Físicos irlandeses descubren cómo concentrar mejor la luz difusa, como la del sol o los LED, para generar más energía útil en paneles solares

Investigadores del Trinity College proponen una forma de concentrar la luz común en haces de alta energía, útil para aumentar la producción de electricidad en células solares.

  • Luz solar difusa convertida en haz coherente.
  • Fotones atrapados y organizados, casi como un motor térmico.
  • Más energía útil a partir de la misma luz.
  • Células solares con rendimiento mejorado.
  • Motores microscópicos impulsados por radiación.
  • Física cuántica al servicio de la transición energética.

Motores de luz: Un nuevo estudio sugiere que podríamos aumentar la energía útil obtenida de la luz solar

Condensación de fotones en una cavidad llena de colorante, como en una máquina térmica. Los fotones de la cavidad que se condensan provienen de una fuente externa, correspondiente al baño caliente de la máquina, mientras que el exceso de energía se disipa en el baño frío, proporcionado por el disolvente. El trabajo resultante corresponde a la emisión coherente del condensado.

Los físicos del Trinity College de Dublín creen que nuevos conocimientos sobre el comportamiento de la luz pueden ofrecer un nuevo medio para resolver uno de los desafíos más antiguos de la ciencia: cómo convertir el calor en energía útil. Y aquí “calor” no es solo una metáfora. La luz solar, los LED o incluso una lámpara doméstica son, desde el punto de vista de la física, una sopa de fotones desordenados. Energía por todas partes, sí, pero difícil de canalizar.

Su avance teórico, que ahora se probará en el laboratorio, apunta a algo que suena casi contraintuitivo: organizar ese caos luminoso para que se comporte como un haz coherente, parecido al de un láser, sin necesidad de usar un láser como fuente inicial. Si se logra, significaría extraer más trabajo útil de la misma cantidad de luz. Ni magia ni energía gratis, solo física bien afinada.

El trabajo acaba de ser publicado en la revista Physical Review A, pero se apoya en una línea de investigación que lleva años creciendo: la condensación de fotones. Un fenómeno en el que muchas partículas de luz, atrapadas en una cavidad microscópica con un medio adecuado, empiezan a comportarse como un solo ente colectivo. Algo así como pasar de una multitud caótica a un coro perfectamente sincronizado.

Cuando los fotones quedan atrapados en estos dispositivos ópticos, pueden concentrar su energía en un haz pequeño, intenso y de un solo color muy puro. Hasta ahora eso solo se había conseguido alimentando el sistema con luz ya muy ordenada, como la de un láser. Lo nuevo es que este modelo muestra que también podría hacerse con luz difusa, la que cae sobre un tejado o entra por una ventana. La que sobra, en realidad.

Paul Eastham, profesor asociado Naughton de la Facultad de Física de Trinity, lo explica desde una analogía poderosa: estos sistemas de luz se comportan como motores térmicos. Igual que una máquina de vapor toma calor y lo convierte en movimiento, estos dispositivos podrían tomar radiación desordenada y transformarla en trabajo óptico. Las mismas leyes que limitan una central térmica, como el rendimiento máximo o las pérdidas inevitables, gobiernan también si los fotones se condensan o no. Física pura. Y dura.

Aquí aparece una idea con implicaciones enormes para la energía solar. Hoy, una célula fotovoltaica pierde gran parte de la energía de la luz porque los fotones llegan con muchas longitudes de onda y niveles de energía distintos. Parte se desaprovecha como calor. Si antes de llegar al panel esa luz pudiera pasar por un motor de luz que la reordenase en un haz más útil, la conversión a electricidad podría ser mucho más eficiente. No se trata solo de nuevos paneles, sino de nuevas arquitecturas energéticas.

Luísa Toledo Tude, primera autora del estudio, señala algo clave: la energía que sale de estos dispositivos sería luz tipo láser, extremadamente fácil de reconvertir en electricidad, calor controlado o incluso movimiento en sistemas microscópicos. En laboratorio ya existen microactuadores y nanomotores que funcionan con luz. Con una fuente más ordenada y eficiente, su rendimiento se dispara.

No es ciencia ficción. En los últimos años han aparecido proyectos que usan cavidades ópticas, cristales fotónicos y materiales orgánicos para manipular la luz a escala nanométrica. Este trabajo encaja justo ahí, pero añadiendo una capa termodinámica que hasta ahora faltaba. Una especie de puente entre la energía solar clásica y la ingeniería cuántica.

El siguiente paso es llevar esta teoría al laboratorio. Ver si la condensación de fotones puede sostenerse con luz ambiental real, no con fuentes ideales. Será ahí donde se vea si este concepto puede salir del papel y empezar a cambiar dispositivos.

Potencial

Esta tecnología abre la puerta a una nueva generación de captadores solares, no solo más eficientes, sino también más flexibles en diseño. Podría permitir fachadas activas, iluminación pública que se autoalimenta o redes de sensores climáticos en campos, bosques y océanos sin mantenimiento eléctrico.

En zonas urbanas, donde la luz llega reflejada y dispersa, estos sistemas podrían recuperar parte de esa energía perdida. En agricultura, combinados con agrivoltaica, ayudarían a producir electricidad incluso bajo sombras parciales.

No va a sustituir mañana a los paneles solares, pero sí podría exprimir cada fotón un poco más. Y en un planeta que recibe del Sol miles de veces más energía de la que consume, aprender a aprovechar mejor lo que ya llega es, quizá, una de las formas más limpias de avanzar. Sin ruido, sin humo, solo luz. Y algo de ingenio humano.

Fuente: ecoinventos.com

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