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¿Cómo será vivir por encima de los 50ºC?

El arco mediterráneo y Oceanía serán las regiones más afectadas por la imparable escalada de las temperaturas

Vivir por encima de los 50ºC pronto afectará a 1.200 millones de personas, que soportarán ese calor extremo durante meses. Los millonarios de Kuwait emigrarán a Noruega, Suecia y Canadá, y los británicos no vendrán a España porque estarán más frescos en sus costas: el Mediterráneo sufrirá especialmente la escalada de las temperaturas y la tecnología no podrá ayudarnos a soportarlo.

Según diversas encuestas de opinión, en España estamos muy concienciados con el calentamiento global antropogénico.

Un detallado informe llevado a cabo por la multinacional de investigación de mercados y consultoría IPSOS asegura que alrededor del 84% de los españoles piensa que los desastres naturales asociados con el cambio climático serán más frecuentes y dañinos en un futuro próximo. Algunos estudios indican que ya somos el país más preocupado de toda Europa por la emergencia climática.

Puede que las olas de calor extremo que hemos padecido este verano tengan la culpa de que nuestra preocupación por el cambio climático sea una de las que más rápido crece, incluso en estos tiempos de crisis e inflación.

Sin duda hay muchas razones para preocuparnos. Van desde plantearnos cómo será nuestra vida cuando alcancemos, o incluso superemos, los 50ºC durante varios días al año (puede que durante semanas), hasta si en esas condiciones seguirán viniendo turistas extranjeros por, ejemplo británicos, en cuyas costas gozarán de un clima excelente mientras aquí nos achicharramos.

Pese a todo caemos en una aparente contradicción. Aunque en teoría estamos muy preocupados por el calentamiento global, los españoles nos mostramos extremadamente optimistas sobre nuestro particular futuro climático. Asumimos que tendremos más olas de calor, sequías e incendios, pero estamos convencidos de que podremos hacer frente a todo esto sin demasiados cambios en nuestro estilo de vida.

Cornucopistas

Así la mayoría de la población piensa que podremos arreglarnos usando más aire acondicionado y limitando nuestras actividades en el exterior durante las horas centrales del día. Casi todos consideran que el progreso tecnológico nos permitirá superar todas las dificultades derivadas del calentamiento global. En este sentido somos fervientes “cornucopistas”. El progreso encontrará soluciones.

Tal vez por este peculiar convencimiento seguimos siendo, con mucho, el país europeo con el menor porcentaje de su población implicada de algún modo con el activismo climático.

Pero, ¿tenemos motivos para este desmedido optimismo? Sin duda no.

Hasta la segunda mitad del siglo XX las olas de calor en las que se alcanzaban los 50ºC eran un fenómeno local extremadamente raro en el mundo, que ocurría en muy pocos lugares, casi siempre desiertos cálidos, y duraba a lo sumo 2 o 3 días. No eran más que rarezas que afectaban a zonas muy concretas como el Death Valley en el desierto de Mojave. Simples anécdotas para figurar en registros de récords.

Para 1980 alrededor de 150 lugares del mundo, muchos de ellos en zonas densamente pobladas, ya alcanzaron los 50ºC. Y la duración de estas olas de calor extremo aumentó enormemente hasta llegar a una media de 14 días al año. Las temperaturas de 50ºC empezaron a afectar a amplias zonas de Oriente Medio y del Golfo Pérsico.

Hoy, mucho peor

En la actualidad es mucho peor. Ya hay casi 500 lugares en el mundo en los que superan los 50ºC. Muchos de ellos albergan grandes poblaciones de seres humanos. Y estas olas de calor extremo ya duran una media de 26 días. Amplias zonas de África, Asia central y Sudamérica se han visto afectadas.

Pero el calor extremo en la frontera de los 50ºC alcanza también a América del Norte (incluyendo Canadá), Europa del Este, Asia y Oceanía. Alrededor de mil millones de personas de estas regiones se han visto sometidas a este calor extremo.

Los científicos advierten de que pronto las cosas estarán mucho peor. En los próximos años unos 1.200 millones de personas se enfrentarán a olas de calor extremo.

Tras un profundo metaanálisis donde se estudiaron más de 14.000 artículos científicos sobre el calentamiento global, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) concluyó que el calentamiento global puede llegar a ser extremadamente alto en la próxima década. Y lo más problemático es que desde 1970 el aumento de temperaturas se acelera cada vez más. Para nuestra desgracia, tanto el arco mediterráneo como Oceanía serán los lugares más afectados.

Cuando las barbas de tu vecino…

Un antiguo refrán de la época romana advierte de que “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Como ejemplo, Oriente Medio se está calentando más rápido que otros lugares del mundo. Aunque sus habitantes están acostumbrados a un clima extremadamente cálido, cada vez más sus vidas se están viendo afectadas por el calor extremo. Durante las horas centrales del día resulta imposible salir a la calle. El horario de trabajo se interrumpe para muchos entre las 11 y las 5 de la tarde.

Sin embargo, algunos de los países de la zona están entre los más ricos del mundo. Les sobra el dinero y les sobra energía. En principio pueden prepararse construyendo enormes áreas perfectamente climatizadas. Pueden desalar toda el agua de mar que necesiten. Pero, a pesar del ingente esfuerzo que se realiza, la desertificación avanza. El gasto energético se incrementa, los resultados no son los esperados y la preocupación crece.

Ante esta situación buena parte de los emiratos de la zona están invirtiendo sustanciosas cantidades en contratar a excelentes expertos climáticos para que averigüen cómo será su futuro en los próximos años.

Kuwait, ¿despoblado?

Kuwait es uno de los países más preocupados por el tema. Tras analizar detenidamente su situación, algunos los expertos consideran que, pese a su extraordinaria riqueza y disponibilidad energética, Kuwait podría llegar a ser inhabitable en algún momento de la vida de la siguiente generación, bien cerca de su vejez si el mundo hace sus deberes de cero emisiones cuanto antes, o mucho más pronto si, como parece, este objetivo no se consigue.

La solución propuesta impresiona. A pesar de su ingente poderío económico, los estudios recomiendan que sus ciudadanos más ricos inviertan comprando propiedades en países de mejor clima y elevado nivel de desarrollo y se preparen para irse de Kuwait. Noruega, Suecia, Canadá, etc., podrían convertirse en el refugio de esta selecta minoría de nuevos migrantes climáticos multimillonarios.

Si un país tan rico y con tanta energía como Kuwait tiene tan malas perspectivas… ¿que nos pasará a nosotros?

El Mediterráneo es una vasta región densamente poblada que fue cuna de civilizaciones en buena parte porque desde hace 10.000 años disfrutó de un clima estable y grato. Pero el idílico clima Mediterráneo, con veranos secos y calurosos, inviernos lluviosos y otoños y primaveras variables está gravemente amenazado por el calentamiento global. Tanto la vasta región de Oceanía como la región mediterránea son las zonas que más rápidamente sufrirán el aumento de las temperaturas. Muy pronto su clima no volverá a ser como antes.

Poca concienciación social

Indudablemente, a la hora de plantearnos nuestro futuro debemos huir del catastrofismo. Pero la escasa la concienciación de la población sobre las graves consecuencias del cambio climático y la incompetencia de nuestros dirigentes políticos y empresariales para abordarlo con el rigor que merece no deja de sorprender a los científicos.

En ocasiones nos toca participar en foros donde intentamos explicar a nuestros dirigentes qué futuro nos aguarda. Hace poco en una de ellas, un relevante experto no fue capaz de hablar. Se echó a llorar mientras pedía perdón a nuestros hijos por la situación que en la que les hemos dejado.

Es necesario buscar una explicación a nuestra desidia a la hora de arreglar un problema tan grave.

Aunque en general la percepción social de la ciencia en nuestro país es buena, en la práctica nuestra formación científica es en general escasa. Y el problema se agrava porque para comprender los efectos del cambio climático es necesario tener conocimientos de una serie de disciplinas englobadas en el marco conceptual de las ciencias de la Tierra, como pueden ser la biogeoquímica, la oceanografía, la hidrología, las ciencias atmosféricas, la química ambiental, etc. Y el conocimiento que la mayoría de la gente tiene en nuestro país sobre este tipo de disciplinas es muy escaso.

A pesar de las muchas reformas educativas que hemos sufrido, en las enseñanzas medias apenas se introducen este tipo de disciplinas. Incluso en buena parte de las carreras universitarias de ciencias e ingeniería, se profundiza demasiado poco en estos contenidos. Y por supuesto la gran mayoría de los economistas, expertos en derecho o en política carecen de la menor cultura sobre ciencias de la Tierra.

Todo esto dificulta que el conjunto de la sociedad pueda entender la verdadera dimensión del problema climático y esté dispuesta a ponerle soluciones.

Fuente: Tendencias21