Un equipo suizo ha desarrollado una mano robótica con dedos hechos de materiales naturales, capaz de adaptarse al entorno y abrir una nueva vía para la robótica sostenible
Investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana han creado una mano robóticaque imita los movimientos humanos con sorprendente naturalidad. Su secreto no está en los motores ni en los sensores, sino en algo mucho más insólito: restos biológicos reciclados de crustáceos
El proyecto, dirigido por el Laboratorio de Diseño y Fabricación de Robots Computacionales (CREATE Lab), reutiliza colas de crustáceos como dedos articulados. Su estructura natural, una combinación de caparazón mineralizado y membranas flexibles, proporciona el equilibrio perfecto entre rigidez y elasticidad.
Gracias a ello, la mano puede agarrar objetos frágiles como un tomate o un bolígrafo sin dañarlos, e incluso levantar medio kilo de peso con movimientos suaves y precisos.
Tecnología inspirada en la naturaleza
Cada “dedo” está recubierto con una capa de silicona que mejora su resistencia y conectado a una base motorizada que controla la flexión y extensión mediante un elastómero interno. En las pruebas, el sistema demostró una sorprendente versatilidad: puede operar bajo el agua y desplazarse hasta 11 centímetros por segundo.
La propuesta no se limita a lo técnico. También plantea una alternativa ecológica en un contexto global en el que eldesperdicio alimentario genera entre el 8 y el 10 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Cuando la mano completa su ciclo de uso, los componentes naturales y los sintéticos pueden separarse y reutilizarse, reduciendo así el impacto ambiental.
“Al reutilizar materiales biológicos, proponemos un modelo de diseño sostenible y circular en el que los desechos pueden reciclarse y adaptarse a nuevas funciones”, explica la ingeniera Sareum Kim, autora principal del estudio publicado en Advanced Science.
A diferencia de la biomimética, que se inspira en la naturaleza para reproducir sus formas con materiales artificiales, esta línea de investigación apuesta por lo que los científicos llaman “bio-derivación”: emplear directamente estructuras naturales como parte del diseño. “La naturaleza sigue superando a muchos de nuestros sistemas artificiales y ofrece principios elegantes para crear máquinas funcionales”, señala Josie Hughes, directora del CREATE Lab.
Aunque las colas de crustáceos no son uniformes y varían en tamaño y curvatura, el equipo planea desarrollar controladores ajustables que compensen esas diferencias. En el futuro, los investigadores creen que estos sistemas podrían aplicarse no solo a la robótica, sino también a la biomedicina, como prótesis o plataformas de monitoreo biológico.
Fuente: larazon.es


Deja una respuesta