Científicos noruegos y japoneses han logrado un primer paso prometedor al lograr crear un hormigón con arena desértica y restos de madera, con la lignina como protagonista
Encontrar el punto de equilibrio entre el uso de recursos naturales y la continuidad de la actividad humana en todos sus campos es lo que se entiende por sostenibilidad. Tomar conciencia de la limitación de buena parte de los elementos orgánicos de los que hay que hacer uso está impulsando investigaciones y estudios para conseguir dar alternativas más viables a materiales altamente contaminantes durante su generación.
En esa línea, aprovechar materia vegetal, va por ejemplo una investigación del MIT que aspira a conseguir un polímero cuyo crecimiento se equipara al modo de vida de una planta. Y precisamente en otro recurso natural, en este caso la madera, han pensado investigadores noruegos y japoneses para conseguir reducir el uso de arena de lechos marinos y fluviales en el proceso de fabricación de hormigón y mortero. En la ecuación entra también un recurso cuya escasez está fuera de toda duda: la arena de los desiertos.
Arena desértica y lignina de la madera para servir como pegamento
Hasta el momento las pruebas efectuadas con arena del desierto para aprovechar este elemento para construcción no habían sido viables, dado que no se conseguía una fijación adecuada para hacer hormigón por lo fino de la arena desértica. Sin embargo, investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología y de la Universidad de Tokio han dado con la solución: aprovechar la lignina de la madera para conseguir la unión de partículas que resulte en un material idóneo para pavimentos y, quien sabe, para construcción.
El estudio, publicado en noviembre del pasado año por la revista científica Journal of Building Engineering y del que se hace eco New Atlas, recoge la obtención de un nuevo material, bautizado como Sandcrete u hormigón de arena botánica. Este nuevo material es el resultado de mezclar arena del desierto con polvo y restos de madera y someterlos a altas condiciones de presión y calor, con temperaturas que rondan los 180º.
Ese proceso hace que se libere la lignina de la madera, que sirve como elemento fijador de las partículas de arena, sin necesidad de cemento convencional. Bajo presión y calor, la lignina hace las funciones de un pegamento natural y consigue una unión que hasta el momento no había sido viable empleando arena desértica.
Las pruebas efectuadas hasta el momento han dado como fruto bloques y adoquines para pavimentos y superficies de tránsito, por lo que todavía no está probado que pueda ser lo suficientemente resistente para edificios grandes o estructuras complejas. De igual modo, el equipo investigador quiere revisar la resistencia al frío de su solución para asegurar su viabilidad en climas como el de Noruega.
En caso de continuar con la investigación de forma positiva, los beneficios son de gran importancia. En primer lugar, por el hecho de aprovechar una arena descartada hasta el momento y cuya presencia se extiende a 30,5 millones de kilómetros cuadrados de la Tierra. Con ello, se evitaría la extracción de arena de riberas, costas y lechos marinos, ayudando a la preservación de diversos ecosistemas.
De igual modo, la economía circular se presenta como una baza, al aprovechar restos de madera para esa función fijadora de cara al nuevo cemento que protagoniza la investigación. Por último, se trata de un recurso que sería mucho más viable a nivel económico en zonas cercanas a masas desérticas, dado que en ese caso no habría que pensar siquiera en los costes de transporte y la consiguiente contaminación.
Fuente: larazon.es


Deja una respuesta