La habilidad mental que le permite al león marino seguir mejor que cualquier otro animal un ritmo musical

Ronan, la hembra de león marino que puede seguir el ritmo mejor que cualquier otro animal.

Pocas actividades se consideran tan genuinamente humanas como la música, ya sea de Mozart, de Hendrix, de Miles Davis, o la que se hace solo con tambores tribales. Y, efectivamente, durante mucho tiempo, la mayoría de los científicos creían que el Homo sapiens era la única especie capaz de crear y responder al ritmo y la melodía.

Esta idea, sin embargo, fue profundamente puesta en duda en 2009, cuando una cacatúa llamada Snowball resultó ser un bailarín competente.

Los movimientos de baile ejecutados por Snowball hechos al son de canciones pop demostraban claramente que ciertas especies no humanas tienen la maquinaria neurobiológica requerida para procesar estímulos rítmicos y moverse en sincronía con ellos.

Ahora, después de investigaciones que han mostrado que chimpancés, bonobos, loros y periquitos tienen capacidades similares, un estudio sobre una hembra de león marino californiano llamada Ronan, que menea la cabeza al son de la música que suene en cada momento, ha proporcionado datos que podrían ayudar a desentrañar las raíces biológicas de la relación de los seres inteligentes con la música.

Ronan fue situada en cautividad cuando tenía aproximadamente un año, después de no conseguir vivir adecuadamente por sí sola en el exterior. Su nuevo equipo de cuidadores había explorado previamente las capacidades cognitivas de los leones marinos, y en lo que originalmente era un proyecto secundario explorado durante los fines de semana, Peter Cook y Andrew Rouse decidieron ver si Ronan podía seguir un ritmo.

Premiándola con bocados de pescado cada vez que se movía correctamente mientras oía un pasaje musical, Cook y Rouse acabaron descubriendo que Ronan podía seguir el ritmo mejor que ningún otro animal no humano. Más tarde, aprendió también a bailar canciones pop; su favorita parece ser Boogie Wonderland, de Earth, Wind and Fire.

El equipo de Cook y Rouse publicó un informe inicial en 2013, documentado esta habilidad. Numerosos experimentos confirmaron que estaba respondiendo de verdad a la señal rítmica. Y ahora, el equipo ha llevado su análisis un paso más allá.

Mucho del trabajo que se ha hecho en este campo, del de mostrar si una persona o un animal sabe seguir un ritmo musical, se ha realizado utilizando en general un enfoque observacional, que se limita a medir cuán sincronizados están los movimientos del animal con, por ejemplo, los golpes asestados por el percusionista a su batería u otro instrumento de percusión, pero no se han explorado los mecanismos neuronales implicados. 

Para sondear los mecanismos cerebrales responsables de seguir el ritmo, hay que conseguir que una persona o animal se mueva con él, cambiar después el ritmo de forma súbita y ver cómo vuelve a encontrar el ritmo. 

Esto es lo que hicieron los investigadores. Después de cambiar la velocidad del ritmo o bien de alterar la secuencia, los investigadores vigilaron minuciosamente cómo el animal recalibraba sus movimientos. También usaron en los experimentos la canción “Boogie Wonderland” a diferentes velocidades. Finalmente, comprobaron si una sencilla ecuación matemática podía explicar el reajuste observado. 

La teoría que se intentaba verificar con los experimentos es que para moverse al son de la música, o sea de manera sincronizada) la actividad neural en los centros auditivos del cerebro oscila primero en sincronía con la señal rítmica y después esta oscilación provoca otra en las neuronas de los centros motores que dirigen el movimiento. 

Los investigadores han comprobado que el comportamiento de Ronan encaja en este modelo propuesto.

Fuente: noticiasdelaciencia.com

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