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La energía está en el aire: baterías que prescinden del enchufe

La situación es límite. Se han encendido todas las alarmas. Los indicadores parpadean en rojo. Esta mañana todo parecía normal, pero después de varias llamadas imprevistas las cosas se han ido torciendo. Apenas quedan unos minutos para el fundido a negro. Desesperado, entra en un bar y pide un café para disimular: “¿Tenéis un enchufe para cargar el móvil?”. Ese malestar ya es un trastorno con nombre propio: lo denominan síndrome de la batería baja y afecta a numerosos usuarios de telefonía móvil con dispositivos de última generación, que comienzan a sentir algo parecido al pánico cuando su teléfono anda por debajo del 20% de carga. Teléfonos cada vez más inteligentes, con pantallas dotadas de resoluciones estratosféricas y sometidos a una imparable dieta de adelgazamiento es la tormenta perfecta para socavar las horas de autonomía reales de los dispositivos más avanzados. Algunos móviles empiezan a ofrecer sistemas de carga inalámbrica, aunque requieren estar en contacto con la superficie del cargador, la llamada plataforma de carga inductiva. Pero, si las baterías inalámbricas se pudieran cargar a distancia y tuviéramos una red lo suficientemente amplia de emisores en el entorno, dispondríamos de una plétora de aparatos perennemente cargados: no solo móviles, sino wearables, relojes, mandos a distancia, etc. Ossia, una empresa estadounidense, podría abrir el camino a esa utopía energética.

En la pasada feria CES de Las Vegas, Hatem Zeine, el físico que fundó la startup en 2008, presentó una nueva tecnología de batería inalámbrica bautizada como Cota Forever Battery con la que pretende popularizar baterías de duración ilimitada, como su propio nombre indica. Ossia propone instalar un receptor inalámbrico en cada batería que luego podría cargarse a varios metros de distancia utilizando un emisor, la llamada Cota Tile. Lo novedoso de la tecnología Cota es que se sirve del espectro de 2,4 Ghz, el mismo mediante el que se comunican los dispositivos Bluetooth. Así, la transmisión de electricidad puede atravesar muros y otros obstáculos.

La batería de cada dispositivo lleva incorporado un chip que envía una señal cien veces por segundo que llega a las miles de antenas de la estación de carga, que puede instalarse en cualquier lugar. La estación, gracias a esa legión de antenas, es capaz de triangular la posición exacta del dispositivo y enviar una señal RF en esa dirección. Por el momento, solo se puede cargar un dispositivo a la vez y es el propio sistema el que determina las necesidades de los diversos aparatos en su radio de acción, priorizando la carga de cada uno. El objetivo a largo plazo, una vez alcanzado el grado de miniaturización necesario, es instalar los receptores en teléfonos móviles. En el aquí y el ahora, Ossia ha creado unas pilas AA con el mismo tamaño y potencia que las tradicionales, con la ventaja de contar con la tecnología de carga inalámbrica. De este modo, se pueden utilizar en cualquiera de los dispositivos del hogar alimentados por ese tipo de baterías.

Electricidad sin cables, el sueño de Tesla

La transmisión de electricidad de forma inalámbrica ha sido uno de los objetos de estudio de la ciencia durante más de un siglo. Uno de sus primeros impulsores fue el inventor Nikola Tesla, que también investigó las transmisiones inalámbricas de información con su reconocible torre Wardenclyffe, tristemente desguazada para cubrir las deudas del proyecto. La bobina de Tesla, o bobina resonante, fue uno de los primeros prototipos capaces de transmitir la electricidad a través de la atmósfera, pero el objetivo a largo plazo consistía en crear una gran red de transmisión inalámbrica de electricidad que se llamaría Sistema Inalámbrico Mundial. Sin embargo, a pesar de las aseveraciones de Tesla, nunca logró demostrar empíricamente la posibilidad de llevar a cabo un proyecto a gran escala de semejante naturaleza.

Fuente: imnovation-hub.com