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Las viviendas, como las construcciones, son seres vivos: Felipe Leal

“La arquitectura comunitaria surge como una respuesta crítica a la concepción del hábitat como espacio abstracto y mercantilizado”, enfatizó el colegiado

“La arquitectura comunitaria surge como una respuesta crítica a la concepción del hábitat como espacio abstracto y mercantilizado”. En ese sentido, destacó Felipe Leal, miembro de El Colegio Nacional, “las viviendas, como las construcciones, son seres vivos y eso es muy importante en el espíritu comunitario, en el cual todos están participando en un proceso, pero con el conocimiento”.

Al ofrecer un primer acercamiento a la conferencia “Arquitectura comunitaria”, como parte del ciclo Otras arquitecturas, el colegiado resaltó la importancia de la cooperación, que se logra la manera de desarrollar la arquitectura, donde se combinan diferentes acciones, incluso “el cuerpo y la sensualidad de los pies, de las manos, de la dermis para sentir los materiales, y en donde no hay sólo un trabajador aislado, que muchas veces vemos ya tecnologizado”.

Buena parte de la mesa se centró en el trabajo que desarrolla Cooperación comunitaria, una asociación fundada en 2012 por Isadora Hastings y Gerson Huerta, interesada en recuperar saberes ancestrales y técnicas modernas para fortalecer el hábitat indígena y popular de México, siendo fundamental la idea de “saberes ancestrales y técnicas modernas”, porque se trata de rescatar esos conocimientos que tienen las culturas legendarias mexicanas, pero también reconocer que existen técnicas, conocimientos, ingenierías, procedimientos y materiales contemporáneos que se pueden incorporar a estos saberes ancestrales.

“Para fortalecer ese hábitat, sobre todo en las regiones indígenas, en las periferias de las grandes ciudades, en las zonas rurales, su enfoque, lejos de reproducir modelos industriales homogéneos, lo que domina en nuestro ámbito, es priorizar materiales locales, la economía sostenible y la organización colectiva, lo que habla de lo comunitario: la organización se centra en cómo participan, porque también hay un amplio espectro y campo de participación”.

Con una década de trabajo en regiones de los estado de Guerrero, Oaxaca y Chiapas, Cooperación comunitaria colabora con diversos pueblos indígenas, combinando geología, biología y sociología, con sistemas de ayuda mutua y rituales ancestrales: “aquí entra la cooperación de la ayuda mutua, pero esta parte ritual es importantísima en la arquitectura, finalmente es el gran recinto para los ritos del hábitat cotidiano, para los ritos teológicos, para los ritos que marcan todos los aspectos de la propia naturaleza, generando soluciones adaptadas a cada contexto”.

“Estos procesos, respaldados por estudios técnicos y alianzas internacionales, además de reconstruir espacios físicos, fortalecen redes de autonomía frente a la marginación; reconocida globalmente la labor de ellos, evidencia que la arquitectura es un acto político, un puente entre el pasado y el futuro, a partir de reflexiones sobre la construcción colectiva, que trasciende justamente el cemento y los materiales tradicionales, recuperando la dimensión humana y ecológica del habitar. Aquí hay una parte muy importante que recuperar: la dimensión humana, la interacción, la parte de la colectividad, escuchar al otro, la otredad, al tiempo de acercarse a los conocimientos del otro y saber cómo se pueden incorporar”, aseguró Felipe Leal.

Isadora Hastings, socia fundadora de la organización Cooperación comunitaria, se ha dado a la tarea de desarrollar proyectos de producción y gestión social del hábitat, así como reconstrucción integral en comunidades rurales en los estados más vulnerables del país, mediante procesos participativos y formativos para la producción de vivienda y el hábitat, con un enfoque integral.

Uno de los aspectos resaltados por Isadora Hastings en su ponencia fue el hecho de que existen vestigios y construcciones que han subsistido durante siglos, realizados a través de la arquitectura comunitaria o de una construcción comunitaria, porque en esa época todavía no había arquitectos, y se hicieron estas primeras construcciones de manera colaborativa y participativa.

La arquitectura comunitaria fue definida por el arquitecto italiano Pietro Belluschi como un arte comunitario no producido ni por intelectuales ni por expertos, sino como una actividad continua y espontánea de un grupo con una herencia en común, que actúan bajo una experiencia comunitaria, mientras especialistas del proyecto Habitar, en Argentina, en los encuentros latinoamericanos de arquitectura comunitaria, “hablan del carácter comunitario de la arquitectura como un modo de calificar un proceso social, colectivo, que admite procesos interdisciplinarios e intersectoriales”.

“Vemos que la arquitectura comunitaria no es un tipo de arquitectura específica, sino una manera de hacer arquitectura y, a diferencia de lo que conocemos hoy como un proceso más individualizado del arquitecto protagónico, en estos trabajos se habla más de una acción comunitaria, colectiva, colaborativa y participativa; esto me parece muy interesante en tanto que se ha ido perdiendo esta manera de hacer arquitectura”.

La relación con el entorno

En Cooperación comunitaria se han dado a la tarea de aumentar o mejorar la habitabilidad de estas construcciones. No siempre se hace a partir de desastres socionaturales, sino también a partir de grupos colectivos que solicitan su colaboración; pero también responden a la necesidad de disminuir la vulnerabilidad de estas poblaciones, porque también son estados de por sí marginados; además, con un país expuesto a las amenazas naturales como México.

“Hemos aprendido de la importancia que, para hacer este tipo de arquitectura, necesitamos conocer las estructuras territoriales, las estructuras sociales y uno de los elementos que más impacta es el tipo de propiedad de las comunidades rurales e indígenas, ya sea porque se rigen por una asamblea comunitaria, la autogestión o las relaciones solidarias y recíprocas”, comentó Isadora Hastings.

En ese sentido, abundó Gerson Huerta, muchas de las construcciones se trabajan dentro de las mismas comunidades, ellos ofrecen planos, “que la gente de las comunidades ha hecho, no los hacemos nosotros: vamos, preguntamos, consultamos y ellos hacen sus propios planitos y de ahí nosotros derivamos nuestras aportaciones, porque, a fin de cuentas, lo comunitario es que todos participemos y ellos siempre hacen el primer saque”.

En el Cardonal, Hidalgo se encuentra la primera comunidad donde empezaron a trabajar y el suelo es piedra caliza “entonces tenemos que estudiar qué hay allí. Nos fuimos al centro del Cardonal y encontramos que la iglesia, construida en 1545, está hecha de piedra caliza: ellos ya sabían, desde la llegada de los españoles, y empezaron a utilizar el material del lugar”.

Otro de los ejemplos planteados durante la sesión se refirió a la importancia de adaptarse a la cultura de la gente, como les sucedió en la montaña de Guerrero, donde críticas de algunos colegas, pues se preguntaban por qué las habitaciones eran de 5×5 metros, ya que aquí, en ciudad, esta medida no es eficiente ni funcional.

“Sucede que alguien nos dijo allá que en las fiestas entraba la banda de viento y en un espacio con esa medida sí cabía. ¿Cómo entender esas cosas? Pues preguntando e investigando, no imponiendo desde aquí. En Guerrero nos hemos encontrado casas que tienen cocinitas que han mandado a hacer de gas, pero allá ni el gas llega, entonces para qué hacen eso”, señaló Gerson Huerta.

En la sesión, desarrollada en el Aula Mayor de El Colegio Nacional, participó el arquitecto Enrique Ortiz Flores, quien elogió el libro Arquitectura participativa, resultado del trabajo desarrollado por la agrupación Cooperación comunitaria, lo que le permitió ofrecer una reflexión crítica sobre algunos conceptos que se manejan en la actualidad en la arquitectura.

“El hábitat se ha convertido en una palabra ambigua que sirve para todo, para el medio ambiente, para el entorno, para la vivienda y hace un tiempito, una traductora lo tradujo como ‘los cuartos de una casa’, y así lo maneja el gobierno, y lo mismo sucede con cambio climático; quitemos esas palabras, yo creo que lo que es fundamental es empezar a trabajar en otra perspectiva”.

Desde su punto de vista, estamos en un momento de cambio que tenemos que impulsar un cambio profundo a nuestra sociedad. “Y la otra cosa es que también necesitamos repensar, precisamente, a partir de este de estos conceptos, otra manera de vivir y tenemos condiciones muy interesantes en México, porque la población, sobre todo la más pobre y, en especial, la población indígena en México, que logró sobrevivir 500 años gracias a su manera de practicar la comunalidad”, resaltó quien fuera galardonado por la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos con el Premio Hábitat Popular, en 2020, además de recibir hace dos años la Medalla de Bellas Artes en Arquitectura en 2023.

Fuente: Colegio Nacional

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