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Las películas de terror podrían beneficiar a la salud mental; esto dice la ciencia

A pesar de que su producción implica experimentar emociones relacionadas al miedo, estos largometrajes podrían ser beneficiosos en muchos aspectos

De acuerdo con un estudio publicado en 2021 en la National Library of Medicine, las personas que disfrutan de las películas de terror tienden a ser más resilientes emocionalmente. Este hallazgo, citado por Livestrong, sugiere que el género puede ayudar a desarrollar herramientas para enfrentar el miedo y la incertidumbre. Aunque el terror es conocido por generar emociones intensas, su impacto en la salud mental podría ser más beneficioso de lo que se pensaba, siempre que se consuma en un entorno controlado.

De acuerdo con el estudio, las películas de terror pueden actuar como una forma de terapia emocional, aunque no la sustituyen. Al exponer a los espectadores a situaciones aterradoras en un contexto seguro, estas películas permiten experimentar miedo sin consecuencias reales. Esto no solo ayuda a liberar estrés y ansiedad, sino que también fomenta la tolerancia a emociones negativas, lo que puede traducirse en una mayor capacidad para manejar situaciones difíciles en la vida cotidiana.

Una herramienta para la resiliencia emocional

El miedo generado por las películas de miedo activa la liberación de adrenalina y dopamina en el cuerpo, lo que puede generar una sensación de alivio y bienestar una vez que la experiencia termina. Este efecto, conocido como “descarga emocional”, permite a los espectadores liberar tensiones acumuladas y mejorar su estado de ánimo.

Además, el género de terror puede ser una herramienta para fortalecer la resiliencia emocional, ya que enfrentar situaciones aterradoras en la ficción ayuda a las personas a desarrollar una mayor tolerancia al miedo y la incertidumbre, habilidades que son esenciales para manejar los desafíos de la vida real.

El terror como estímulo cognitivo y social

Más allá de los beneficios emocionales, las metrajes de horror también tienen un impacto positivo en la actividad cerebral. Según diversos estudios, este tipo de películas activa regiones del cerebro responsables del procesamiento visual y auditivo, así como el lóbulo frontal y la amígdala, áreas relacionadas con el razonamiento, la planificación y el procesamiento del miedo. Esto convierte al género en un estímulo cognitivo que mantiene al individuo alerta y fomenta el pensamiento crítico.

Por otro lado, el terror también puede fortalecer el sentido de comunidad. Ver películas de este género en grupo fomenta la conexión social, ya que compartir el miedo y las reacciones intensas genera vínculos entre los espectadores.

El blog Calmerry señala que este género del cine puede ser útil para enfrentar fobias y miedos. Al exponer gradualmente a los espectadores a situaciones aterradoras en un entorno seguro, estas películas pueden desensibilizar a las personas frente a estímulos que generan ansiedad en la vida real. Este proceso, conocido como “terapia de exposición”, permite a los individuos aprender a tolerar la ansiedad y manejar sus emociones de manera más efectiva.

Además, las películas de terror podrían funcionar para desarrollar mecanismos de afrontamiento, esto debido a que las personas que se exponen al miedo lo procesan de una manera en la que reafirman su confianza y seguridad en sí mismos, lo que le brinda herramientas para tomar decisiones inmediatas en situaciones de riesgo.

De igual manera, se ha demostrado que ver estas películas produce un efecto catártico, pues la constante estimulación de emociones fuertes ayuda a liberar emociones que los espectadores podrían tener reprimidas a través del miedo y la adrenalina. Esto, a largo plazo, ayuda a dificultar la acumulación emocional que puede desencadenar problemas como la depresión.

Por último, es importante considerar que las películas de terror no siempre son aptas para todo público, y estos beneficios no podrían ayudar de la misma manera a personas que padecen trastornos de ansiedad, paranoia o fobias. Además, aunque estas benefician a la salud mental, no sustituyen el seguimiento que podría brindar un especialista en psicología o psiquiatría, por lo que se recomienda siempre acudir con un experto en la materia.

Fuente: infobae.com

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