Hay una receta científica para quitarte esa dichosa canción de la cabeza

¿Te has levantado de la cama con una letra en la cabeza? ¿Ha pasado un coche con el ‘hit’ del verano a todo volumen y el temazo se te ha atascado en la sesera? Nuestras neuronas parecen abrazarse a esa melodía (por lo general horrible) que flota en el aire y, por mucho que nos disguste, las notas quedan como incrustadas en el cerebro.

 

Estas canciones pegadizas se denominan en inglés ‘earworm’ (algo así como ‘parásito de oído’) y el proceso que causan se conoce como visualización musical involuntaria recurrente. Es un fenómeno de lo más habitual: más del 89 por ciento de las personas lo experimenta al menos dos veces a la semana, según datos de un estudio que analiza su prevalencia y el porqué de que ocurra.

Aunque tararear mentalmente una melodía durante horas no perjudica la salud, puede llegar a resultar molesto. Afortunadamente, gracias a las investigaciones que existen sobre ello, podemos extraer algunas pautas para evitar que nos pase o, si el daño ya está hecho, ahuyentar a la dichosa cancioncita.

Una de ellas es evitar escuchar música cuando no quieras que ésta termine adherida en tu cabeza, como poco antes de irte a dormir. Junto a ello, reproducir un tema una y otra vez, elegir aquellos ya de por sí repetitivos o interrumpir la canción antes de terminar son factores que aumentan las posibilidades de que acabes tarareándola hasta el fin de los días.

Distintos estudios sugieren además métodos variados para eliminarlas una vez memorizadas, como masticar chicle. La actividad cerebral necesaria para mantener a las mandíbulas en movimiento interfiere con la que retiene las canciones en la memoria, reduciendo el número de evocaciones musicales.

Otra posible solución es caminar o dar golpecitos sobre una superficie de manera más rápida o lenta que el ritmo de la melodía. Normalmente nos quedamos fácilmente con el tempo de las canciones que nos resultan familiares, pero este desajuste rítmico entorpece el proceso de memorización.

En el caso de que no te apetezca moverte, puedes probar con una tercera opción: cantar. En realidad, si eres de los que se pasa el día tarareando canciones y letras, tienes más papeletas para que la música se te grabe en la cabeza. Esto implica que tu cerebro las almacena más fácilmente, pero también que la olvidas antes si sustituyes una por otra voluntariamente.

Aparte de soltar unos gorgoritos, ejercitar tu mente con otras actividades también ayuda. No obstante, evita las que ya practicas automáticamente (como lavarte los dientes o fregar los platos) y las que requieren demasiada concentración, porque ambos tipos están asociados con la aparición del fenómeno de memorización musical involuntaria. Una buena idea es salir con tus amigos o llamar por teléfono a tu madre, aunque a algunas personas les vale con ver la televisión.

Un estudio publicado en la revista de la Asociación de Psicología de EU revela una curiosa relación entre el estrés, el humor y el estado de ánimo y la manera en la que recordamos las canciones. Si por ejemplo estabas enfadado cuando escuchaste a Beyoncé en la radio, cuando evoques el tema que sonaba en tu mente atraerás las emociones que experimentabas entonces.

Pero tampoco te esfuerces demasiado por no enojarte otra vez (o por quitarte a Beyoncé de la cabeza), porque poner demasiado empeño en olvidar puede llevarnos precisamente a lo contrario, a anclar todavía más esa cancioncilla a nuestros pensamientos.

Fuente: cienciaxplora

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