“Fugas” en la barrera que protege al cerebro podrían explicar la aparición del alzhéimer

El alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa, esto es, causada por la destrucción de las neuronas cerebrales que se produce por la acumulación en el cerebro de placas de beta-amiloide y proteínas tau, altamente tóxicas para las neuronas. Sin embargo, la razón por la que se inicia esta neurodegeneración todavía no ha sido identificada. Quizás sea, como sugieren algunos estudios, el efecto colateral de la respuesta inmune a una infección cerebral por un virus, una bacteria o un hongo. O podría ser la consecuencia de la apertura de ‘fugas’ en la barrera hematoencefálica, una estructura histológica y funcional que protege al Sistema Nervioso Central, lo que conllevaría que las neurotoxinas tuvieran una mayor facilidad para alcanzar el cerebro. Y es que como muestra un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del Centro Médico de la Universidad de Maastricht (Países Bajos), la presencia de estas fugas en la barrera hematoencefálica es mucho mayor ya en las fases iniciales del alzhéimer y se asocia a un mayor deterioro cognitivo.

 

Como explica Walter H. Backes, director de esta investigación publicada en la revista «Radiology», «la mayor permeabilidad de la barrera hematoencefálica, o lo que es lo mismo, la presencia de ‘fugas’ en esta barrera, implica que el cerebro ha perdido sus mecanismos de protección, por lo que la estabilidad de las células cerebrales se encuentra alterada y el entorno en el que interactúan las neuronas está condicionado por la enfermedad. El resultado final de esta situación es la posible presentación de una funcionalidad anómala del cerebro».

Permeabilidad ‘cognitiva’

La barrera hematoencefálica es la capa formada por la unión estrecha de células cerebrales endoteliales que separa al cerebro del torrente sanguíneo. Concretamente, la barrera hematoencefálica tiene como misión fundamental permitir un correcto aporte de nutrientes al cerebro y, a su vez, evitar la entrada de sustancias dañinas. Y para ello, presenta una permeabilidad altamente selectiva, dejando pasar los nutrientes y cerrando la entrada a los compuestos neurotóxicos. El problema, sin embargo, se produce cuando esta permeabilidad no es ‘tan selectiva’, lo que da lugar a la aparición de ‘fugas’.

Como apuntan los autores, «nuestros resultados sugieren que el incremento de la permeabilidad de esta barrera hematoencefálica podría suponer un mecanismo clave en las fases iniciales de la enfermedad de Alzheimer».

En el estudio, los investigadores compararon las imágenes por resonancia magnética de los cerebros de 16 pacientes con alzhéimer en fase inicial con las de los cerebros de 17 individuos sin la enfermedad –los denominados ‘sujetos control’.

Los resultados mostraron una mayor y estadísticamente significativa tasa de fugas en la barrera hematoencefálica de los pacientes con alzhéimer, muy especialmente en la materia gris y distribuida a lo largo de todo el telencéfalo –esto es, la parte anterior y más voluminosa del cerebro.

 

Y este mayor número de fugas, ¿tiene alguna relación directa con la enfermedad de Alzhéimer? Pues de acuerdo con los resultados, sí, y mucha. De hecho, el estudio muestra la existencia de una asociación entre el nivel de daño en la barrera hematoencefálica y el grado de deterioro cognitivo, lo que sugiere, como destaca Walter Backes, «que el daño en esta barrera juga un papel en la patología inicial del alzhéimer y puede ser parte de una cascada de eventos que pueden conllevar, cuando menos eventualmente, al deterioro cognitivo y a la demencia».

Es más; la presencia de otras enfermedades como la diabetes o la patología cardiovascular no influyó de ninguna manera sobre la relación entre la alteración de la permeabilidad de la barrera hematoencefálica y el deterioro cognitivo.

¿Diagnóstico más precoz?

El descubrimiento del papel que, aun desde un punto de vista teórico, juegan las fugas en la barrera hematoencefálica sobre el desarrollo del alzhéimer podría tener aplicaciones prácticas en el tratamiento de la enfermedad. O así podría ser, cuando menos, en el futuro.

Pero como indica Walter Backes, «la principal ventaja de la detección de las fugas en esta barrera hematoencefálica mediante la imagen por resonancia magnética es que ya podemos detectar la presencia de cambios microvasculares tempranos en el alzhéimer incluso en aquellos casos en los que no hay anomalías cerebrovasculares visibles».

Tal es así que, como concluye el director de la investigación, «nuestros hallazgos ofrecen una herramienta novedosa para analizar el papel del daño de la barrera hematoencefálica en la aparición de la enfermedad de Alzhéimer y en la progresión de las fases previas a la demencia».

Fuente: ABC

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