El James Webb apunta al espacio profundo y descubre exoplanetas asfixiados por la misma contaminación del diésel

El James Webb apunta al espacio profundo y descubre exoplanetas asfixiados por la misma contaminación del diésel

El telescopio espacial James Webb ha detectado indicios de atmósferas cargadas de compuestos similares al hollín en varios exoplanetas. Serían fábricas naturales de ‘smog’

El telescopio espacial James Webb ha puesto bajo la lupa a varios exoplanetas subneptunos con atmósferas cargadas de compuestos similares al hollín, una química vinculada a la misma contaminación que generan combustibles como el diésel. El trabajo, publicado en The Astrophysical Journal Letters, plantea que algunos de estos mundos podrían comportarse como auténticas fábricas atmosféricas de partículas carbonosas.

La investigación no habla de contaminación industrial en sentido terrestre, sino de procesos naturales que, a escala planetaria, recuerdan a la combustión fósil. El equipo ha estudiado cómo pueden formarse hidrocarburos aromáticos policíclicos, conocidos como PAH por sus siglas en inglés, en atmósferas de planetas situados fuera del sistema solar. Estos compuestos están presentes en el hollín y pueden quedar atrapados en partículas oscuras capaces de alterar la lectura química de un mundo lejano.

Los modelos se han centrado en una familia concreta de planetas: los subneptunos, cuerpos más grandes que la Tierra, pero menores que Neptuno, muy abundantes en la galaxia y todavía difíciles de interpretar. Hasta ahora, muchos estudios habían relacionado sus atmósferas con la presencia de metano. Sin embargo, este nuevo trabajo sugiere que, bajo ciertas condiciones de temperatura, proporción de carbono y oxígeno y contenido metálico, la explicación podría ser más compleja.

Atmósferas como motores

Según los autores, las capas altas de algunos de estos exoplanetas podrían funcionar de forma parecida a grandes motores de combustión. La comparación resulta llamativa porque el proceso no depende de fábricas, coches ni actividad humana, sino de la química que se desencadena cuando la radiación estelar interactúa con una atmósfera rica en determinados elementos. En ese entorno, los PAH podrían formarse y ascender hasta zonas observables por los instrumentos del James Webb.

El equipo simuló planetas con temperaturas de equilibrio aproximadas de entre 500 y 800 K, es decir, entre unos 227 y 527 °C. La producción de estos compuestos alcanzó su punto más favorable cerca de los 600 K, mientras que disminuyó tanto a temperaturas superiores como inferiores. También influyeron la relación entre carbono y oxígeno y la metalicidad atmosférica, dos factores decisivos para entender qué señales puede captar un telescopio desde la Tierra o desde el espacio.

La investigadora Jeehyun Yang, autora principal del estudio y académica posdoctoral en la Universidad de Chicago, destacó el enfoque interdisciplinar del trabajo. “Hasta donde yo sé, esta es la primera vez que alguien aplica la ingeniería química al estudio de exoplanetas”, afirmó. También añadió: “Creo que es un gran caso de estudio que muestra por qué contar con personas de orígenes muy distintos puede ayudarnos a desentrañar estos misterios”.

El caso de GJ 1214 b

Entre los mundos analizados aparece GJ 1214 b, situado a unos 48 años luz, como uno de los candidatos más interesantes para albergar una atmósfera productora de hollín. Este exoplaneta tiene una masa estimada de 6,26 veces la de la Tierra y un radio de 2,74 veces el terrestre. Además, orbita una estrella enana roja cada 1,58 días, una cercanía extrema que condiciona por completo su clima.

Las observaciones del James Webb ya han mostrado importantes diferencias térmicas entre la cara diurna y la nocturna de GJ 1214 b, lo que apunta a una circulación atmosférica poco eficiente para repartir el calor. Su temperatura de equilibrio, cercana a los 550 K, y su composición de alta metalicidad encajan con los parámetros del estudio. Por eso, estos exoplanetas asfixiados por una especie de smog natural se han convertido en una nueva pista para comprender qué esconden las atmósferas más opacas del espacio profundo.

Fuente: nacion.com

Alberto Vazquez

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