La galaxia anfitriona de este hoyo negro contiene poca masa estelar, por lo que no habría suficientes estrellas para explicar su presencia
Un agujero negro que existe prácticamente en un lugar solitario del universo sorprendió a los científicos por sus peculiares características.
El objeto se encuentra en una galaxia conocida como Abell 2744-QS01, existió apenas 700 millones de años después del Big Bang, además de que tiene una masa aproximada de 50 millones de veces superior a la que tiene nuestro Sol.
Esto no es lo sorprendente, lo que generó dudas en los científicos es que su existencia desafía la idea básica de cómo se constituyen los agujeros negros, debido a que pudo existir desde antes que las mismas estrellas.
Su ubicación fue detectada gracias al telescopio James Webb y, desde un inicio, su descubrimiento planteó varias preguntas, debido a que es muy extraño que puedan encontrarse objetos totalmente desarrollados en el espacio.
«Esto es un enigma porque la teoría tradicional dice que las estrellas se forman primero o junto con los agujeros negros»
explicó Boyuan Liu, investigador postdoctoral de la Universidad de Cambridge y uno de los autores del estudio.
La creación de los agujeros negros y las estrellas
Para desarrollar lo único de este hoyo negro se debe saber que, en la astrofísica, los agujeros negros y las estrellas se encuentran estrechamente vinculados debido a que las estrellas se forman a partir del colapso de nubes de gas.
Mucho más tarde de este primer proceso es cuando las estrellas más grandes agotan su combustible y es en ese momento que aparecen los agujeros negros.
Los hoyos negros entonces pasan a alimentarse del gas y a fusionarse con otros a su alrededor, de forma que su creación se encuentra predeterminada a la existencia de las estrellas.
Se trata de un proceso que conlleva una gran cantidad de tiempo, por lo que la ciencia sigue teniendo dudas para explicar su existencia o su desarrollo cuando son extremadamente masivos en etapas tan tempranas de la historia.
Respecto a este nuevo y peculiar objeto en el espacio, se encuentra en la galaxia QSO1, una que contiene muy poca masa estelar, es decir, no cuenta con las suficientes estrellas como para que un hoyo negro de tal magnitud pudiera crearse.
Para explicar este fenómeno, los científicos decidieron retomar algunas hipótesis que señalan que los agujeros negros primigenios surgían directamente de variaciones extremas de densidad en el universo poco después del Big Bang, por lo que la mayoría de ellos, de formarse, pudieron ser diminutos y de corta duración.
Por medio de simulaciones nuevas y más sofisticadas se buscó explicar qué es lo que hubiera pasado con el pequeño número que podría haber sobrevivido y el crecimiento que tendrían.
Con los resultados de las simulaciones y los datos encontrados por el telescopio James Webb se encontraron similitudes como la masa final del agujero negro, el reducido número de estrellas y los elementos químicos detectados alrededor de la galaxia real.
También existieron diferencias como que no se identificó una fuente de radiación de alta energía como la que supondría debería tener un agujero negro primordial, además de que tendrían dificultades para crecer lo suficientemente rápido como para explicar fenómenos como los de esta galaxia.
Los científicos buscan ahora perfeccionar sus simulaciones y compararlas con los descubrimientos que vaya realizando el telescopio James Webb y en caso de encontrar otros puntos en el universo similares al de la galaxia QSO1 que permitan identificar de mejor forma la creación de los hoyos negros y las etapas en las que se desarrollan.
Fuente: oem.com.mx


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