Científicos optimizan un hongo para que rinda el doble, sea más nutritivo y tenga la textura de una pechuga de pollo. Conocé el avance que cambiará tu dieta
La búsqueda de la proteína perfecta dio un salto histórico. Investigadores de la Universidad de Jiangnan utilizaron edición genética para transformar un hongo común en una fuente masiva de alimento que produce un 88% más de proteína con casi la mitad de recursos. Este avance promete revolucionar tu mesa con una textura que ya no obliga a imaginar que comés carne.
Lo que hasta hace poco parecía un relato de ciencia ficción comenzó a tomar forma en fermentadores industriales. El protagonista es el Fusarium venenatum, un hongo que se cultiva desde los años sesenta y que es la base de productos conocidos, pero que hasta ahora tenía límites claros en su coste y su digestión.
Gracias a la tecnología CRISPR, un equipo de científicos chinos logró realizar ajustes de precisión quirúrgica en el ADN del hongo sin introducir material genético externo. Este «acelerador silencioso» permitió obtener resultados que serían imposibles mediante la selección genética tradicional, marcando un antes y un después en la producción de alimentos.
Dos genes desactivados: el secreto de la eficiencia y la digestión
El equipo de investigación se centró en apagar dos interruptores genéticos clave para optimizar el rendimiento del hongo. El primer ajuste modificó el metabolismo de los azúcares, permitiendo que el organismo crezca utilizando un 44% menos de glucosa y nitrógeno, insumos que representan el mayor peso en el costo de producción.
El segundo cambio atacó uno de los mayores reclamos de los consumidores: la pesadez estomacal. Al desactivar el gen implicado en la producción de quitina, el hongo se volvió notablemente más fácil de digerir. Esta «limpieza» genética no solo mejora la salud del consumidor, sino que hace que la proteína sea más aprovechable para el organismo.
Textura de pechuga de pollo: el fin del efecto esponjoso
Uno de los mayores logros de esta nueva cepa, denominada FCPD, es el aspecto sensorial. La reducción de la quitina adelgazó las paredes celulares, mientras que un ligero aumento en el contenido graso mejoró la jugosidad. El resultado, validado mediante ensayos de masticación humana, es una textura que imita de forma casi idéntica a la pechuga de pollo, eliminando la sensación esponjosa de las versiones anteriores.
Este avance sitúa a la micoproteína en un lugar privilegiado dentro del mercado global:
- Rendimiento extremo: Genera casi un 90% más de proteína con menos nutrientes.
- Aceptación cultural: Su textura y sabor lo hacen mucho más atractivo que las legumbres tradicionales.
- Menos recursos: Consume significativamente menos agua y tierra que la ganadería convencional.
Un alivio real para el impacto ambiental
Aunque los investigadores aclaran que no supera a las legumbres en sostenibilidad absoluta, el impacto comparado con la proteína animal es masivo. La producción de este hongo editado requiere un 70% menos de tierra que la producción de pollo y reduce en un 78% el riesgo de contaminación de agua dulce.
Incluso frente a la carne cultivada en laboratorio, esta micoproteína optimizada presenta una menor huella ambiental, posicionándose como una pieza clave para diversificar el sistema alimentario actual sin exigir cambios radicales en los hábitos de consumo de la gente. El futuro de la proteína ya no llega con ruido, sino con la precisión de un bisturí genético.
Fuente: losandes.com.ar


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