Un equipo encabezado por el Dr. Tony Wyss-Coray identificó factores en la sangre asociados con regeneración celular y preservación cognitiva, aunque advirtió que solo los hábitos saludables cuentan hoy con respaldo comprobado en humanos
El Dr. Tony Wyss-Coray, profesor de neurología en la Universidad de Stanford, investiga cómo las proteínas rejuvenecedoras, activadas por el ejercicio físico, la luz solar y el ayuno intermitente, pueden favorecer la vitalidad y la salud cerebral en personas mayores. En una extensa entrevista en el Huberman Lab podcast describió los avances científicos recientes y las cautelas sobre longevidad saludable.
En colaboración con otros especialistas, Wyss-Coray profundizó en el estudio de factores presentes tanto en sangre joven como en muestras de plasma obtenidas tras ejercicio. Ha demostrado, en modelos animales y experimentos clínicos, que estos factores pueden restaurar funciones cognitivas y promover la regeneración de tejidos envejecidos.
“Se ha observado que las células madre cerebrales en ratones viejos pueden reactivarse y mejorar su memoria tras recibir factores de sangre joven”, afirmó Wyss-Coray al conductor del podcast, Andrew Huberman.
Enfatizó que experimentos pioneros con parabiosis y transfusiones de componentes específicos permitieron avances relevantes en la comprensión del envejecimiento.
Proteínas rejuvenecedoras activadas por el ejercicio y el ayuno
Durante la conversación, el especialista detalló por qué el ejercicio y el ayuno intermitente despiertan interés para la investigación molecular. “El ejercicio desencadena la liberación de proteínas como la clusterina, que contribuye a una mejor función cerebral”, explicó.
Asimismo, especificó que esta proteína se libera en el hígado durante la actividad física y viaja al cerebro, donde modula la plasticidad y la protección neural.
También señaló el papel del factor de diferenciación del crecimiento 11 (GDF11) y la proteína Klotho, ambas presentes en mayores niveles en sangre joven o bajo intervenciones como el ejercicio. “En nuestros experimentos, al administrar clusterina sintética en ratones, pudimos reproducir algunos de los beneficios del ejercicio sobre el cerebro”, detalló.
Insistió en que el plasma obtenido durante el ayuno o después de la actividad física no solo refleja el estado de salud, sino que puede contribuir a mecanismos de reparación celular.
El investigador describió también la sangre como “un cóctel natural de longevidad”, capaz de transmitir señales entre órganos y modular la edad biológica mediante proteínas circulantes y otros factores.
“El reto es identificar cuáles son estas moléculas clave y si es posible combinarlas en un preparado terapéutico para amplificar el efecto”, precisó en el Huberman Lab podcast.
El papel de la luz solar y el entorno en la vitalidad
El entorno y la luz solar emergen como agentes que además de favorecer el ánimo, guardan relación con la esperanza de vida. Mencionó estudios poblacionales en los que una mayor exposición al sol se vincula con mayor longevidad, aunque advirtió que la correlación podría deberse, en parte, a estilos de vida más activos.
El científico precisó la importancia de distinguir correlación y causalidad. Considera que experimentar la luz natural al aire libre puede beneficiar tanto a la salud física como mental. A nivel personal, expresó su preferencia por hacer ejercicio al aire libre y aprovechar la luz solar como parte indispensable de su bienestar.
En la conversación, el neurocientífico Huberman profundizó en la influencia de la adaptación biológica al entorno, la exposición a ritmos naturales de luz y la vida social, factores que pueden incidir en los denominados marcapasos biológicos y en la salud general.
Límites, cautelas y futuro de las terapias antienvejecimiento
A pesar del entusiasmo que rodea el futuro de la intervención molecular en el envejecimiento, Wyss-Coray remarcó los límites y riesgos. “No existe actualmente ningún tratamiento, aparte de dieta y ejercicio, que haya demostrado prolongar la esperanza de vida humana”, enfatizó.
Recordó que, aunque suplementos como NAD/NMN o la proteína Klotho han mostrado efectos positivos en modelos animales, todavía no existe respaldo clínico suficiente para recomendar su uso en personas sanas.
El especialista advirtió sobre los riesgos de recurrir a intercambios terapéuticos de plasma u otros procedimientos de rejuvenecimiento que se ofrecen en clínicas no reguladas fuera de Estados Unidos.
“Antes de considerar cualquier tratamiento, debe demostrarse su seguridad y eficacia en estudios controlados y doble ciego”, recomendó. Y agregó sobre la suplementación: “En muchos casos los productos no contienen la sustancia prometida, y su estabilidad puede ser limitada”.
Wyss-Coray destacó que el futuro de la medicina antienvejecimiento será individualizado y que probablemente requiera combinaciones terapéuticas ajustadas a cada caso y órgano específico. “No existe una proteína milagrosa; será necesario adaptar la intervención a cada situación”, enfatizó.
Estilo de vida, salud social y cultura en la longevidad
Más allá de la ciencia, el neurólgo subrayó el impacto de la alimentación fresca, la socialización y la moderación en la salud a largo plazo. Compartió su experiencia sobre las diferencias entre los estilos de vida de Suiza y Estados Unidos, haciendo hincapié en la importancia de comer productos frescos, cocinar en casa y evitar los excesos, tanto alimentarios como de alcohol.
“Muchos centenarios mantuvieron una vida social activa y moderación en sus costumbres”, afirmó, y subrayó que la cultura de la longevidad se relaciona tanto con los lazos sociales y el bienestar psicosocial como con factores moleculares.
El experto concluyó que hábitos como dormir adecuadamente, limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, mantener una actividad física constante y compartir tiempo de ocio con otros son determinantes que influyen significativamente en la esperanza de vida saludable.
Fuente: infobae.com


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