Exponen en El Colegio Nacional un impresionante hallazgo en el templo mayor

Se trata de ofrendas asociadas a Tlaloc, con presencia de esculturas de tipo mezcala, que desgraciadamente sufrieron saqueo durante el siglo pasado

En 2023, los especialistas del Proyecto Templo Mayor quedaron maravillados cuando localizaron tres cofres de piedra, o tepetlacalli (contenedores de piedra transportables), en lo que fue el recinto sagrado de Tenochtitlan, las cuales contenían miles de conchas marinas que fueron traídas en su mayoría de las costas del Atlántico, y decenas de figurillas de piedra verde de estilo mezcala.

En la excavación, registro y recuperación de los materiales participaron los arqueólogos Antonio Marín Calvo y Alejandra Aguirre Molina, la bióloga Belem Zúñiga Arellano y la restauradora Adriana Sanromán Peyron, quienes participaron en el ciclo de conferencias La arqueología hoy, que coordina el arqueólogo Leonardo López Luján, miembro de El Colegio Nacional.

En el Aula Mayor de la institución, los integrantes del Proyecto Templo Mayor dictaron la ponencia “Cofres para los dioses: excavación, análisis y conservación de los tepetlacalli de Tenochtitlan”, en la que hablaron del hallazgo considerado por la revista Archaeology Magazine como uno de los 10 más relevantes del mundo en 2024.

Los tepetlacalli o cofres de piedra, identificados como las ofrendas 186, 187 y 189, explicó el arqueólogo Antonio Marín Calvo “quizá eran utilizados en ceremonias específicas donde los sacerdotes mexicas eligieron estos contenedores como imágenes simplificadas de Tlalocan, ya que a este lugar se le concebía como una montaña hueca y repleta de agua, elementos que están siendo materializados quizá por las efigies de los Tlalocan, las conchas, los caracoles y las cuentas de piedra verde que recuperamos en su interior”.

El uso de estos objetos rituales no fue exclusivo de los mexicas: “Se ha reportado presencia de estos cofres en otras áreas culturales de Mesoamérica y en distintas temporalidades, ya que se tiene evidencia de su uso entre los olmecas, los teotihuacanos, los mayas y los zapotecos”.

A finales de los años 70, durante la primera temporada del Proyecto Templo Mayor, señaló la arqueóloga Alejandra Aguirre Molina, se excavaron dos ofrendas que se encontraban por debajo de dos esculturas de gran formato con forma de serpiente, ubicadas en la fachada principal de la plataforma correspondiente a la etapa 4 del Templo Mayor de Tenochtitlan, que corresponde a la etapa 4 para, de 1440 a 1469 de nuestra era, en el reinado de Moctezuma Ilhuicamina o Moctezuma I.

En 1991, se ubicó otra caja en el lado norte de la plataforma. Con ese antecedente, en 2023, los especialistas decidieron localizar “los otros tres posibles cofres de piedra o tepetlacalli que debían encontrarse debajo de las esculturas flanqueadas por braceros que se ubicaban tanto en el lado este de la plataforma de la etapa 4 como en el lado sur, áreas que hasta ese momento estaban sin explorar”.

“Afortunadamente, los trabajos arqueológicos que realizamos en dichas áreas dieron como resultado la esperada localización, ahí están las ofrendas 187 y 186, y del lado derecho la ofrenda 189. Afortunadamente, estas intervenciones arqueológicas dieron la esperada localización de los otros tres cofres de piedra o tepetlacalli que se tenían previstos que podríamos localizar”, expuso Aguirre.

Tras retirar las tapas fragmentadas de las cajas, en un primer nivel de excavación se localizó “el depósito principal de materiales malacológicos, como caracoles del género turbinella y conchas de la especie Pinctada mazatlanica. En un segundo nivel se localizaron más conchas y caracoles de otras especies de menores dimensiones, en este nivel también se podían distinguir algunas de las figuras de piedra verde de estilo mezcala procedentes del norte de Guerrero”.

“El tercer nivel de excavación estaba conformado principalmente por el depósito de esculturas de piedra verde de estilo mezcala. Localizamos un total de 43 entre los tres depósitos, 15 de ellas en la ofrenda 186, 15 en la ofrenda 187 y 13 en la ofrenda 189”.

De acuerdo con Antonio Marín Calvo, en los seis tepetlacallis ubicados en el Templo Mayor se han ubicado 83 figurillas de estilo mezcala, más otras 70 que se ubicaron en la llamada Cámara 3. “Resulta un gran listado que rebasa por mucho, en algunos casos, los hallazgos hechos en la propiedad de Guerrero”.

“La presencia de estas figuras en el Templo Mayor quizás se debe a que los propios mexicas, tras la expansión que se dio del imperio bajo el gobierno de Moctezuma Ilhuicamina, es decir entre los años 1440 y 1469, las obtuvieron como botín de guerra, aunque no se descarta otras vías por las cuales los mexicas las hubieran obtenido, o quizá que ellos hayan intentado imitar el estilo como se ha planteado según otros investigadores”.

“Lo que sí es cierto es que los mexicas las reutilizaron con fines religiosos, principalmente en una ceremonia ligada a las deidades pluviales, ya que las esculturas presentan decorados polícromos que sin duda remiten a Tlaloc y a los tlaloque, debido a que tienen entre sus elementos iconográficos las anteojeras y bigoteras, atributos característicos de estos seres”.

Respecto al material malacológico de las cajas, la bióloga Belem Zúñiga expuso que las conchas vacías de moluscos son para la arqueología “archivos naturales que guardan restos detallados de cómo era la tierra hace miles o millones de años. Y desde el punto de vista cultural nos cuentan cómo vivían, qué comían y qué pensaban nuestros antepasados”.

En el caso de la ofrenda 187, por ejemplo, se han identificado 51 especies diferentes, “es notable que la mayoría de ellas, 35, proceden de las costas del Atlántico”. No obstante, con respecto al número de elementos y su procedencia “vamos a ver que mil 130 proceden de las costas del Pacífico”. Lo cual indica que “en cuanto al número de elementos, van a ser más importantes las especies del Pacífica, pero en cuanto al número de especies identificadas, son más abundantes las especies del Atlántico”.

El análisis micro y macroscópico, dijo, demostró que “la mayoría de ellos fueron recolectados en las playas en donde estuvieron expuestos a la acción de las olas, a la fricción de la arena y de las rocas. Estos factores causan decoloración, erosión y fracturas en las conchas”.

El trabajo en las ofrendas 186, 187 y 189, enfatizó la restauradora Adriana Sanromán Peyron, “ha sido posible gracias al trabajo multidisciplinario organizado”, desde “el movimiento de obra escultórica de gran formato, el registro minucioso, la excavación cuidadosa, la implementación de medidas de conservación preventiva, la intervención de las colecciones, el análisis de los materiales, la identificación taxonómica de las especies animales encontradas y, finalmente, la interpretación de los datos obtenidos”.

“La investigación y los antecedentes de excavación permitieron al equipo comprender, por un lado, el conjunto de ofrendas de este tipo ubicadas en la plataforma de la etapa 4 del Huey Teocalli y, por el otro lado, permitieron prever los posibles materiales a encontrar, así como también su estado de conservación, facilitando las tareas a largo plazo”.

De la misma manera, agregó, “ha sido crucial el análisis, aún en proceso, del simbolismo en conjunto de los de petlacalli, la clasificación tipológica de las esculturas antropomorfas tipo mezcala y el enriquecimiento de las tipologías existentes con datos nuevos. También, la labor de identificación taxonómica del material conquiliológico y malacológico de los depósitos nos permite confirmar la procedencia de los organismos marinos y corroborar la información existente en cuanto a las rutas comerciales y las áreas tributarias del imperio mexica bajo el gobierno de Moctezuma I”.

Desgraciadamente, apuntó el arqueólogo Leonardo López Luján, en los años 30 y 40 del siglo pasado, las esculturas de tipo mezcala “comenzaron a ser apreciadas en el extranjero y también por los grandes coleccionistas de piezas arqueológicas que vivían en México. Pienso particularmente en figuras como Miguel Covarrubias, como William Spratling, que vivía aquí en México, como Diego Rivera, como los Sáenz y tantos más”. En gran parte por el parecido de las figuras con las de la cultura cicládica, de la antigua Grecia.

“Se fomentó la excavación ilícita, muchas veces por campesinos locales, que las encontraban tanto de manera fortuita cuando roturaban sus campos de cultivo, como de manera obviamente premeditada. Se daban las dos estrategias y eran puestas en venta por los mismos nacionales en un circuito que tenía que ver con el turismo que al principio visitaba el puerto de Veracruz y posteriormente cuando se volvió un emporio joyero de la plata, impulsado por Spratling en Taxco, Guerrero, se fomentó este saqueo”, agregó el colegiado.

Fuente: El Colegio Nacional

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