Un equipo científico logró desarrollar “animales virtuales” capaces de evolucionar en un entorno digital, reproduciendo mecanismos comparables a los de la evolución biológica. El experimento, realizado por investigadores de la Universidad de Lund y publicado en Science Advances, abre una nueva vía para estudiar cómo surgen las adaptaciones en los seres vivos.
La simulación consistió en crear un ecosistema digital con organismos artificiales que podían moverse, interactuar y reproducirse. En su estado inicial, estas criaturas eran completamente ciegas. Sin embargo, al enfrentarse a tareas básicas como evitar obstáculos o buscar alimento, comenzaron a desarrollar mecanismos de sensibilidad a la luz que, tras miles de generaciones virtuales, derivaron en estructuras visuales funcionales.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que estos “ojos” surgieron de manera espontánea. Los algoritmos no estaban programados para crear órganos visuales, pero la presión por sobrevivir generó configuraciones equivalentes a las que existen en la naturaleza: desde células fotorreceptoras simples hasta ojos tipo cámara y sistemas compuestos similares a los de los insectos. Este fenómeno se vincula con la llamada evolución convergente, donde distintos organismos llegan a soluciones parecidas frente a desafíos similares.
El estudio retoma principios centrales planteados por Charles Darwin en El origen de las especies: la selección natural favorece rasgos ventajosos cuando los recursos son limitados. En el modelo digital, cada generación incorporaba pequeñas variaciones aleatorias —equivalentes a mutaciones— y aquellos individuos con mejor respuesta a estímulos luminosos sobrevivían más tiempo y transmitían sus características.
El proyecto fue liderado por el biólogo evolutivo Dan-Eric Nilsson, quien diseñó un sistema donde no existía un objetivo predeterminado. Bastaron reglas básicas de supervivencia para que la complejidad emergiera gradualmente.
Los investigadores sostienen que este tipo de simulaciones permite observar la evolución “en tiempo acelerado”, algo imposible en condiciones reales debido a las escalas de millones de años que requiere la naturaleza. Además de aportar evidencia teórica, el enfoque podría tener aplicaciones en ingeniería, diseño de sensores ópticos y desarrollo de algoritmos adaptativos inspirados en soluciones biológicas.
Si bien aclaran que estas herramientas no reemplazan la investigación tradicional, sí ofrecen un laboratorio digital donde ensayar hipótesis antes de contrastarlas con datos empíricos. El trabajo demuestra cómo la inteligencia artificial se convierte en un aliado estratégico para comprender procesos fundamentales de la vida y, al mismo tiempo, impulsar innovaciones tecnológicas basadas en la lógica evolutiva.
Fuente: opinandosannicolas.ar


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