Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), también conocidos como «químicos eternos», se convertieron en uno de los contaminantes más complejos del siglo XXI. Persisten durante décadas en el agua, los suelos y los organismos vivos, sin degradarse de forma natural.
Además, su uso extendido en productos industriales y domésticos facilitó su llegada a ríos, acuíferos y redes de agua potable. Por eso, su eliminación efectiva es hoy una prioridad ambiental.
En este contexto, una tecnología desarrollada en Rice University propone un cambio de enfoque frente a los métodos tradicionales.
Capturar rápido para reducir residuos peligrosos
El nuevo sistema combina filtración acelerada y destrucción posterior del contaminante. A diferencia de otras soluciones, no se limita a retener los PFAS, sino que prepara el terreno para eliminarlos.
El material central es un hidróxido doble laminar modificado con cobre. Esta estructura microscópica posee carga positiva, lo que atrae a los PFAS de carga negativa presentes en el agua.
Gracias a esta interacción, los contaminantes quedan atrapados con una velocidad hasta cien veces mayor que en filtros convencionales, reduciendo el volumen de residuos generados.
De la retención a la destrucción con menor impacto energético
Una vez capturados, los PFAS no permanecen indefinidamente en el filtro. El material puede someterse a un tratamiento térmico de menor intensidad que los procesos industriales habituales.
A temperaturas de entre 400 y 500 grados, los enlaces químicos más resistentes se rompen. El flúor liberado se fija a calcio y forma un residuo estable e inerte.
De este modo, se evita la creación de desechos tóxicos de larga vida y se reduce la huella energética del proceso.
Un problema extendido, con impacto local
Los PFAS están presentes en espumas contra incendios, envases, textiles, cosméticos y utensilios de cocina. Desde allí, su paso al agua resulta casi inevitable.
Europa, Estados Unidos y Asia registran concentraciones preocupantes en ríos y sistemas de abastecimiento. Por eso, la eliminación de los contaminantes ya existentes es tan urgente como su regulación.
Esta tecnología apunta justamente a ese tramo olvidado del problema: el saneamiento del entorno ya afectado.
Integración sencilla en infraestructuras existentes
Uno de los aspectos más relevantes del sistema es su compatibilidad con plantas de tratamiento actuales. Puede incorporarse sin rediseñar completamente la infraestructura.
Esto permite pensar en aplicaciones en depuradoras municipales, instalaciones industriales y sistemas móviles para zonas puntuales contaminadas.
Así, la innovación deja de ser una promesa de laboratorio y se acerca a escenarios reales de gestión ambiental.
¿Por qué este filtro parece ser la mejor opción?
La filtración rápida reduce la exposición de comunidades al agua contaminada y mejora la seguridad del suministro potable. Al mismo tiempo, disminuye la presión sobre ríos y ecosistemas acuáticos.
Además, el uso de materiales comunes y procesos menos extremos baja los costos y el consumo energético, facilitando su adopción a gran escala.
En conjunto, la tecnología ofrece una vía concreta para avanzar hacia aguas más limpias, menos residuos peligrosos y una gestión más responsable de los “químicos eternos”.
Fuente: noticiasambientales.com


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