Científicos canadienses diseñan barrera reutilizable para vertederos que elimina casi todos los micro y nanoplásticos del lixiviado.
- Lixiviados cargados de plástico.
- Nanopartículas invisibles.
- Membrana de doble barrera.
- Filtrado químico y electrostático.
- Protección de acuíferos.
- Vertederos más inteligentes.
Escudo de doble capa contra la contaminación por microplásticos
Investigadores de la Universidad de Columbia Británica en Okanagan han desarrollado un sistema de filtración por membrana de doble capa capaz de reducir de forma drástica la fuga de microplásticos y nanoplásticos desde los vertederos hacia acuíferos, ríos y humedales. El trabajo, publicado en una revista científica de referencia en gestión ambiental, aborda uno de los puntos ciegos más serios de la economía del residuo: lo que ocurre cuando la lluvia atraviesa montañas de basura y arrastra consigo contaminantes microscópicos.
La doctora Sumi Siddiqua y el doctorando Mahmoud Babalar, ambos del departamento de Ingeniería, han diseñado una membrana que no se limita a “colar” el agua sucia, sino que interactúa químicamente con las partículas de plástico y las inmoviliza antes de que puedan escapar al entorno. No es una mejora incremental. Es un cambio de lógica: de dejar pasar y tratar después, a bloquear en origen.
Los vertederos son amenazas silenciosas para nuestro entorno
Los vertederos modernos ya no son simples agujeros en el suelo, pero siguen siendo enormes reactores químicos a cielo cubierto. Con el tiempo, los envases, tejidos sintéticos, espumas y polímeros de todo tipo se fragmentan en partículas cada vez más pequeñas, hasta llegar al tamaño de bacterias o incluso menor. Esas partículas acaban suspendidas en el lixiviado, ese líquido oscuro y agresivo que se forma cuando el agua de lluvia atraviesa los residuos.
Los sistemas actuales están pensados para retener líquidos, no sólidos microscópicos. Y ahí está el problema. Los nanoplásticos, por su tamaño y carga eléctrica, atraviesan muchos de los materiales de drenaje convencionales como si nada. Una vez en el subsuelo, viajan con el agua, entran en acuíferos y terminan, tarde o temprano, en el ciclo del agua potable.
Leachate: el cóctel invisible
Babalar lo explica de forma directa: el lixiviado ya no es solo una sopa química, es también un reservorio de plásticos ultrafinos. En vertederos donde entran miles de toneladas de residuos al año, la cantidad de polímeros fragmentados es enorme, aunque no se vea. Y lo más inquietante es que esos fragmentos no se degradan como una hoja o una cáscara de fruta. Persisten durante décadas, transportando aditivos, metales pesados y compuestos orgánicos adheridos a su superficie.
Membrana de matriz modificada de doble capa
La solución propuesta funciona como una doble muralla. La primera capa utiliza afinidad química para atraer y fijar micro y nanoplásticos incluso cuando el lixiviado está saturado de materia orgánica. No es un simple tamiz: es una superficie diseñada para capturar plásticos por su propia química.
La segunda capa entra en juego cuando algo logra pasar. Allí, las fuerzas electrostáticas repelen las partículas restantes y evitan que la membrana se obstruya. Eso es clave. En entornos tan agresivos como un vertedero, la mayoría de los filtros se colapsan en poco tiempo. Aquí, la combinación de ambas capas permite flujo continuo de agua y, a la vez, una retención altísima de contaminantes.
En pruebas de laboratorio, el sistema eliminó prácticamente todos los microplásticos y más del 98 % de los nanoplásticos. Y no fue un uso único. La membrana pudo limpiarse mediante retrolavado y volver a funcionar sin perder rendimiento. Esa capacidad de reutilización no es un detalle menor: implica menos materiales, menos residuos y menos costes operativos.
Materiales pensados para durar
La membrana se fabrica con materiales químicamente estables, capaces de resistir cambios de temperatura, pH extremos y la agresividad del lixiviado real. Nada de prototipos frágiles de laboratorio. La idea es que pueda integrarse en infraestructuras de vertedero que operan durante décadas.
En un contexto donde muchos países están revisando sus normativas de gestión de residuos y de protección de aguas subterráneas, tecnologías así encajan con una tendencia clara: pasar de vertederos pasivos a sistemas activos de contención y control de la contaminación.
Potencial
Integrar membranas de doble capa en nuevos vertederos, y progresivamente en los existentes, abre la puerta a una gestión de residuos mucho más alineada con la economía circular. Menos fuga de contaminantes implica aguas más limpias, menos necesidad de tratamientos costosos aguas abajo y más seguridad para reutilizar recursos hídricos.
En combinación con políticas de reducción de plásticos, reciclaje avanzado y diseño de materiales más fáciles de recuperar, este tipo de tecnología actúa como una red de seguridad ambiental. No sustituye a la prevención, pero sí limita el daño cuando la prevención falla. Y eso, en un planeta ya saturado de residuos, importa. Mucho.
Fuente: ecoinventos.com


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