Investigadores de Mayo Clinic han identificado un “mapa de movimiento” oculto en las profundidades del cerebro, un descubrimiento que podría ayudar a los cirujanos a reducir los efectos secundarios de los procedimientos para la epilepsia y orientar futuros tratamientos para los trastornos del habla y del movimiento. En un estudio publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, el equipo informa que una pequeña región cerebral oculta, llamada ínsula, contiene su propio mapa organizado del cuerpo. Distintas áreas dentro de la ínsula están vinculadas al movimiento de las manos, los pies y la lengua.
El hallazgo tiene relevancia inmediata para el tratamiento de la epilepsia. Los cirujanos a veces operan en la ínsula o cerca de ella para tratar las convulsiones, y hasta un 30 % de los pacientes pueden experimentar problemas temporales con el habla, la deglución o el movimiento de las manos posteriormente. Hasta ahora, los médicos no contaban con mapas detallados que mostraran con exactitud la ubicación de estas funciones en esta región profunda del cerebro. La ínsula se encuentra varios centímetros debajo de la superficie del cerebro, oculta bajo otros lóbulos, lo que ha dificultado su estudio con técnicas tradicionales.
Durante su hospitalización, los pacientes realizaron movimientos sencillos como abrir y cerrar la mano, mover la lengua o flexionar el pie. Los electrodos registraron la actividad eléctrica tanto en la ínsula como en la corteza motora primaria, el principal centro de movimiento del cerebro, con una precisión de milisegundos. Los resultados mostraron una organización clara: los movimientos de las manos activaron una zona de la ínsula, los de la lengua otra, y los del pie otra, aunque de forma menos prominente. La sincronización de la actividad también fue reveladora. Primero se activó la corteza motora primaria, seguida de la ínsula, y luego se produjo el movimiento.
En un subgrupo de pacientes, los investigadores administraron pulsos eléctricos breves y seguros para evaluar la comunicación entre las regiones. La estimulación de un área relacionada con la mano en la corteza motora desencadenó una respuesta en la zona correspondiente de la ínsula, y el mismo patrón se observó en las regiones de la lengua.
Clínicamente, los hallazgos podrían ayudar a los neurólogos a interpretar mejor los síntomas convulsivos, como las contracciones de las manos o los movimientos faciales, y a refinar la colocación de los electrodos durante las evaluaciones de la epilepsia. Los cirujanos también podrían usar mapas individualizados para planificar los procedimientos con mayor precisión.
Más allá de la epilepsia, este trabajo podría orientar futuras terapias para supervivientes de un ictus con dificultades del habla o del movimiento de las manos. Si el movimiento depende de una red que incluye tanto la corteza motora primaria como la ínsula, tratamientos como la estimulación cerebral dirigida podrían necesitar abordar ambas áreas.
Fuente: adamedtv.com


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