Investigadores españoles y neerlandeses descubren que una bacteria intestinarl juega un papel importante en una mejor condición física, hallazgo puede dar lugar a un probiótico para consumo humano que ayude a mantener la fuerza y el estado de forma durante el envejecimiento.
Científicos de la Universidad de Almería y de la Universidad de Granada, junto con investigadores del Leiden University Medical Center (LUMC, Países Bajos)* han identificado una bacteria inestinal del género Roseburia asociada con músculos más fuertes y mejor condición física.
Los resultados de la investigación que se publica en la revista científica Gut están alineados con la hipótesis del eje intestino-músculo, similar a las investigaciones que giran en torno a las señales metabólicas que forman el eje intestino-cerebro.
«En conjunto, nuestros hallazgos aportan una evidencia sólida que ratifica la existencia de un eje intestino-músculo en el que esta bacteria identificada modula positivamente el metabolismo muscular y la fuerza muscular», señala Jonatan Ruiz, catedrático del Departamento de Educación Física y Deportiva de la UGR e investigador del Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS).
Los autores del estudio explican en un comunicado de la UGR que la bacteria es menos abundante en adultos mayores que en adultos jóvenes, lo que sugiere que sus niveles pueden disminuir con la edad, un periodo en el que se pierde masa muscular. El descubrimiento «abre la posibilidad de que la bacteria investigada pueda usarse como probiótico para ayudar a preservar la fuerza muscular durante el envejecimiento», explica el investigador de la Universidad de Almería Borja Martínez Téllez.
«Las bacterias intestinales se han relacionado con una amplia gama de afecciones, pero su posible papel en la prevención y el tratamiento de los trastornos de desgaste muscular está, en gran medida, inexplorado», señalan los científicos en el estudio.
Para saber si había especies específicas de microbiotas intestinales que se asociaban con la fuerza muscular, los científicos exploraron los mecanismos moleculares que vinculan los microbios intestinales con la salud muscular mediante análisis metagenómicos en adultos jóvenes y mayores enfocados en la fuerza muscular y la condición física. Para ello, estudiaron muestras de heces de 90 adultos jóvenes sanos (18-25 años) y de 33 adultos mayores (65 años o más).
Los participantes en los experimentos también realizaron varias pruebas de condición física, incluyendo fuerza de prensión manual, fuerza de piernas y fuerza del tren superior (músculos pectorales), y se ha medido el consumo máximo de oxígeno, un indicador de la capacidad cardiorrespiratoria.
Asimismo, evaluaron las asociaciones entre taxones bacterianos y medidas de rendimiento midiendo los efectos en ratones a los que se dieron suplementos orales de especies candidatas.
«La abundancia relativa de Roseburia inulinivorans, pero no de otras especies de Roseburia, se asoció positivamente con múltiples medidas de fuerza, incluyendo agarre manual, prensa de piernas y press de banca en humanos. En ratones, la suplementación con R. inulinivorans mejoró significativamente la fuerza de agarre de las extremidades anteriores, mientras que otras especies de Roseburia no tuvieron ningún efecto».
Entre los numerosos grupos bacterianos detectados, destaca el género Roseburia, ya que su abundancia se asocia con el aumento de la masa muscular y la fuerza. En particular, una especie, Roseburia inulinivorans, muestra relación con la condición física, explican.
«R. inulinivorans emerge como un modulador específico de la fuerza muscular, vinculando la microbiota intestinal con el metabolismo y la función muscular. Estos hallazgos respaldan su potencial como candidato probiótico para intervenciones nutracéuticas dirigidas a enfermedades que causan desgaste muscular relacionadas con la edad», concluyen los investigadores en Gut.
Mayores y jóvenes más fuertes si la bacteria está presente
Los adultos mayores en los que esta bacteria está presente han demostrado en los experimentos un 29% más de fuerza de prensión manual en comparación con aquellos en los que no se detectó dicha bacteria. En los adultos jóvenes, cuanto más abundante era, mayor era también la fuerza de prensión y la capacidad cardiorrespiratoria.
Otras especies del género Roseburia ofrecen patrones diferentes: R. intestinalis se relaciona con la fuerza de piernas y del tren superior en adultos jóvenes, mientras que R. faecis y R. hominis no arrojan asociaciones significativas con los indicadores estudiados.
Los análisis metabolómicos revelaron que «R. inulinivorans redujo las concentraciones de aminoácidos en el ciego y el plasma, a la vez que activó la vía de las purinas y las pentosas fosfato en el músculo, cambios que coincidieron con un aumento del tamaño de las fibras musculares y una transición de fibras de tipo I a tipo II. En consecuencia, observamos que la abundancia relativa de R. inulinivorans es menor en adultos mayores que en adultos jóvenes», señalan los autores en el estudio.
Ratones también más fuertes y potentes
En cuanto a los experimentos con ratones, los expertos redujeron primero su microbiota intestinal mediante antibióticos y después se les dieron duplemtnso que contenían al cepa humana de la bacteria durante ocho semanas.
Los ratones tratados con la bacteria han presentado un aumento aproximado del 30% en la fuerza de agarre de las extremidades anteriores, en comparación con los animales que no la han recibido, desarollaron fibras musculares de mayor tamaño y una mayor proporción de fibras musculares tipo II, las de contracción rápida, en el músculo sóleo de la pantorrilla, importantes para la fuerza y la potencia, detallan los autores. Estos cambios también se acompañan de alteraciones metabólicas en proteínas y enzimas clave en la producción de energía muscular.
Los investigadores también destacan varias limitaciones al estudio: en los experimentos con ratones, las cepas humanas de Roseburia no colonizaron permanentemente el intestino, y no se evaluaron directamente ciertos mecanismos biológicos como las vías inflamatorias o la señalización neuromuscular. Por ello proponen investigaciones a largo plazo que determinen si los cambios en los niveles de la bacteria mejoran la función muscular o si son consecuencia de ellas.
Fuente: expansion.com


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