de años.

Lo demuestra un estudio publicado en la revista Science y liderado por investigadores españoles que proponen, además, que las técnicas genéticas utilizadas para el mismo se empleen para combatir el tráfico de animales, pues permiten determinar el origen del animal confiscado con rapidez y a un coste bajo.

Ahora, el análisis del genoma de 75 ejemplares (60 chimpancés y 15 bonobos) procedentes de diversas regiones de África ha revelado que estos dos grandes simios mantuvieron relaciones sexuales e hibridaron en dos episodios: hace 500.000 y 220.000 años respectivamente.

“Bonobos y chimpancés son las especies más cercanas a los humanos. Hemos visto por primera vez que ese gene flow o intercambio genético no fue exclusivo del linaje humano. Seguramente, a lo largo de los millones de años de evolución ha habido ese gene flow también entre otras especies pero genómicamente no podemos ver más allá de los 500.000 años”, relata a EL MUNDO Tomàs Marquès-Bonet, genetista del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona (UPF/CSIC), investigador ICREA y autor principal de esta investigación.

Como consecuencia del proceso evolutivo, se cree que hace entre 1,5 y 2 millones de años el género de los chimpancés se separó en dos especies diferenciadas tanto en sus características físicas como en su comportamiento: el chimpancé común (Pan troglodytes) y el bonobo o chimpancé pigmeo (Pan paniscus).

Se pensaba también que el río Congo actuaba como barrera y separaba físicamente la distribución geográfica de estas dos especies, por lo que se descartaba que hubiera habido un flujo genético entre ellas. El análisis de estos individuos ha permitido descubrir otros detalles, como que los chimpancés de África central y oriental comparten más material genético con los bonobos que otras poblaciones de chimpancés.

“Hemos visto una señal muy débil, de un 1% de sus genomas, que se remonta a medio millón de años atrás”, afirma en conversación telefónica. “A nivel biológico esto tiene una repercusión muy clara. En el estudio de la evolución humana, el intercambio génico sólo se había documentado entre humanos y neandertales”, señala.

Revisión del árbol evolutivo

Por ello, considera que los resultados de este estudio harán necesario que “se revise el árbol evolutivo o ciertos parámetros evolutivos para determinar las edades de separación de especies, pues hasta ahora no se habían considerado esas hibridaciones”.

Asimismo, al igual que observaron con la herencia genética neandertal en los seres humanos, parte de la información genética del bonobo ha desaparecido del genoma del chimpancé, lo que sugiere que algunos genes de los bonobos podrían haber sido perjudiciales para ellos.

Según subraya Marquès-Bonet, esperan que su investigación tenga una aplicación práctica en el campo de la conservación. “Cuando en 2013 publicamos los genomas de todos los grandes simios y pusimos en contexto la diversidad humana comparada con la de los grandes simios, uno de los comentarios más habituales que nos hicieron era cómo podíamos aplicar esto a la conservación”, relata. Hasta ahora, añade, para combatir el tráfico ilegal de especies no se disponían herramientas moleculares, como las de los forenses, para investigar de dónde proceden los animales confiscados.

Combatir el tráfico ilegal de grandes simios

“Por primera vez ponemos a disposición de la sociedad herramientas moleculares. Dame un chimpancé y te diré a qué subespecie pertenece y de qué país proviene”, añade.

Se trata de un test que permite determinar en 10 días y con un coste de 30 euros aproximadamente la procedencia de un ejemplar: “Es una técnica no invasiva porque se puede hacer tanto con una muestra de sangre como de heces o de pelo”, señala Marquès-Bonet. Su objetivo es que estas pruebas lleguen a hacerse a gran escala, y que se utilicen de forma sistemática para intentar proteger las poblaciones de estos animales.

Y es que la situación de los grandes simios es muy preocupante: “Todos los modelos predicen que los grandes simios, menos los chimpancés y los bonobos, van a desaparecer en el siglo XXI. Los que están en mayor riesgo son los orangutanes y después los gorilas”, explica el científico.

Aunque quedan más chimpancés que bonobos, también se encuentran en peligro: “Se estima que quedan entre 100.000 y 150.000 chimpancés en todo el mundo. Parecen muchos pero, desde el punto de vista de la conservación, lo que importa no es cuántos hay sino la tendencia. Y la tendencia es que desde la segunda mitad del siglo XX su población se ha reducido una barbaridad, entre un 30 y un 40%”, recuerda el investigador.

Fuente: El Mundo

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