La democracia no nació en Grecia y Roma: pueblos antiguos de todo el planeta crearon sistemas para limitar el poder de sus líderes

Los investigadores descubren que el uso del espacio es “muy revelador” para conocer el nivel de autocracia

No fue solo en Grecia y Roma. Muchas sociedades de todo el planeta desarrollaron fórmulas para limitar el poder de sus gobernantes y dar voz al pueblo. Así lo indica una nueva investigación que ha analizado evidencia arqueológica e histórica de hasta 31 sociedades antiguas de Europa, Asia y América.

Lo que han descubierto los especialistas del Museo Field de Chicago es que la gobernanza compartida e inclusiva era mucho más común de lo que se creía. “Las elecciones no son precisamente el mejor indicador de lo que constituye una democracia, así que intentamos basarnos en ejemplos históricos de organización política humana”, dice Gary Feinman, autor principal del artículo publicado en la revista Science Advances.

Elecciones democráticas, pero no siempre

En una autocracia, entre las que se incluyen las monarquías y las dictaduras, una sola persona o un pequeño grupo concentra todo el poder. En una democracia, las decisiones se comparte entre el pueblo. Las elecciones suelen ir de la mano con la democracia, pero no siempre: muchos autócratas han sido elegidos en unos comicios.

“Definimos dos dimensiones clave de la gobernanza. Una de ellas es el grado de concentración del poder en un solo individuo o institución. La otra es el grado de inclusión: cuánto acceso tiene la mayoría de los ciudadanos al poder y puede participar en algunos aspectos del gobierno”, apunta Feinman.

El investigador del Museo Field y sus colegas examinaron 40 casos de 31 unidades políticas diferentes de Europa, Norteamérica y Asia, abarcando miles de años. Estas sociedades tenían distintos métodos de registro, y no todas dejaron constancia escrita. Por lo tanto, el equipo tuvo que encontrar diferentes maneras de inferir cómo eran sus gobiernos.

“Creo que el uso del espacio es muy revelador. Cuando se encuentran áreas urbanas con amplios espacios abiertos, o cuando se observan edificios públicos con espacios amplios donde la gente puede reunirse e intercambiar información, esas sociedades tienden a ser más democráticas”, comenta en un comunicado Gary Feinman.

A menudo se asume que las prácticas democráticas se originaron en Grecia y Roma. Pero la realidad es que hay algunos vestigios arquitectónicos y urbanísticos que indican si estamos ante una sociedad donde el poder se concentraba en un número reducido de personas.

“Si se observan pirámides con un espacio mínimo en la cima, o planos urbanos donde todas las calles convergen hacia la residencia del gobernante, o sociedades con muy poco espacio para que la gente se reúna e intercambie información, todos estos son indicadores de regímenes más autocráticos”, afirma.

El equipo examinó 40 casos documentados por arqueólogos e historiadores, y analizó sistemáticamente diferentes aspectos de la arquitectura, el arte y la planificación urbana de esos sitios. Por ejemplo, las representaciones artísticas de gobernantes con proporciones gigantescas y las tumbas monumentales asociadas a ellos apuntan a una mayor autocracia, mientras que las plazas abiertas y la escasa representación de los líderes son indicadores de un poder menos concentrado.

El estudio utiliza edificios, inscripciones, planos urbanos, sistemas administrativos y señales de desigualdad económica para medir cómo las sociedades equilibraban el poder político y qué factores contribuyeron a los ejes de variación en la gobernanza que registraron.

Crearon un “índice de autocracia”

Para ello crearon un “índice de autocracia” para ubicar a cada sociedad en un espectro que va desde altamente autocrática hasta fuertemente colectivista. Existe la creencia arraigada de que Atenas y la Roma republicana fueron las únicas dos democracias del mundo antiguo, y que en Asia y América, el gobierno era tiránico o autocrático”, dice Feinman.

“En nuestro análisis, sin embargo, hallamos sociedades en otras partes del mundo que eran igual de democráticas” que las dos potencias clásicas del Mediterráneo. “Los hallazgos muestran que tanto la democracia como la autocracia estaban muy extendidas en el mundo antiguo”, observa David Stasavage, de la Universidad de Nueva York.

La coautora Linda Nicholas, antropóloga del Museo Field, señala que las sociedades “también desarrollaron formas para que las personas compartieran el poder y fomentaran la inclusión, lo que revela que la democracia tiene raíces históricas profundas y generalizadas. Creo que a mucha gente le sorprenderá».

Los investigadores descubrieron que el tamaño de la población y el número de niveles políticos no determinaban si una sociedad sería autocrática, lo que cuestiona la idea establecida de que la escala demográfica y política conduce naturalmente a gobernantes fuertes.

En cambio, según Feinman, “el factor más determinante del poder de los gobernantes era cómo financiaban su autoridad”. Las sociedades que dependían en gran medida de ingresos controlados o monopolizados por los líderes -minas, rutas comerciales de larga distancia, trabajo esclavo o botín de guerra- tendían a volverse más autocráticas.

Las sociedades financiadas mediante impuestos internos generalizados o trabajo comunitario eran, por el contrario, más propensas a distribuir el poder y mantener sistemas de gobierno compartido. Y las sociedades con sistemas políticos más inclusivos generalmente presentaban menores niveles de desigualdad económica.

“Estos hallazgos cuestionan la idea de que la autocracia y la gran desigualdad sean consecuencias naturales o inevitables de la complejidad o el crecimiento”, afirma Feinman. “La historia demuestra que personas de todo el mundo han creado sistemas políticos inclusivos, incluso en condiciones difíciles”, añade.

Fuente: lavanguardia.com

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