¿Por qué creemos tener la razón, aunque no la tengamos? Esto dice la ciencia

El estudio muestra cómo las personas asumen que tienen suficiente información para decidir, incluso cuando solo poseen la mitad de los datos

Muchas veces estamos completamente seguros de que tenemos la razón, incluso cuando la realidad nos demuestra lo contrario. Esto ocurre porque nuestro cerebro, de manera automática, selecciona la información que confirma lo que ya creemos y descarta aquello que lo contradice.

Aunque este mecanismo nos brinda una sensación de seguridad, también nos vuelve más propensos a cometer errores sin darnos cuenta. Este fenómeno se conoce como sesgo de confirmación y afecta directamente la forma en que interpretamos el mundo y tomamos decisiones en nuestra vida diaria.

A esto se suman el orgullo y el miedo a equivocarnos, factores que dificultan aún más la apertura hacia nuevas ideas. Esta resistencia al cambio puede impactar negativamente nuestras relaciones personales, limitar nuestra capacidad de aprendizaje y dificultar nuestra adaptación en entornos como la escuela o el trabajo.

En muchos casos, esta actitud puede llevarnos a ser percibidos como tercos o necios, sin que notemos que estamos atrapados en nuestra propia forma de pensar.

Sin embargo, existen estrategias que nos permiten entrenar la mente para evitar estas trampas cognitivas y así mejorar nuestra forma de razonar. Por ello, en este artículo exploraremos por qué nos cuesta cambiar de opinión, cómo esto influye en distintos aspectos de nuestra vida y qué herramientas podemos aplicar para desarrollar una mentalidad más abierta, crítica y flexible ante nuevas ideas sobre cómo entender el mundo.

Fuente: nacion.com

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