Parkinson: la UNAM revela el síntoma que puede alertar sobre esta enfermedad

Un estudio de la UNAM destaca cómo cambios en el sentido del olfato podrían indicar la presencia temprana de Parkinson, ofreciendo nuevas vías para un diagnóstico más oportuno y eficaz

Tradicionalmente, la enfermedad de Parkinson se define por la presencia de síntomas motores clásicos, como lentitud de movimiento (bradicinesia), rigidez muscular, problemas de equilibrio y temblores. Sin embargo, estas manifestaciones clínicas suelen detectarse cuando la degeneración de ciertas neuronas ya se encuentra en una etapa relativamente avanzada.

El diagnóstico tardío puede tener una repercusión negativa en los resultados de los ensayos clínicos en pacientes. Por ello, la detección temprana es esencial para el desarrollo de terapias modificadoras de la enfermedad. Actualmente se realizan numerosos esfuerzos para identificar biomarcadores confiables.

Uno de los enfoques más recientes para el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson es la clasificación biológica, que busca reflejar la complejidad y heterogeneidad de la enfermedad mediante un sistema de tres componentes denominado SynNeurGe:

  • Syn: presencia o ausencia de alfa-sinucleína mal plegada en el cerebro o en el líquido cefalorraquídeo.
  • Neur: evidencia de neurodegeneración mediante técnicas de neuroimagen, como tomografía computarizada, resonancia magnética, resonancia magnética funcional o tomografía por emisión de positrones.
  • Ge: variantes genéticas patogénicas, como mutaciones en los genes LRRK2, GBA, SNCA, PRKN (PARKIN), PINK1 y PARK7.

La recomendación es vincular estos tres componentes con los síntomas clínicos, aunque los estudios necesarios requieren infraestructura compleja y tienen costos elevados. En contraste, las pruebas basadas en la evaluación de déficits olfativos selectivos ofrecen una alternativa más sencilla, rápida y económica para el tamizaje de individuos con posible enfermedad de Parkinson.

Pruebas olfativas

La hiposmia crónica se considera un indicador predictivo importante, ya que puede preceder el diagnóstico clínico de la enfermedad entre 4 y 20 años. No obstante, su especificidad es limitada, debido a la gran variedad de causas comunes y enfermedades que pueden alterar el olfato.

Por ello, la búsqueda de olores específicos y el diseño de subconjuntos de aromas como herramientas diagnósticas de apoyo, no invasivas y de aplicación rápida, representan hoy una alta prioridad para los científicos y laboratorios farmacéuticos.

El llamado “test de rasca y huele” es una de las pruebas más empleadas para evaluar el sentido del olfato.

Se han utilizado diversas pruebas de identificación de olores para evaluar la función olfativa en la enfermedad de Parkinson. Entre las más estudiadas y confiables destaca la Prueba de Identificación de Olores de la Universidad de Pensilvania (UPSIT, por sus siglas en inglés), desarrollada por Sensonics International.

La UPSIT incluye 40 aromas distribuidos en cuatro folletos, cada uno con 10 páginas. En cada página se encuentra un olor microencapsulado que se libera al rascar la superficie; el participante debe elegir la opción correcta entre varias opciones.

En 2024, Dareia Roos y colaboradores publicaron los resultados de un estudio longitudinal de 10 años, en el que evaluaron la función olfativa de 90 pacientes con enfermedad de Parkinson (edad promedio inicial: 58,3 años; 68,9 % varones).

Al inicio del estudio, la puntuación media en la prueba fue de 22 puntos sobre 40. Durante el seguimiento, la función olfativa disminuyó en el 81,1 % de los pacientes —incluso en los más jóvenes—, en seis puntos (p < 0,001). Sin embargo, aplicar esta prueba completa puede ser poco práctico en la consulta clínica diaria. Por ello, los investigadores han intentado desarrollar versiones más cortas, centradas en olores específicos asociados con la enfermedad.

Otra prueba ampliamente utilizada es la Sniffin’-Sticks, que evalúa la función olfativa mediante varillas aromáticas, generalmente 16, que el participante huele para seleccionar el aroma correcto de una lista de opciones.

En un estudio con 148 pacientes con enfermedad de Parkinson y 148 controles sanos, se observó que solo el 16,8 % de los pacientes enfermos lograron identificar más de 12 olores, valor considerado mínimo en personas con olfato normal. En promedio, estos pacientes identificaron siete olores, mientras que el grupo control reconoció 12 o más. Un hallazgo interesante fue que los pacientes con Parkinson con predominio de rigidez presentaron el doble de prevalencia de deterioro olfativo, además la gravedad de la enfermedad se correlacionó con la disminución de la capacidad olfativa.

No obstante, las pruebas descritas, aunque ampliamente utilizadas, son muy extensas y pueden ser agotadoras para los participantes, lo que incrementa la probabilidad de errores. Además, al estar basadas en respuestas de opción múltiple, pueden inducir respuestas al azar.

Para superar estas limitaciones, Juan Li y Michael Schlossmacher, del Instituto de Investigación del Hospital de Ottawa, Canadá, junto con Brit Mollenhauer, del Centro Médico Universitario de Göttingen, Alemania, dirigieron un nuevo estudio publicado en abril de 2025 en la revista NPJ Parkinson’s Disease.

El equipo empleó enfoques de aprendizaje automático (machine learning) para el análisis integral de datos derivados de múltiples investigaciones previas, con el objetivo de simplificar las pruebas más usadas y desarrollar una evaluación de olfato corta que mantuviera —o incluso mejorara— su capacidad de distinguir entre individuos sanos y pacientes con Parkinson en poblaciones amplias.

Después de analizar los resultados de ocho estudios previos, que incluyeron alrededor de 5800 participantes, los autores diseñaron una nueva prueba compuesta por los siete aromas con mejor desempeño en ambos paneles: regaliz, plátano, clavo, rosa, menta, piña y canela. La incapacidad para identificar tres o más de estos olores se asoció significativamente con la enfermedad de Parkinson.

Actualmente, Li y Schlossmacher planean llevar a cabo un estudio en tres sedes Ottawa (Canadá), Boston (Estados Unidos) y Kassel (Alemania), aplicando la nueva prueba denominada “NeuroScent”, desarrollada en colaboración con el fabricante de la prueba de la Universidad de Pensilvania. Se trata de una versión simplificada del clásico test de “rasca y huele” que incluye los siete aromas con mayor poder discriminativo.

Para reducir la fatiga durante la evaluación y minimizar la probabilidad de respuestas aleatorias, los investigadores propusieron añadir una quinta opción a las preguntas de elección múltiple: «No puedo identificar este aroma». La prueba NeuroScent se comparará directamente con las otras pruebas utilizadas. Las cohortes incluirán individuos sanos, pacientes con Parkinson o demencia con cuerpos de Lewy, así como personas con otras enfermedades neurológicas.

Mejorar el diagnóstico

Es importante aclarar que ninguna prueba de olfato debe considerarse un diagnóstico definitivo, sino una herramienta complementaria que puede ayudar a identificar a las personas con mayor riesgo de enfermedad de Parkinson. Su aplicación debe realizarse junto con otras evaluaciones clínicas y neurológicas para alcanzar un diagnóstico preciso y confiable.

La investigación en nuestro laboratorio se centra en el estudio de la enfermedad de Alzheimer desde un enfoque neuroinmunológico, con énfasis en los mecanismos de neuroinflamación y su papel en la progresión de la neurodegeneración. En modelos murinos de la enfermedad, evaluamos el papel de biomarcadores inflamatorios y su relación con la acumulación de placas amiloides y la disfunción cerebrovascular.

El Alzheimer, al igual que la enfermedad de Parkinson, presenta una etiología multifactorial que incluye la acumulación de proteínas mal plegadas, la pérdida neuronal y sináptica, así como la neuroinflamación y el estrés oxidativo. Nuestra investigación busca contribuir a una comprensión integral de los mecanismos involucrados en la enfermedad de Alzheimer y al desarrollo de nuevas aproximaciones terapéuticas más efectivas.

Al igual que en Parkinson, la pérdida del olfato es también un síntoma temprano y frecuente y suele manifestarse años antes de la aparición de los déficits cognitivos. Esto se debe a que las placas amiloides, características de la enfermedad de Alzheimer, afectan de manera temprana las regiones cerebrales asociadas al sentido del olfato.

En varios países, se han desarrollado pruebas para evaluar la función olfativa en pacientes con esta enfermedad; asimismo, hace una década, un grupo de investigadores de la UNAM, dirigido por la doctora Rosalinda Guevara Guzmán, de la Facultad de Medicina, desarrolló un sistema pionero orientado a la población mexicana para la evaluación de la progresión de Alzheimer.

De manera similar a lo mencionado para la enfermedad de Parkinson, las pruebas olfativas constituyen una herramienta complementaria útil y práctica para la identificación de personas en riesgo de desarrollar Alzheimer; sin embargo, deben aplicarse en conjunto con otras evaluaciones diagnósticas.

ciencia.unam.mx

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