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Los secretos de Eliud Kipchoge para correr más rápido que nadie

Los secretos de Eliud Kipchoge para correr más rápido que nadie

Eliud Kipchoge, el maratonista más premiado del planeta, es un hombre de autodisciplina. Se levanta a las 5 para correr. Divide su tiempo entre su hogar en Eldoret, Kenia, donde vive con su esposa y sus tres hijos, y un campo de entrenamiento a 2400 metros sobre el nivel del mar donde comparte las tareas de limpieza con sus compañeros de equipo.

Kipchoge es un hombre rico, pero aún así tiene que lavar el baño.

Desde que empezó a tomar en serio el deporte, ha llevado un registro en una libreta de cada uno de sus entrenamientos. Los miles de kilómetros que ha documentado lo impulsaron a la cumbre de su profesión.

Pero quizás lo que es más extraño de Kipchoge, de 33 años, es lo que no hace: extralimitarse en el entrenamiento. Él estima que rara vez supera el 80 por ciento de su esfuerzo máximo. En lugar de ello, reserva lo mejor de sí, el 100 por ciento, para el día de la carrera —para las maratones que gana y para las marcas que busca romper.

“Quiero correr con una mente relajada”, dice.

Kipchoge ha ganado 10 de las 11 maratones en las que ha competido. Es el campeón olímpico actual. Acaba de dejar en el polvo el récord mundial por más de un minuto al ganar la Maratón de Berlín en 2 horas, 1 minuto y 39 segundos.

“Simplemente voy a tratar de correr mi mejor marca personal. Si se convierte en un récord mundial, me encantaría. Pero yo lo vería como una marca personal”, dijo antes de esa carrera.

Con 1,70 metros de estatura y 52 kilos de peso, Kipchoge tiene el físico de un dibujo anatómico, un cuerpo torneado para el máximo desempeño cardiovascular. Al mismo tiempo, hendiduras en sus mejillas le dan la apariencia de alguien más grande, dándole un aire de sabiduría curtida por el tiempo. No es publicidad falsa. Cuando habla, las palabras surgen lenta y cuidadosamente.

Kipchoge es la clase de persona que dice cosas como: “Sólo los disciplinados en la vida son libres. Si no eres disciplinado, eres un esclavo de tus estados de ánimo y tus pasiones”. Y “el mejor momento para plantar un árbol fue hace 25 años. El segundo mejor momento es plantar un árbol hoy”.

Un ávido lector, sus gustos literarios van desde Aristóteles hasta biografías del deporte y manuales de autoayuda. “Los siete hábitos de las personas altamente efectivas” es uno de sus favoritos.

Cuando Kipchoge lee, apunta. Alguna vez escribió una fórmula: Motivación + Disciplina = Consistencia. Ningún maratonista en la era moderna ha sido más dominante.

Y los comentarios de que Kipchoge podría ser el máximo corredor de distancia en el mundo recientemente se han convertido en un coro, encabezado por personas como David Bedford, ex poseedor del récord mundial de los 10 mil metros planos. “¿Puede alguien ganarle?”, preguntó Bedford. “No, no lo creo”.

De niño, Kipchoge iba trotando a la escuela. El menor de cuatro hijos, creció en Kapsisiywa, una pequeña aldea. Su madre era maestra. Su padre murió cuando él era pequeño.

Tras terminar la escuela, Kipchoge ayudó a mantener a su familia juntando leche de sus vecinos y vendiéndola en el mercado. Continuó corriendo, inspirado en Patrick Sang —una figura respetada en la región.

Sang había estudiado en la Universidad de Texas y ganó una medalla olímpica de plata en carrera de obstáculos antes de regresar a Kapsisiywa, donde organizaba eventos deportivos. Conoció a Kipchoge en un evento en 2001, cuando tenía 16 años.

“Había un chico que llegaba y me pedía un programa de entrenamiento”, recordó. “Así que cada dos semanas le daba un programa para que siguiera, y esto continuó durante meses”.

Kipchoge finalmente se inscribió para una carrera y ganó. Sang finalmente le preguntó su nombre al chico —y se quedó asombrado. “Tu madre fue mi maestra de jardín”, le dijo Sang. Desde entonces han sido prácticamente inseparables.

El ascenso de Kipchoge incluyó un campeonato mundial en 2003, cuando le ganó en la recta final a Hicham El Guerrouj, la estrella marroquí de pista, en los 5 mil metros en el Estadio de Francia.

Kipchoge tenía apenas 18 años. Ganaría un par de medallas olímpicas en los 5 mil metros: bronce en 2004 y plata en 2008. En un raro día malo, terminó en séptimo lugar en los 5 mil metros en las pruebas de Kenia para las Olimpíadas de 2012 y quedó fuera del equipo.

Kipchoge decidió cambiarse a la maratón. Ganó su maratón de debut en Hamburgo en la primavera de 2013 con un tiempo de 2:05:30. Terminó en segundo lugar en Berlín unos cuantos meses después, tras Wilson Kipsang, un compatriota keniano.

Desde entonces, Kipchoge no ha visto una sola derrota, incluyendo el oro en los Juegos Olímpicos de 2016.

“Cuando corro me siento bien. Mi mente se siente bien. Duermo de manera libre y disfruto de la vida”, dijo Kipchoge.

El año pasado, en un óvalo automotriz en Italia, Kipchoge casi realizó su hazaña más audaz hasta la fecha: correr una maratón en menos de dos horas, en un proyecto organizado por Nike llamado “Breaking 2” (Rompiendo 2).

Auxiliado por un elenco rotativo de marcadores de paso, terminó en 2:00.25, al cubrir la distancia de la maratón más velozmente que cualquier otro humano en la historia.

Su tiempo no fue ratificado como un récord mundial, pero fue extraordinario.

Kipchoge tiene metas grandiosas. Quiere defender su título olímpico. Quiere seguir estableciendo marcas personales. Quiere influir en futuras generaciones. “Miles de millones”, dijo, recorriendo el mundo para extender el evangelio de las carreras a pie.

Kipchoge tiene el hábito de sonreír siempre que se presenta el dolor. Se distrae con otros pensamientos —el gozo de correr o la línea de meta que lo aguarda. Entonces se desvanece el dolor. En el proceso, eleva el deporte a algo que se asemeja al arte del performance.

Sang describió su enfoque general: “simplemente tengamos una carrera hermosa”.

Fuente: NYT

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