Un equipo ha participado en el hallazgo de un nuevo uso del Tenipósido, gracias a su capacidad de activar una proteína clave en la respuesta inmunitaria
Un grupo de investigadores ha descubierto que el Tenipósido, un medicamento derivado de la Podofilotoxina usado para combatir la leucemia infantil, podría utilizarse en inmunoterapia gracias a su capacidad de activar una proteína clave en la respuesta inmunitaria.
El hallazgo, publicado en la revista científica ‘Frontiers in Immunology’ cuenta con la participación del equipo del investigador Adrián Velázquez Campoy, catedrático en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular y Celular y responsable científico del laboratorio LACRIMA del Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos (BIFI) de la Universidad de Zaragoza.
Según explica Velázquez, “el antitumoral, al unirse con la proteína denominada STING (Estimulador de Genes de Interferón), actúa como un sistema de alarma en nuestras células, activando el Interferón, que protege frente a infecciones y tumores”. Los interferones son moléculas que ayudan a combatir infecciones y tumores. Por eso, la activación de la proteína STING es, según la Universidad de Zaragoza, un elemento para desarrollar nuevas terapias contra estas enfermedades.
La investigación, realizada a partir de un cribado virtual de miles de compuestos químicos ya aprobados, demuestra que el Tenipósido activa la STING sin necesidad de requerir a intermediarios como la proteína cGAS. La unión del Tenipósido y STING fue confirmada en laboratorio, tanto en células humanas como de ratón. Este descubrimiento, según los investigadores, además de garantizar la reutilización clínica del medicamento, ofrece las bases para diseñar nuevos fármacos que activen STING de forma controlada, abriendo la puerta a terapias más seguras y eficaces.
El estudio, coordinado desde la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo por Estanislao Nistal, del grupo de Virología e Inmunidad Innata (VII) y Claire Coderch, del grupo Diseño y Síntesis de Fármacos (PROLIGAR), ha contado también con la colaboración de los grupos del Rubén Martínez Buey, director del Grupo de Investigación Ingeniería Metabólica del Departamento de Microbiología y Genética de la Universidad de Salamanca; y el grupo de Adolfo García-Sastre del Departamento de Microbiología del Hospital Monte Sinaí de Nueva York.
Fuente: cartv.es


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