La genetista mexicana que diseña el sabor de los chiles que comes y no sabías

Fabiola López trabaja desde México como fitomejoradora de Enza Zaden, una empresa holandesa líder mundial en semillas. Su labor cotidiana consiste en elegir, desde el laboratorio y el campo

Crecer en Sinaloa, uno de los estados más fértiles y productivos de México, dejó una marca indeleble en Fabiola López. Desde niña, la agricultura no era un concepto abstracto sino el paisaje cotidiano: campos de tomate, pimiento, calabaza y pepino extendidos bajo el sol del noroeste.

Sin embargo, su camino hacia la ciencia no fue inmediato ni lineal. Antes de convertirse en una de las pocas fitomejoradoras especializadas en pimientos en todo el país, debió recorrer la bioquímica, la maestría, el doctorado y varios años de formación dentro de la industria semillera.

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Actualmente, como responsable del programa de campo abierto de Enza Zaden en México, López trabaja con tres categorías de cultivos: pimiento verde, pimiento ancho y jalapeño. Cada uno de ellos exige una comprensión distinta del sabor, la textura, el picor y las condiciones del entorno donde crecerá la planta.

“Yo desde siempre supe que a mí me gustaba mucho la ciencia. Fue la razón por la que decidí, cuando terminé mi carrera, seguir preparándome para ser científica.”

El salto de la academia a la industria semillera

Después de concluir su doctorado en horticultura, Fabiola López tomó una decisión que muchos de sus colegas académicos no habrían contemplado, entrar al mundo de las semillas comerciales. Fue una apuesta deliberada por aplicar la ciencia en un contexto práctico, en contacto directo con agricultores, mercados y condiciones reales del suelo.

Su ingreso al sector fue estructurado y gradual. Empezó como asistente en un programa de mejora de jalapeños, aprendiendo desde adentro las lógicas del fitomejoramiento. Cuatro años después, se incorporó a Enza Zaden como fitomejoradora junior. Hoy, con ocho años en esa empresa, dirige programas completos y toma decisiones que definen qué variedades llegarán al mercado en la próxima década.

“Entré al programa de jalapeños, empecé como assistant breeder, y ahí fue donde empezó mi formación como fitomejoradora.”

Especialización escasa: pocas mujeres, menos aún en chiles

El fitomejoramiento es una disciplina dominada históricamente por hombres, aunque históricamente, las mujeres jugaron un papel fundamental en los inicios de la agricultura hace más de 10 mil años, siendo las primeras en seleccionar semillas y mejorar cultivos, aunque esto se consideraba parte de las labores domésticas y no “ciencia formal”.

En el caso de la especialización en pimientos picosos dentro de México la convierte en una figura singular en el sector. Rosario Taracena, de la AMSAC (Asociación Mexicana de Semilleros, A.C.) quien facilitó esta entrevista, subrayó lo siguiente: hay muy poca gente tan especializada en lo que ella hace. La escasez no es solo de mujeres, sino de profesionales en general con ese nivel de enfoque en variedades específicas cultivadas en condiciones concretas de un país.

Enza Zaden, la empresa holandesa para la que trabaja, ha apostado deliberadamente por el talento local. A diferencia de muchos programas de mejora que operan desde Europa o desde sedes centrales en otros continentes, la compañía tiene una estación experimental en México y ha dado a profesionales mexicanos la responsabilidad de dirigir programas desde territorio nacional.

“Somos de la empresa, yo creo que hay más fitomejoradores aquí basados en México, porque muchas veces los programas son operados desde otros países. Pero Enza Zaden realmente ha apostado mucho por el talento mexicano.”

— Dra. Fabiola López

El laboratorio empieza en el campo

Una idea frecuente sobre la labor científica la imagina encerrada en laboratorios, lejos de la tierra y del sol. El trabajo de la doctora López desmiente esa imagen, gran parte de su actividad ocurre al aire libre, en parcelas experimentales donde se evalúan cruzas, se miden características de la planta, se prueban resistencias y se degustan frutos. El campo es, literalmente, uno de sus principales instrumentos de análisis.

Esa combinación entre la genética molecular aprendida en el posgrado y la aplicación práctica en el cultivo es precisamente lo que define su perfil. No es solo una genetista que trabaja con secuencias y marcadores; es alguien que observa cómo responde una planta al calor de Sinaloa, cómo cambia el picor según el tipo de suelo o cómo percibe el consumidor la diferencia entre un jalapeño criado en el norte del país y uno producido en el Bajío.

Ciencia que llega al plato

El trabajo de una fitomejoradora como Fabiola López tiene una cadena de impacto que rara vez se hace visible para quien compra un chile en el supermercado. Detrás de ese fruto hay años de investigación, cruzas dirigidas, evaluaciones de campo, pruebas sensoriales y análisis de mercado. El resultado es una semilla que no existía antes, capaz de producir un fruto más resistente, más sabroso, más adaptado a las condiciones donde se cultivará y al paladar de quien lo consumirá.

Para López, esa invisibilidad es uno de los retos de comunicar su trabajo. Por eso considera fundamental que el consumidor comprenda, al menos en términos generales, lo que implica el fitomejoramiento: no es manipulación genética en el sentido coloquial del término, no es transgénico, no es artificio. Es selección dirigida, acumulación de características deseables a través de generaciones cruzadas de plantas, una práctica que los seres humanos realizan desde los orígenes de la agricultura, hoy potenciada con herramientas científicas de mayor precisión.

“Todos los alimentos que vemos en campo vienen de un programa de mejora de genética tradicional. Primero, no malinformarse.”

— Dra. Fabiola López

Fuente: oem.com.mx

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