Nuevos marcadores de la virulencia bacteriana

La mayoría de las cepas bacterianas de Escherichia coli se encuentran en el intestino humano de forma habitual, donde contribuyen a la digestión, y no suponen ningún riesgo para la salud. Sin embargo, ciertos tipos de esta bacteria causan intoxicaciones alimentarias y pueden llegar a ser mortales, como la cepa O104:H4, que en 2011 causó varias muertes en Alemania. Estos tipos virulentos de E. coli se clasifican en patotipos, que se definen por una combinación de factores de virulencia (moléculas producidas por las bacterias que contribuyen a su patogenicidad), el fenotipo y el cuadro clínico asociado.

Una buena parte de los patotipos de E. coli ya se pueden identificar y caracterizar gracias al estudio de la distribución de los genes de virulencia en las cepas aisladas de los pacientes infectados. No obstante, el fenotipo de virulencia no está asociado estrictamente a cada patotipo. Es decir: un mismo patotipo puede ser más o menos virulento en función de la cepa y el serotipo al que pertenezcan, y presentar diferentes factores de virulencia.

En un estudio reciente, investigadores del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) y de la Universidad de Barcelona (UB) han examinado la correlación entre la presencia de ciertos genes y el fenotipo de virulencia de las cepas patógenas de E. coli, y han descubierto que los genomas de varias cepas de patógenos intestinales enteroagregativos (que forman agregados en la superficie de la mucosa intestinal) de E. coli albergan dos variantes de un gen que codifica una molécula que actúa como modulador global. El gen en cuestión es el hha y las variantes se denominan hha2 y hha3 y predominan en las cepas aisladas de E. coli que producen toxinas Shiga en pacientes infectados, como ocurre en la cepa O104:H4. Las variantes hha2 y hha3 también predominan en las cepas de E. coli tipo ST131, que son resistentes a los antibióticos, provocan infecciones fuera del intestino y son de distribución mundial.

«Hemos puesto de manifiesto que la detección de estos tipos de proteínas y de sus genes puede ser una nueva estrategia para identificar los serotipos patógenos bacterianos», explica Antonio Juárez, investigador del IBEC y de la UB que ha dirigido el estudio. «En el caso de E. coli, si somos capaces de amplificar las variantes hha2 y hha3 y establecerlas como indicadores de la virulencia de las cepas de E. coli aisladas del ambiente y de los pacientes, podremos detectar fácilmente las variantes patógenas, y así prevenir mejor los brotes infecciosos.»

Fuente: investigacionyciencia.es

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