Manzanilla se ha caracterizado por privilegiar el trabajo interdisciplinario: la paleobotánica, la palinología, la paleozoología, la química, la física, la geofísica, la geología, la osteología y la genética
La ciencia y las humanidades, a través de la arqueología, conforman una unidad difícil de separar, sobre todo porque los especialistas suelen hallar en los sitios arqueológicos muchos tipos de información, aseguró Linda Rosa Manzanilla, integrante de El Colegio Nacional, al dictar la primera de las dos conferencias del ciclo La ciencia del siglo XXI al servicio de la arqueología: el caso de Teotihuacan, celebrada de manera presencial en el Aula Mayor de la institución.
Con el título “La ciudad de Teotihuacan a través del lente de la ciencia del siglo XXI”, la investigadora recordó que en la arqueología del siglo XIX “había muchísimos trabajadores y muy poco control sobre los contextos arqueológicos: digamos, había un arqueólogo que desde arriba veía lo que aparecía, pero la cuestión era sacar tierra”.
“Lo que hacemos en el siglo XXI es un estudio muy profundo de las áreas de actividad, lo que ocurre en los pisos y, también, las muestras y diversos materiales que se estudian en distintos tipos de laboratorios; fundamentalmente —por lo menos en mis proyectos—, se trata de una labor colectiva de grupos de investigadores de distintas disciplinas, quienes tenemos como cometido interpretar juntos este pasado, porque tenemos una gran responsabilidad al dar cuenta científica del pasado: no hacer ciencia ficción, sino ciencia con el pasado arqueológico, el cual es nuestro pasado, nuestro ser”.
En los estudios arqueológicos de superficie, México fue pionero en armar grupos de geofísicos y geoquímicos, quienes interactuaban con arqueólogos para hacer lo que Luis Barba, el primer tesista doctoral de Linda Rosa Manzanilla, llamó ‘una radiografía de la corteza antes de la cirugía, que es la excavación’. Uno de los experimentos más complejos que se hicieron fue el uso del detector de muones en la Pirámide del Sol, a través del cual los doctores Arturo Menchaca y Linda Manzanilla replicaron un proyecto del doctor Luis Álvarez en la Pirámide de Khefren, en Giza, publicado en la revista Science en 1970.
“Él quería averiguar si en la mole de la pirámide había cámaras que los arqueólogos no hubiesen detectado previamente y, por lo tanto, construyó un enorme detector de muones que metió en una de las cámaras que ya se conocían, que están abajo de la pirámide para ser como una tomografía; la conclusión a la que llegó el doctor Álvarez es que no había otras cámaras más que las que habían detectado los arqueólogos”.
El detector de muones es uno de los ejemplos claros del aprovechamiento de la ciencia en la arqueología, porque sirve para usarlo como tomografía de enormes masas piramidales, sobre todo aquellos que están hechas con bloques de piedra.
“Para la Pirámide del Sol, a sugerencia de otro Premio Nobel que nos preguntó si habíamos hecho una tomografía igual y le contestamos que no, el doctor Arturo Menchaca, del Instituto de Física de la UNAM, construyó un detector modular que pudimos meter en el túnel prehispánico que está bajo la pirámide: como está hecha de tierra apelmazada y solamente revestimiento de piedra, no había cámaras, pero hicimos el monitoreo con muones”.
En general, en los sitios arqueológicos utilizamos varias técnicas geofísicas y geoquímicas, fotos aéreas de baja altitud y recolección de superficie; se han realizado estas prospecciones geofísicas que, con distintos mapas de anomalías, ofrecen más o menos una idea de lo que ocurre bajo la corteza terrestre antes de la excavación arqueológica.
Así, en el caso de Teopancazco, un centro de barrio de Teotihuacan, se cuenta con los radargramas, que son cortes geofísicos, electromagnéticos, donde se ven pisos sepultos, muros sepultos, que no estamos viendo en superficie, por lo tanto, podemos planificar mejor la excavación que vamos a hacer; en el palacio de Xalla, se utilizaron técnicas como la sísmica de refracción, con el Instituto Geofísica de la UNAM, y con el Instituto de Investigaciones Estéticas, la fotogrametría con dron.
“El dron nos proporcionó un mapa muy fehaciente del gran palacio de Xalla; está entre las pirámides del sol y de la luna, sin la vegetación, porque es la clave del uso del dron o del uso del LiDAR, que elimina la vegetación y para ver las estructuras, los muros, el paso de ronda de los militares, las cuatro estructuras a los puntos cardinales y el templo en el centro, el sector artesanal, el sector doméstico, el túmulo ritual y, sobre todo, el paso de ronda para vigilar el palacio que los militares estaban patrullando, y encontramos las armas de los militares: las puntas de dardo, las cabezas de basalto de las masas, etc.”.
El uso de las herramientas
En la arqueología del siglo XXI, la utilización del LiDAR es una técnica bastante socorrida. Con rayos láser se logra -especialmente en el área maya que está cubierta de vegetación y donde es muy difícil mapear las estructuras- eliminar la maleza con un trabajo de cómputo, y es posible ver las estructuras habitacionales; una técnica que se ha utilizado también en Michoacán, “pero los espectaculares son los del área maya. Sin el LiDAR sería muy difícil tener la traza de todas las estructuras”.
Como parte de su labor, Linda Rosa Manzanilla se ha caracterizado por privilegiar el trabajo interdisciplinario: la paleobotánica, la palinología, la paleozoología, la química, la física, la geofísica, la geología, la osteología y la genética, se entretejen en sus investigaciones, al grado de haber aprovechado la mayoría de las herramientas científicas y tecnológicas en Teotihuacan, quizás a excepción del LiDAR.
“El tipo de excavación que hemos hecho siempre en mis proyectos es lo que llamamos excavación extensiva: es decir, abrir con una retícula de hilos a cada metro todo un conjunto, todo un palacio, todo un centro de barrio. Poco a poco, cada nivel constructivo, con la detección de las trazas de actividad que son asociaciones, no son objetos aislados. Son asociaciones de materias primas, desechos, instrumentos de trabajo y objetos semi-procesados; el tipo de excavación que se hace en estos proyectos requiere instrumental fino, no pico y pala”.
Para hacer el trabajo en este tipo de excavación, se hace el registro con las descripciones, la toma de muestras, los registros tridimensionales, los dibujos, fotos, formatos “que se llenan y una vez que se retiran los objetos, se hace el análisis químico de los pisos, que se agregan al estudio de los artefactos, desechos, materias primas, fauna y flora para dar sentido a las actividades”.
En general, los tipos de materias primas, desechos u objetos que se encuentran, son muy variados en el registro arqueológico, pero de esas áreas de actividad, de las muestras que se toman, los laboratorios de arqueobotánica, ya sea los del INAH o los de la UNAM, identifican polen, fitolitos y macrofósiles botánicos, con la idea de tener tres “medidas” sobre la flora que se utilizó o que estaba en el entorno de cada sitio arqueológico, al tiempo de identificar cada uno de ellos, incluso maderas carbonizadas y hacer el estudio de semillas, tallos, hojas, flores, etc.
Resultado del trabajo interdisciplinario, particularmente con la química, en los pisos de Teopancazco se han encontrado trazas de líquidos orgánicos con fosfatos, y con carbonatos, del estuco erosionado por el caminar de los sacerdotes, “se ven las anomalías más claras en amarillo, porque los sacerdotes estuvieron caminando continuamente por ese tramo hacia el altar, subiendo al templo. También las cocinas y los almacenes para darle de comer a los trabajadores que están en la periferia fueron analizados químicamente”.
“En las cocinas caían muchos líquidos orgánicos; las cenizas de los fogones hacían anomalías de pH, los líquidos orgánicos de fosfatos; la nixtamalización en las cocinas, anomalías de carbonatos y los residuos proteicos, sangre y restos de proteínas de las presas de animales, y una vez que se tiene esto con los colaboradores de las otras disciplinas, a los arqueólogos, a mis alumnos y colaboradores tesistas, nos toca ser el análisis de cada tipo, cada industria de materiales”.
De acuerdo con la doctora Linda Rosa Manzanilla Naim, con la Universidad de Valencia y la participación de la Dra. María Luisa Vázquez de Agredos Pascual, se hizo el estudio de las miniaturas de Teopancazco, ollas pequeñas, platos pequeños para averiguar qué cosa pudieron haber tenido dentro, para lo cual se aplicaron técnicas microscópicas de distintos tipos, espectrometrías o espectroscopias, y se pudo averiguar que tenían cosméticos, pintura corporal para ser aplicada con sellos sobre la piel o resinas aromáticas.
“Algo muy interesante que salió es que algunos de los compuestos que venían en la pintura son elementos muy tóxicos para la piel, como el sulfuro de plomo; entonces, la gente mezclaba estos elementos tóxicos con otros, como la mica o el carbón para reducir la toxicidad: para esto nos ayuda la ciencia del siglo XXI: a precisar las cosas, no hacer ciencia ficción, hacer ciencia, a decir que esto es cinabrio, esto es galena, esto es resina de ocote, esto es aceite de chía”.
Fuente: El Colegio Nacional


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