“Hemos podido ir a profundidad para entender cómo pudo haber funcionado esta excepción de mesoamericana, porque es una ciudad excepcional”: Linda Rosa Manzanilla
Convertida en una ciudad que podría compararse en extensión con las grandes urbes antiguas, como Roma, en Teotihuacan se asentaron individuos provenientes de distintas regiones, lo que le dio una mayor riqueza a su desarrollo, sobre todo cultural, pero también planteó distintos desafíos que terminaron por influir, en mayor o menor medida, en su fin.
Al dictar la conferencia “Estudio forense de la población multiétnica de Teotihuacan”, como parte del ciclo La ciencia del siglo XXI al servicio de la arqueología: el caso de Teotihuacan, en el Aula Mayor de la institución, Linda Rosa Manzanilla, integrante de El Colegio Nacional, evocó los diferentes trabajos desarrollados en la región para conocer “el principio y fin de cada nivel constructivo”.
“En Xalasco, Tlaxcala, hice una excavación arqueológica de salvamento, con Alejandro Bautista y una generación de la ENAH, dentro de un sitio multiétnico, donde había teotihuacanos, tlaxcaltecas, veracruzanos. Este sitio fue parte del corredor de Teopancazco hacia Nautla. En Teopancazco, ya vimos que con la conjunción de arqueomagnetismo y una variedad de fechas de radiocarbono de áreas de actividad permitieron determinar el inicio y fin de cada nivel constructivo”.
Hacia los años 550-570 ocurrió una revuelta de la gente de Teotihuacan hacia la élite gobernante, explicó la especialista, y todos los conjuntos arquitectónicos pertenecientes a esa élite, ubicados a lo largo de la Calzada de los Muertos, fueron destruidos: no es una invasión, es una revuelta de los barrios hacia la élite gobernante, “todos los llamados palacios y conjuntos administrativos a lo largo de la Calzada los Muertos fueron destruidos, quemados —los templos, recintos, oficinas… todos quemados— y todas las esculturas de culto destruidas en pedazos”.
“En el Palacio de Xalla tuvimos plenamente el fechamiento de esta revuelta: entre 550 y 570 tenemos la destrucción de Xalla, con vigas completas carbonizadas de los techos caídos, vigas de un metro. Una de ellas se tuvo que seccionar en 22 pedazos por el Laboratorio Universitario de Radiocarbono y mandarlos a 22 laboratorios de radiocarbono para intercalibración. Así de grandes eran las vigas caídas de los techos de Xalla”.
De acuerdo con la colegiada, la gran pregunta es: ¿Qué puede haber causado una revuelta contra la elite gobernante? Desde su perspectiva, convergen dos temas: los barrios ya eran semiautónomos, cada uno hace sus alianzas, tiene su riqueza, a su gente los pone a trabajar en su barrio: tiene su dinámica, presume, se enriquece, compite con otros barrios.
“Si el Estado teotihuacano, el consejo de gobierno, trató de controlar esa excesiva autonomía demasiado tarde, ya no se iban a dejar. En los barrios tenían sus movimientos, sus intereses y creo que, en parte, eso provoca una especie de rechazo contra la élite gobernante; pero hay otro asunto que también ocurre por esas fechas: tenemos evidencias que, en 525 d.C., por una espeleotema de San Luis Potosí, empieza una sequía, ahí sí la tenemos perfectamente fechada para el centro de México”.
Enriqueta García, geógrafa del Instituto Geografía de la UNAM, desde 1974 había dicho que, a finales de la época teotihuacana había empezado la sequía. “Yo no he entendido bien con qué técnicas lo pudo hacer en 1974. Y con geografía: qué cosa le llamó la atención que la lleva a proponer que, a finales de esa época empieza una sequía muy larga”.
El principio del fin
En 2002, Margarita Caballero que estudia diatomeas, y sus colaboradores, pudo ver que la sequía seguramente comenzó a finales de la época teotihuacana y fue muy larga. Tan sólo hay que imaginar que la ciudad de Teotihuacan tiene como deidad estatal al dios de la lluvia y no llueve: “a ver, ¿quién tiene la culpa? Pues el que personifica el dios de la lluvia, que tiene su templo en la Pirámide del Sol y, además, en el Palacio de Xalla (que está inmediatamente al norte) tienen oficinas los que representan al dios de la lluvia”.
Manzanilla Naim describió que, exactamente atrás de la Pirámide del sol, hay una “cueva astronómica”, que no es astronómica, sino un observatorio del paso cenital del sol, excavado por Enrique Soruco: se trata de un túnel realmente hecho por los teotihuacanos en forma de botellón que tiene una lápida de basalto. Y esa lápida de basalto está parada y un rayo de luz recorre el centro de la lápida cuando el sol pasa por el cenit.
“Más o menos el 19 de mayo, que marca el paso cenital del sol, se señala como el inicio de las lluvias; entonces los sacerdotes del grupo del dios de la lluvia podían predecir frente al pueblo que va a llover, y claro que llovía, porque ese paso cenital del sol marcaba el inicio de la época de lluvia. Se trataba de un medio que los sacerdotes tenían para dirigirse al pueblo y decir: “va a llover” y, claro, toda la gente se quedaba maravillada, porque llovía, pero es que tenían una manera de preverlo”.
Y si no llovía, los responsables estaban en la élite gobernante y contra ellos se fueron y destruyeron absolutamente todo. Obviamente, una vez destruida todas las estructuras de la Calzada de los Muertos, los palacios y las estructuras administrativas, las élites gobernantes se tienen que ir con su séquito a donde tienen alianzas, pero poco después se colapsa el sistema de abasto de la ciudad, y cuando esto ocurre, los barrios ya no pueden subsistir los barrios, porque el tianguis de barrio ya no va a funcionar.
“La gente de las aldeas no va a llevar su comida a la gente de la ciudad, primero tienen que subsistir ellos con la sequía. Se colapsa el sistema de abasto, no hay manera que esa ciudad pueda subsistir. La corta ocupación Metepec, casi de “paracaidistas” viviendo encima de la ciudad del Clásico, es de gente que ya no tenía más que estar pillando sobre lo que quedó y cuando los de los barrios se van, lo hacen por los mismos corredores donde ellos tienen parientes o aliados, a distintos puntos de Mesoamérica”.
La investigadora recordó que poco después de la caída de Teotihuacan llegaron los coyotlatelco del Bajío a saquear la ciudad. “En el Palacio de Xalla tengo su saqueo y su forma de vida en los túneles, atrás de la Pirámide del Sol: ellos ya no comían, para nada, la dieta tan variada de los teotihuacanos. La sequía realmente mermó la forma de vida de los grupos del Epiclásico.
“Ese es el fin de Teotihuacán. La ciudad de Teotihuacan es un reto intelectual, porque no quedan textos para entender cómo funciona y lo tenemos que averiguar con la ciencia del siglo XXI. Afortunadamente, hemos podido ir a profundidad para comprender cómo pudo haber funcionado esta excepción mesoamericana, porque es una ciudad excepcional: la traza ortogonal es excepcional, el tamaño de esa ciudad para su época es excepcional, y la multietnicidad es la primera vez que la vemos en una capital del centro de México”, concluyó Linda Rosa Manzanilla.
Fuente: El Colegio Nacional


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