El estrés en la infancia puede dejar huellas que perduran hasta la vida adulta

Dra. Lorraine Jaimes-Hoy

La infancia, ¿recuerdas qué etapa tan maravillosa… y vulnerable? Seguramente has escuchado decir que las primeras experiencias que vivimos de niños pueden marcarnos de por vida, e influir en las decisiones y rumbo que tomamos como adultos, pero ¿sabías que también pueden cambiar la forma en que funcionan las células de tu cuerpo, llevándote a la enfermedad? El entorno (familiar, escolar, social) en el que crece un niño, determina en gran medida cómo se va a desarrollar su organismo y su cerebro durante los primeros años de vida, e inclusive puede moldear su personalidad. Por ejemplo, una mala alimentación, experiencias traumáticas, o un ambiente familiar inadecuado (abuso físico y/o emocional, rechazo de los padres o deficiencia en el cuidado materno), son factores ambientales que pueden contribuir a una disminución de la memoria y del aprendizaje, y a que de adulto seas más propenso a tener episodios de depresión, ansiedad e inclusive a desarrollar enfermedades crónicas como la obesidad, diabetes y enfermedades del corazón. Sin embargo, ¿cómo puede afectar tu salud el medio ambiente que te rodea? La alimentación, toxinas, estrés o el consumo de tabaco, por ejemplo, y las experiencias de vida (buenas y malas) pueden prender (expresar) o apagar (silenciar) tus genes. Los genes son las unidades que almacenan la información de cómo deben funcionar las células de tu cuerpo. La expresión de los genes dicta qué proteínas se producen y, dependiendo de qué genes se prendan o apaguen, y del órgano o tejido del cuerpo donde esto suceda, pueden aparecer distintos tipos de enfermedades o, por el contrario, ser más resistente a desarrollarlas.

Todavía más interesante es el hecho de que una buena dosis de amor de mamá, puede influir en que uno o varios genes se prendan o apaguen en el cerebro del bebé, alterando la producción de proteínas en él, provocando que en etapas posteriores e inclusive de adulto, seas menos ansiosos o miedoso. Este tema nos interesó y nos dimos a la tarea de estudiarlo, pero usando un “modelo biológico” más fácil de estudiar: las ratas.

¿Cómo estudiar los efectos que tiene el cuidado materno en las ratas? Cuando una rata es una buena mamá, lame y asea a sus crías, además, se coloca en una posición con la espalda arqueada, lo que le permite amamantar adecuadamente a todas las crías. Nosotros utilizamos un método llamado “separación materna”, que consiste precisamente en separar a las crías de su mamá, tres horas diarias, durante las tres primeras semanas de vida, que es el tiempo que dura la lactancia. Esto conlleva a que la mamá se estrese, aumentando su ansiedad y, como consecuencia, disminuye la cantidad de atenciones (como el lamer y asear) hacia sus crías. Estas deficiencias en el cuidado materno, ocasionan que las ratitas (inclusive de adultas) sean más ansiosas cuando son expuestas a un entorno que no les es familiar, debido a que aumenta la producción de un mensajero químico (u hormona) llamado corticosterona. Incluso, observamos efectos sobre el peso: las ratitas cuando ya son adultas pesan más y acumulan mayor grasa comparado con las ratas que nunca fueron separadas de su mamá. También se ve afectado un sistema hormonal encargado de regular la cantidad de calorías que se “queman” (metabolizan) diariamente y de que el cuerpo genere calor durante la exposición al frío. Este sistema se encarga de producir las hormonas de la glándula tiroides (hormonas tiroideas). La producción de hormonas tiroideas es controlada por la hormona liberadora de tirotropina (conocida como TRH) producida en una zona del cerebro (hipotálamo) encargada de regular el peso corporal y la cantidad de alimento que se consume día a día. La separación materna en las ratas produce que se exprese (prenda) el gen de la TRH en la adolescencia, y así se mantiene hasta la adultez. Otra función muy importante que tiene este sistema hormonal, es la de contribuir a conservar energía en periodos de hambruna, como por ejemplo cuando estás a dieta. Esto se logra al disminuir la producción de hormonas tiroideas y es un mecanismo de adaptación que tiene el cuerpo ante la disminución del consumo de alimentos. Este mecanismo también se ve afectado en las ratas adultas que tuvieron separación materna durante la etapa de la lactancia.

Nuestra investigación demuestra que la conducta de las ratas mamás hacia sus crías durante la etapa de la lactancia, influye en la forma en que las crías reaccionen a un estrés cuando son adultas (entorno novedoso, ayuno) cambiando la expresión de distintos genes y la producción de hormonas. Los trabajos realizados en ratas nos están enseñando cómo las experiencias en la infancia (buenas y malas) pueden dejar una huella que perdura hasta la vida adulta, enfatizando la importancia de cuidar, querer y proteger a la infancia. Así es que ¡a dar mucho amor a los niños!

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Fuente: Revista Biotecnología en Movimiento