Investigadores de Málaga descubren una nueva forma de frenar los atracones

Un estudio liderado por IBIMA y la Universidad de Camerino identifica nuevos fármacos capaces de resetear el centro del hambre en el cerebro, restaurando el control del apetito y reduciendo la ingesta compulsiva en episodios de estrés

El trastorno por atracón no solo es una cuestión de fuerza de voluntad, sino que va mucho más allá. Se trata de un frecuente trastorno alimentario caracterizado por episodios recurrentes de pérdida de control y de ingerir grandes cantidades de comida en poco tiempo.

A pesar del gran impacto que tiene en la salud de quienes lo sufren, los tratamientos actuales suelen presentar efectos secundarios o no funcionan en todos los pacientes. Un panorama que podría cambiar próximamente, gracias a que un equipo internacional de investigadores ha desarrollado un “interruptor biológico» capaz de “apagar” ese impulso incontrolable y restaurar el control del apetito.

Un “paso gigante” en la lucha contra este trastorno, como destacan desde el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA), que ha liderado el estudio junto a la Universidad de Camerino (Italia) y que ha sido publicado en la revista ‘Pharmacological Research’.

Al frente de la investigación se encuentra Fernando Rodríguez de Fonseca, Investigador Nicolas Monardes y responsable del grupo de neuropsicofarmacología de IBIMA y del Hospital Regional Universitario, junto al doctor Carlo Cifani, responsable del equipo investigador de la Universidad de Camerino.

‘Caos biológico’ en el cerebro

El objetivo del estudio, como destaca la investigadora Marialuisa de Ceglia, primera firmante del estudio e investigadora del programa Sara Borrell del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), era entender qué ocurre en el cerebro cuando el hambre se vuelve patológica.

Para ello, utilizaron un modelo avanzado que simula el comportamiento humano —basado en ciclos de dieta intermitente y situaciones de estrés—, con el que descubrieron que el cerebro de quienes sufren atracones entra en un estado de «caos biológico».

Fallo en el hipotálamo

En concreto, el hipotálamo, que es la región encargada de decirnos cuándo comer y cuándo parar, así como de controlar la respuesta al estrés, entre otras funciones, deja de funcionar correctamente.

Según explican los investigadores, los resultados del estudio revelan que los sujetos con este trastorno desarrollan lo que se conoce como ‘resistencia a la leptina’. Esto significa que la hormona que debería enviar la señal de saciedad al cerebro es ignorada.

Al mismo tiempo, el sistema de recompensa —vinculado a los opioides y el placer— se altera, haciendo que la comida altamente apetecible —rica en azúcares y grasas— sea “prácticamente irresistible” para aliviar el malestar emocional.

Fármacos de «doble llave»

La clave del estudio es que los investigadores han descubierto unos fármacos de acción dual, es decir, unos compuestos químicos diseñados para actuar sobre dos dianas distintas del cerebro de forma simultánea. «Es como tener una llave maestra que puede abrir dos cerraduras a la vez para resetear el sistema», resaltan los autores.

Los investigadores probaron tres moléculas distintas, entre las que destacaron dos por su eficacia: OLHHA y OLS. Por un lado, el compuesto OLHHA demostró ser capaz de reducir drásticamente la ingesta de comida basura durante los momentos de mayor urgencia, mientras que el OLS no solo frenó el atracón inicial, sino que mantuvo su efecto protector durante horas, restaurando los niveles de glucosa y hormonas del estrés en la sangre.

El estudio demuestra que estos fármacos actúan sobre los sistemas que regulan energía, emociones y saciedad, ayudando al cerebro a “volver a escuchar” cuándo es suficiente y a dejar de emitir órdenes de hambre desesperada.

Hacia un mejor tratamiento

Se trata de un descubrimiento relevante porque abre la puerta al desarrollo de una nueva generación de fármacos para el trastorno por atracón que sean más específicos y tengan menos efectos secundarios que los actuales.

Desde IBIMA señalan que, aunque los resultados se han obtenido en modelos preclínicos, “la precisión con la que estos compuestos normalizan la química cerebral sugiere que podrían ser una herramienta farmacológica clave en el futuro de la psiquiatría y la nutrición”.

Asimismo, celebran que el equipo investigador acaba de obtener un proyecto de Desarrollo Tecnológico en Salud de la convocatoria 2025 del ISCIII para desarrollar estas moléculas, no sólo para el trastorno por atracón, sino también para el trastorno por uso de alcohol en el que se combinan también trastornos apetitivos por el etanol, que es a la vez un alimento calórico y una droga psicoactiva.

Fuente: laopiniondemalaga.es

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