La mayor y más diversa red de seguimiento para esquivar la chatarra orbital

Más de 500.000 fragmentos de restos espaciales producidos por el Hombre, incluyendo etapas de cohete gastadas, satélites inactivos y fragmentos tan pequeños como motas de pintura, rodean la Tierra, circulando en torno a ella a velocidades que típicamente están sobre los 27.000 km/h. A esas velocidades, incluso el impacto de un objeto del tipo más pequeño puede dañar satélites y dar lugar a reacciones en cadena de colisiones y fragmentaciones (la destrucción de un objeto genera “metralla” que destroza a otros que a su vez generan más metralla, y así sucesivamente mientras el material y la energía disponibles sean suficientes).

 

 Si ocurriera alguna vez una de estas reacciones en cadena a gran escala, la cantidad de restos orbitales aumentaría de manera espectacular, y se crearían zonas en torno a la Tierra que básicamente serían campos de minas espaciales, los cuales serian intransitables durante siglos. Hacer un seguimiento de los escombros orbitales es pues algo esencial, no solo para proteger a los actuales satélites comerciales y gubernamentales sino también para asegurar que permanezcan despejados y seguros para las futuras actividades espaciales los caminos hacia posiciones tan esenciales como la órbita terrestre baja, la geoestacionaria, y aquellas situadas entre ambas.

 El seguimiento de los escombros requiere conocer la posición y el comportamiento de los objetos espaciales a través de una vigilancia persistente de la población satelital y desde todos los sensores que sea posible. El administrador histórico de esta responsabilidad ha residido en la Fuerza Aérea estadounidense, que opera la Red de Vigilancia Espacial de los Estados Unidos (SSN, por sus siglas en inglés), una red mundial de 29 radares militares y telescopios ópticos. Durante los últimos años, la creciente comunidad espacial comercial ha desarrollado sus propias redes, dotadas de cientos de sensores diferentes. Sin embargo, estas redes y la SSN no pueden compartir datos de forma sencilla o rápida, porque tal actividad necesita la fusión manual de datos en formatos diferentes. Además, la SSN solo puede aceptar datos recogidos por sensores certificados y de alta precisión.

Proporcionar una forma de que todas esas redes adquiriesen y procesaran grandes cantidades de datos de alta calidad desde diversas fuentes, incluyendo de socios civiles, comerciales, académicos e internacionales, permitiría que todos los que vigilan la chatarra espacial conociesen mejor el estado del entorno espacial, que evoluciona rápidamente, y evaluaran mejor cuándo los satélites se hallan en riesgo. El programa OrbitOutlook (O2) de la DARPA (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa, dependiente del Departamento de Defensa de Estados Unidos) está trabajando en dirección a la obtención de ese potencial para mejorar la seguridad espacial en general. El programa completó recientemente la integración de los suministros de datos en directo de siete proveedores SSA (información de posición), los cuales poseen juntos más de 100 sensores repartidos por todo el globo, la mayor red y la más diversa de este tipo lograda hasta ahora. La DARPA empezará pronto a ensayar algoritmos automatizados y ampliables a escalas mayores que funcionan bajo este suministro integrado, en un esfuerzo por identificar y extraer datos relevantes que los expertos podrían usar para tomar decisiones casi en tiempo real.

Fuente: NCYT

 

 

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