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Tres fotos, un siglo y la cuenta regresiva de los glaciares en México

Una mesa de trabajo organizada por la UNAM muestra cómo se derriten los últimos tres glaciares que sobreviven en la punta del Iztaccíhuatl y el Pico de Orizaba

Tres fotografías muestran la muerte de los glaciares mexicanos. La primera, tomada durante la década de 1920 en blanco y negro enseña los pies de la mujer dormida, el Iztaccíhuatl, cubiertos de nieve. Una roca asoma levemente una de sus paredes y al fondo se observa la punta del Popocatépetl, que por la perspectiva parece como si estuviera a solo un par de metros, también bañado en blancura. En la segunda, capturada en 1999 en el mismo sitio y esta vez a color, también hay nieve, pero la capa que cubría la superficie ha perdido hasta 50 metros de espesor. La pared de la roca que 70 años atrás apenas era perceptible ahora domina el paisaje. Al fondo don Goyo, sin rastro de nieve. La tercera foto es de 2018, la nieve en el Iztaccíhuatl es prácticamente nula. Solo la superficie de tierra y piedras. Ese mismo año, el glaciar que había recibido el nombre de Ayoloco, fue declarado extinto.

Esta serie fotográfica formó parte de la mesa de trabajo Glaciares, cambio climático y gestión loca de caudales hídricos, organizada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a finales de marzo y en la que participó Hugo Delgado Granados, doctor en Ciencias y uno de los vulcanólogos más importantes de México, quien ha dedicado su vida a estudiar los glaciares nacionales. También contribuyeron en la ponencia Francisco Estrada Porrúa, doctor en Economía y Sophie Ávila Foucat, doctora en Economía Ambiental.

Los glaciares mexicanos, que a mediados del siglo XIX eran 18, se encontraban en las montañas más altas del país, todas en el Estado de Puebla y todas, en volcanes: el Iztaccíhuatl, con su punto más alto a 5.286 metros sobre el nivel del mar; el Popocatépetl, a 5.420 metros sobre el nivel del mar; y el Citlaltépetl, conocido como Pico de Orizaba, que colinda con Veracruz, a 5.640 metros sobre el nivel del mar.

Estos tres volcanes se encuentran en la latitud 20º norte, una franja que cruza el globo terrestre y pasa por el norte de África, Oriente Medio y el sur de Asia. Los glaciares que alguna vez se posaron en estas montañas son los únicos en esta franja. De los 18, ahora solo quedan tres. EL PAÍS subió el Iztaccíhuatl en 2021, junto a Delgado Granados y un investigador más de la UNAM quienes colocaron una placa metálica en una de las paredes del lugar. “La placa nos recuerda que aquí estuvo el Ayoloco”, explicó el vulcanólogo en su momento.

Durante la mesa de trabajo de 2025, que se puede ver en YouTube, Delgado Granados comenta que dos glaciares que aún sobreviven en el Iztaccíhuatl, y se niegan a morir, pese a que se encuentran por debajo de la línea de equilibrio, a 5.300 metros sobre el nivel del mar. “La razón por la que todavía prevalecen es porque están anidados en los cráteres del volcán. Esto los protege de alguna forma. Pero, glaciológicamente hablando, ya no deberían de estar allí”, comenta. La línea de equilibrio corresponde al límite entre la zona de acumulación y de ablación de un glaciar, según el glosario del Laboratorio de Glaciología de la Universidad de Chile.

Los glaciares del Iztaccíhuatl tenían una extensión 1,21 kilómetros cuadrados en su primer inventario, publicado en 1964. Para el segundo inventario, publicado en 2005, la extensión se había reducido a 0,97 kilómetros cuadrados. Lo que significa una pérdida del 20% en 24 años, un retroceso de 10.122 metros cuadrados por año.

Con el Pico de Orizaba, Granados explica que una de las razones que influye en la muerte de su glaciar, que tenía 9,5 kilómetros cuadrados de masa glaciar y ha bajado a tres, es el despertar del mismo volcán, que fue lo que acabó con los dos glaciares en el Popocatépetl, declarados extintos en 2000. El vulcanólogo concluye que el mejor ejemplo del impacto que ha tenido el cambio climático en México es lo que ha sucedido en los picos más altos de las montañas y reconoce que es tarde para intentar salvar los glaciares.

Fuente: elpais.com

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