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Las huellas que no deberían existir: El hallazgo que desafía la historia humana en América

En un remoto desierto de Estados Unidos, científicos han descubierto rastros humanos con más de 23.000 años de antigüedad. El problema es que, según las teorías oficiales, nadie debería haber estado allí en ese momento. ¿Podría cambiarse para siempre lo que sabemos sobre la llegada del ser humano a América?

No todas las huellas del pasado están grabadas en piedra: algunas están impresas en el barro endurecido, esperando miles de años para ser descubiertas. En un desierto del suroeste de Estados Unidos, un hallazgo reciente ha hecho temblar los cimientos de la historia oficial. Lo que parecía imposible acaba de ser confirmado por la ciencia: alguien caminaba por América miles de años antes de lo que creíamos.

El descubrimiento que cambia el calendario de la humanidad

En el Parque Nacional White Sands, en Nuevo México, arqueólogos hallaron huellas humanas fosilizadas que datan de hace 23.000 años, mucho antes de la fecha aceptada para la llegada del ser humano a América. Según las teorías tradicionales, los primeros pobladores habrían cruzado el estrecho de Bering tras el retroceso de los glaciares, hace unos 13.000 años. Pero estas pisadas, halladas en capas de sedimento del Último Máximo Glacial, cambian esa narrativa por completo.

El equipo, liderado por investigadores de la Universidad de Bournemouth, utilizó métodos de datación cruzados para confirmar la antigüedad del hallazgo. Se analizaron granos de cuarzo con luminiscencia ópticamente estimulada, y también polen fosilizado de pinos y plantas acuáticas incrustadas en el barro donde se hallaron las huellas. Ambos métodos arrojaron fechas coherentes que apuntan a un mismo periodo: hace más de 20.000 años.

Un día cualquiera… hace 23.000 años

Las pisadas no son solo pruebas físicas: cuentan una historia. El sitio conserva escenas de la vida cotidiana de nuestros antepasados. Se identificaron huellas de niños jugando, jóvenes caminando con bebés en brazos, e incluso desplazamientos que podrían sugerir huida, quizás ante la amenaza de depredadores como el perezoso gigante, cuyas huellas también fueron halladas cerca.

Según la investigadora Sally Reynolds, el sitio ofrece una “fotografía congelada en el tiempo”, donde pueden rastrearse interacciones sociales entre generaciones. Algunas huellas son visibles a simple vista, mientras otras fueron detectadas con radar de penetración terrestre, lo que permite estudiar el terreno sin dañarlo.

¿Quiénes eran y cómo llegaron?

La gran incógnita es quiénes eran estos antiguos habitantes. Su presencia en América miles de años antes de lo previsto sugiere rutas migratorias anteriores al deshielo del estrecho de Bering. Esto implicaría que los humanos llegaron en condiciones climáticas extremas, quizás por rutas costeras hoy sumergidas, o incluso antes de que el continente estuviera completamente aislado.

Para Matthew Bennett, coautor del estudio, estos hallazgos “actualizan lo que sabíamos sobre los modos de vida y los movimientos de nuestros antepasados”. No se trata solo de confirmar una fecha, sino de reinterpretar cómo vivían, se desplazaban y se relacionaban entre ellos hace más de dos milenios de lo que se pensaba.

Un archivo natural de la historia humana

Este yacimiento, conservado en el barro solidificado del desierto, se perfila como una nueva fuente de conocimiento sobre la evolución humana. No solo aporta fechas, sino evidencias vivas de emociones, rutinas y supervivencia. Las pisadas no reflejan solo movimiento: muestran comunidad, juego, cuidado y miedo.

La posibilidad de que existan otros sitios similares enterrados bajo capas de tierra y tiempo abre una nueva línea de exploración arqueológica. Este hallazgo es, quizás, solo la primera señal de que la historia de la humanidad en América es mucho más antigua —y compleja— de lo que creíamos. Y las huellas seguirán apareciendo, silenciosas, para contar lo que los libros aún no se atreven a escribir.

Fuente: gizmodo.com

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