Hay un gran debate entre los que prefieren agua caliente o fría, pero hay mucha verdad entre ambas opiniones, solo falta conocer todos los beneficios que cada uno aporta
El agua caliente tiene un lugar bien ganado en la cultura del bienestar. Desde los antiguos baños de vapor prehispánicos hasta las regaderas modernas, el calor ha sido utilizado como una herramienta de relajación y cuidado personal. Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explican que, aunque se trata de una práctica saludable, sus beneficios dependen en gran medida de la moderación.
En redes sociales se ha popularizado la recomendación de tomar una ducha caliente después de un día estresante de trabajo. Y sí, puede ser reconfortante, pero es importante entender cómo actúa en el cuerpo y cuáles son los límites saludables para cuidarse.
¿Es bueno bañarse con agua caliente?
Según información del “El Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana” de la UNAM se describe el baño caliente como un vasodilatador natural. Esto significa que favorece la circulación sanguínea y estimula la transpiración. De igual forma dan a conocer que a nivel muscular y nervioso, ayuda a disminuir la rigidez, relajar la tensión acumulada y aliviar algunas molestias inflamatorias leves.
Además, en condiciones controladas, puede mejorar la movilidad en casos de lesiones menores. Sin embargo, los especialistas advierten que el calor no debe utilizarse para acelerar la cicatrización de heridas, ya que el exceso de temperatura puede provocar el efecto contrario y retrasar la recuperación.
Recomendaciones para un baño saludable
La clave está en no exagerar. Para el uso cotidiano, la temperatura ideal del agua debe mantenerse entre 37.5 y 43 °C. Solo en contextos terapéuticos y bajo supervisión clínica se pueden alcanzar hasta 48 °C. Para disfrutar de los beneficios sin dañar la piel ni el sistema circulatorio.
- Mantener la temperatura entre 37.5 y 40 °C para el baño diario
- No prolongar la ducha más de 10 minutos
- Usar jabones suaves, sin perfumes ni detergentes agresivos
- Hidratar la piel al salir con crema
- Ajustar la frecuencia del baño según el clima, la actividad física y el estado de salud
¿Agua fría o caliente?
Aunque muchas personas prefieren el calor, el agua fría también tiene ventajas importantes. Ayuda a activar la circulación, reducir la inflamación muscular y aumentar el estado de alerta mental. También se asocia con una mejoría en el estado de ánimo, gracias a la liberación de endorfinas, y puede contribuir a que la piel y el cabello se vean más firmes y brillantes.
Además, las duchas frías pueden ser útiles después del ejercicio para disminuir la hinchazón y la sensación de pesadez muscular. No se trata de elegir un “bando” entre agua fría o caliente, sino de entender qué necesita tu cuerpo en cada momento. El agua caliente es ideal para relajarse y liberar tensión; la fría, para activar y recuperar.
Fuente: heraldodemexico.com.mx


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