Los laboratorios médicos podrían estar matando a los cangrejos herradura

Extraer la sangre azul de los cangrejos para pruebas médicas vitales puede condenar a los animales a morir, incluso después de que sean devueltos al mar.

En 2013 John Tanacredi, un profesor de ciencias ambientales en Molloy College, en Long Island, N. Y., recibió la llamada de un amigo que trabajaba en el cercano aeropuerto internacional John F. Kennedy. “Tienes que ver esto”,  le dijo a Tanacredi, y le envió una foto de un contenedor de carga con 600 cangrejos herradura muertos. Fue a mediados de julio, y los funcionarios del aeropuerto habían abierto el contenedor por el olor a putrefacción que despedía.

Los cangrejos habían sido enviados por un exportador vietnamita a unos pescadores en Estados Unidos para ser utilizados como cebo. La importación es una manera de evadir las regulaciones de las autoridades pesqueras estadounidenses, que imponen restricciones a la pesca del cangrejo herradura como cebo.

No obstante, los pescadores no son los únicos que persiguen a estas extrañas y primordiales criaturas en forma de casco. La industria biomédica cosecha cientos de miles de ellas cada año porque su rica sangre azul contiene una proteína que se espesa cuando entra en contacto con impurezas. A los cangrejos se les extrae la sangre para aislar esta sustancia, conocida como lisado de amebocitos de limulus, o LAL, ya que es capaz de detectar las endotoxinas bacterianas que causan hemorragias tóxicas y diarrea severa en las personas. Los laboratorios usan el LAL para probar instrumentos médicos, implantes y algunos productos farmacéuticos ­–básicamente cualquier cosa que tenga contacto con la sangre humana–. “Todo se reduce a este animal”, dice Tanacredi.

El LAL es tan apreciado que un artículo de 2011 en la revista Wired calculó que un cuarto de galón puede costar $15.000. No es de extrañar, entonces, que desde 2004 el número de cangrejos cosechados por la industria biomédica estadounidense saltó al 86 por ciento en 2013, con 545.973 animales. Actualmente no hay restricción sobre la cantidad que la industria puede tener, porque después de que los técnicos extraen la sangre, devuelven los cangrejos al mar, donde los animales supuestamente se recuperan.

Esa suposición está ahora siendo estudiada. Un creciente número de investigadores cree que la industria biomédica está teniendo un impacto negativo sobre la población de cangrejos herradura, haciéndoles daño ya sea durante la recolección de la sangre, o al extraérseles demasiada, lo que podría estar condenando a la criatura a morir después de ser devuelta al océano. En el artículo de Springer 2015 El cambio en las perspectivas globales sobre la biología del cangrejo herradura, el científico Thomas Novitsky escribió: “Se está acumulando evidencia de que la mortalidad de los cangrejos herradura sangrados es más alta de lo que se pensaba originalmente [29 por ciento frente a 15 por ciento]; de que las hembras puedan tener un deterioro en su capacidad para desovar tras la hemorragia y la liberación; y de que los cangrejos sangrados permanecen desorientados y débiles durante diversos períodos de tiempo tras la captura, manipulación, sangrado y liberación”. Novitsky fue director de Associates of Cape Cod, una compañía de LAL en East Falmouth, Massachusetts.

No está claro qué tan grande es el impacto de la industria LAL sobre los cangrejos herradura, porque las empresas no tienen que revelar exactamente cuántos cosechan, y porque es difícil decir cuántos cangrejos mueren al ser devueltos al agua. La encuesta más reciente de la Comisión de Pesquerías Marinas de los Estados del Atlántico muestra que aunque el número de cangrejos herradura en la región de la bahía de Delaware se ha estabilizado, la población es solo una cuarta parte de lo que fue a comienzos de la década de 1980. Y las poblaciones a lo largo de las costas de Nueva York y Nueva Inglaterra siguen disminuyendo. “Nadie dice que el cangrejo se está extinguiendo. Lo que estamos planteando es el colapso de un ecosistema, debido a que una especie clave se ha visto reducida a un cuarto de su número”, dice Larry Niles, un biólogo que trabaja con varios grupos de conservación sin fines de lucro.

Sin sangre

Los laboratorios afirman que no están haciendo daño a los animales. John Dubczak, director de operaciones en Charles River Laboratories, una instalación de LAL en Charleston, S. C., dice que su empresa utiliza las mejores prácticas para asegurar que los cangrejos no se lesionen durante su cosecha y que no se recolecta más del 30 por ciento de su sangre. Su firma cosecha a mano, por ejemplo, y no compra animales lesionados, lo que da a sus proveedores un incentivo económico para manejarlos adecuadamente. “Eso reduce las lesiones y el estrés, lo cual es mejor para sustentar la población, y es mejor para nosotros”, dice Dubczak, señalando que la tasa de mortalidad de los cangrejos utilizados en su operación es sólo del cuatro por ciento. “Uno de mis proveedores construyó un tobogán de agua para regresar a los cangrejos de nuevo al mar. ¡A ellos les encanta!”

Pero Dubczak observa que ese cuatro por ciento pertenece solo al manejo y transporte de los cangrejos hacia y desde su instalación. Los conservacionistas creen que las tasas de mortalidad para la industria son al menos del 30 por ciento. Dicen que debido a que las operaciones de sangrado no están obligadas a informar esas estadísticas, no hay razón para tratar a los animales con cuidado, sobre todo si el hacerlo resulta más costoso. Las otras cuatro operaciones de sangrado en EU no respondieron a las peticiones de entrevista.

“No existe buena información científica sobre la mortalidad de los cangrejos. He visto cifras que oscilan entre el 15 y el 40 por ciento, pero nadie tiene un muy buen control sobre eso”, dice Michael De Luca, director asociado del Instituto de Ciencias Marinas y Costeras de la Universidad de Rutgers.

La Comisión de Pesca del Atlántico, que gestiona los recursos pesqueros a lo largo de la costa este, ya tiene escritas las mejores prácticas, pero carece la capacidad de control y vigilancia. Además, según Niles, “el sangrado para obtener el LAL se realiza de modo secreto; nadie sabe cuántos cosechan”. Las únicas declaraciones que pueden ser verificadas, dice, son las tasas de mortalidad de hasta el 30 por ciento, sobre la base de evaluaciones independientes de los métodos utilizados. “Y eso no tiene en cuenta las pérdidas que provienen del dragado de cangrejos a nivel industrial, y su transporte a los laboratorios para el sangrado”. El funcionario añade que algunas empresas pueden estar vendiendo cangrejos para cebo en lugar de ponerlos de nuevo al mar.

Las lesiones pueden ocurrir de varias maneras. Los cangrejos sangrados en los laboratorios permanecen entre 24 y 72 horas fuera del océano, dice Chris Chabot, profesor de neurobiología, fisiología y comportamiento en la Universidad Estatal de Plymouth. Chabot quiere saber si eso es demasiado tiempo. “Como se podrá imaginar, estar fuera del agua probablemente impacta su viabilidad, salud y mortalidad, así como su capacidad de recuperarse después de este sangrado”, dice. Además, los animales no se muestran muy activos durante semanas después del procedimiento y también son más susceptibles a enfermedades porque ciertos factores de su sangre les han sido removidos.

Tampoco está claro aún si el proceso afecta su reproducción. “No sé si alguien ha medido el número de huevos puestos después de que las hembras han sido sangradas”, dice Jane Brockmann, profesora emérita de biología en la Universidad de la Florida. “Habría que encontrar animales recientemente sangrados entre los millones de ellos que están ahí fuera”.

Investigadores de las universidades de New Hampshire y Estatal de Plymouth están tratando de hacer precisamente eso. En 2014 llevaron a cabo un estudio que replicó el proceso de sangrado en su laboratorio y encontraron que los cangrejos mostraban déficit fisiológico y de conducta durante dos semanas después de la extracción. Por ejemplo, se movían con menos frecuencia y con patrones y ritmos diferentes, como si estuvieran desorientados.

En un nuevo estudio lanzado el mes pasado, los investigadores extraerán sangre a unos 60 cangrejos y observarán el comportamiento de los animales al ser sometidos a los tres principales factores de estrés que se dan en condiciones de la industria biomédica: la cantidad de sangre extraída, la cantidad de tiempo fuera de agua y el grado de las fluctuaciones de temperatura. Los cangrejos se observarán primero en el agua del laboratorio. Luego se colocarán en el océano con diminutos transmisores conectados a sus caparazones que emiten un beep acústico cada 45 segundos indicando la profundidad a la que se encuentra el cangrejo y lo activo que ha estado en los 45 segundos anteriores. El experimento se repetirá un año más tarde con otros 60 cangrejos.

El grupo piensa que ajustar los factores de estrés ayudará a aminorar los efectos negativos. Por ejemplo, “la industria biomédica informa que sacan el 30 por ciento de la sangre del cangrejo. Nosotros nos preguntamos si extraer menos cantidad del líquido aminoraría el impacto negativo”, dice Chabot, añadiendo que cuando su grupo desangró cangrejos en el laboratorio se detuvieron muy por debajo del 30 por ciento porque el flujo de sangre se había reducido a un goteo. “Nosotros no abrimos otro agujero para conseguir más sangre. ¿Quién sabe cuántos agujeros abren los laboratorios”, dice. Bajo velo de decrecía de la industria, los científicos temen lo peor. Por ejemplo, circulan las historias de cómo los laboratorios utilizan dispositivos de succión para obtener más sangre, y que los técnicos de laboratorio organizan concursos para ver quién puede obtener más.

En peligro de convertirse en peligro

Mientras tanto, un grupo de científicos planea pedir a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la organización que establece el estándar global para la extinción de especies, que mueva el estatus del cangrejo herradura americano. Sugieren colocarlo un escalón más cerca a la extinción en la Lista Roja de categorías -pasando de especie Casi Amenazada, a Vulnerable. Su informe será presentado al Congreso Mundial de la Unión en Hawái en septiembre.

El grupo tiene previsto redactar informes similares para varias especies asiáticas del cangrejo que ya están desapareciendo de algunos países en los que alguna vez florecieron. “No me sorprendería que se vieran muy pronto en la Lista Roja. Las poblaciones asiáticas están disminuyendo de manera significativa”, dice Dubczak refiriéndose a su firma Charles River Laboratories, que tiene una operación en China llamada Zhanjiang A & C Biological, Ltd. “Entre la contaminación, la pérdida de hábitat y los animales que se consumen en Asia, sus poblaciones están bajo una tremenda cantidad de estrés”.

El Grupo de Investigación y Desarrollo Ecológico, una organización de conservación sin fines de lucro que se centra en las cuatro especies de cangrejo herradura que quedan en el mundo, escribió en su página web: “las tres especies asiáticas de cangrejos herradura están en declive. La pérdida de hábitat y la explotación son los principales factores, como son los métodos utilizados y el número de cangrejos herradura recogidos para la industria de la detección de endotoxinas”. Los cangrejos, que tienden a volver al mismo sitio año tras año, simplemente no aparecen ya en algunas playas. Según Glenn Gauvry, el presidente del grupo en una respuesta por correo electrónico a Scientific American, “las limitadas cifras de cosecha sugieren un descenso en la disponibilidad de 600 mil pares de cangrejos hace cinco a 10 años, a menos de 100 mil pares actualmente”.

Su grupo teme que si los cangrejos herradura desaparecen en Asia, las empresas productoras de identificadores bacterias pondrán sus ojos en los cangrejos de las costas estadounidenses, agotando aún más la población en EU. El contenedor de carga en el aeropuerto JFK demostró que aunque algunas especies desaparecen de un área debido a la presión ambiental, otras se van en avión. Los conservacionistas preferirían que los cangrejos herradura estadounidenses no fueran tan bien viajados.

Fuente: Caren Chesler | scientificamerica.com

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