Los agricultores de la Edad de Piedra eran genéticamente diversos

La transición del sistema de caza-recolección a la agricultura sedentaria, ocurrida en el Creciente Fértil (Mediterráneo oriental, Mesopotamia y Persia) hace unos 10 mil años, no fue obra de una población genéticamente homogénea sino muy diversa. Así lo asegura un nuevo análisis de ADN procedente de cuatro esqueletos del Neolítico temprano, hallados en Irán.

Un estudio internacional, en el que ha participado la Universidad Colegio de Londres (UCL), ha analizado el ADN de cuatro esqueletos del periodo Neolítico temprano, procedentes de la región de Zagros (Irán), una zona donde se han hallado las evidencias más antiguas de agricultura hasta la fecha. Los resultados se han publicado en el último número de la revista Science.

Hasta ahora, se había asumido que los primeros agricultores procedían de una sola población genéticamente homogénea del Creciente Fértil, una región histórica que abarca zonas del Levante mediterráneo, Mesopotamia y Persia. Sin embargo, los autores han encontrado que hay profundas diferencias genéticas en estas primeras poblaciones agrícolas, lo que indica ascendencias muy distintas.

Según explica a Sinc Mark Thomas, profesor de investigación de genética evolutiva de la UCL y uno de los autores, el análisis de ADN de los esqueletos reveló que era muy diferente de los genomas de los primeros agricultores del entorno del mar Egeo y Europa.

“Realizamos una combinación de análisis de ADN genómico, datación por radiocarbono e isótopos estables que se pueden utilizar para indicar la dieta” –dice Thomas–. Los datos de isótopos estables mostraron que los cuatro individuos de Zagros tenían una dieta similar, rica en cereales cultivados en lugar de proteína animal”. 

Estudio de trozos largos de ADN

El investigador destaca que sus genomas indican que eran genéticamente muy similares entre sí, pero distintos de los primeros agricultores neolíticos del Egeo (Grecia y Turquía). “Las diferencias entre estos primeros agricultores orientales y occidentales son sustanciales, lo que demuestra que la genética de las poblaciones agrícolas tempranas del sudoeste de Asia estaba altamente estructurada”, apunta.

Mediante la observación de cómo los humanos antiguos y contemporáneos comparten largas secciones de ADN, el equipo demostró que las primeras poblaciones agrícolas eran genéticamente muy estructuradas. Y también que algunas de estas estructuras genéticas se preservaron a medida que agricultura y los agricultores se extendieron a regiones vecinas desde el Creciente Fértil hacia el oeste (Europa) y al este (adentrándose en el sur de Asia).

Los primeros agricultores en Europa y algunos europeos modernos pueden tener rastros de ADN de los agricultores del Neolítico temprano del Egeo, mientras que las personas que viven en Afganistán, Pakistán, Irán y la India comparten trozos largos de ADN procedentes de primeros agricultores de Irán.

Esta herencia genética de los primeros agricultores persiste aunque nuestra composición genética posteriormente ha sido conformada por muchos milenios de otros movimientos de población y la mezcla de varios grupos, dicen los autores

“Sabíamos que las tecnologías agrícolas, incluyendo diversas plantas y animales domésticos, surgieron a lo largo del Creciente Fértil, sin un centro concreto. Pero haber encontrado que esta región se compone de poblaciones agrícolas genéticamente tan distintas ha sido una sorpresa. Estimamos que se separaron hace entre 46 mil y 77 mil años, por lo que es casi seguro que su apariencia era muy distinta y hablaban lenguas diferentes. Por ello, tal vez, deberíamos estar hablando de un origen federal de la agricultura”, destaca Thomas.

Cambios profundos

Se calcula que el paso de la caza y la recolección móvil a la agricultura sedentaria se produjo por primera vez hace unos 10 mil años en el sudoeste de Asia y fue una de las transiciones de comportamiento más importantes desde que los humanos evolucionaran por primera vez en África hace unos 200 mil años. Esta transición produjo cambios profundos en la sociedad, incluyendo mayores densidades de población, nuevas enfermedades, desigualdad social, vida urbana, y en última instancia, el surgimiento de las antiguas civilizaciones.

Los animales y las plantas fueron domesticados por primera vez en el Creciente Fértil y el impacto de esta actividad en nuestra especie fue tan grande que los arqueólogos han debatido durante más de 100 años cómo se originó y se extendió a las regiones vecinas, entre otras, Europa, norte de África y el sur de Asia”, dice Stephen Shennan, profesor de arqueología de la UCL y coautor del trabajo.

“Hemos demostrado por primera vez que diferentes poblaciones en zonas distintas del Creciente Fértil llegaron a soluciones similares en la búsqueda de una vida mejor en las nuevas condiciones creadas al final de la última Edad del Hielo”, concluye.

Fuente: SINC

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