¿Es posible diagnosticar el cáncer a partir de una simple gota de sangre?

Una simple gota de sangre (agua) contiene cinco millones de glóbulos rojos, 10.000 glóbulos blancos y un cuarto de millón de plaquetas. Y además según un número cada vez más grande de científicos la clave para combatir el cáncer.

Más de 8 millones de personas mueren cada año a causa del cáncer. El 70% de ellas en los países más pobres donde es casi imposible mantener programas de diagnóstico precoz de la enfermedad. Estos programas son caros, complejos y difíciles de implementar. Pero si pudiéramos detectar cualquier enfermedad oncológica a través de un simple análisis de sangre, la medicina moderna cambiaría para siempre. ¿Es posible o es demasiado bueno para ser verdad?

El cáncer y sus demonios

Decir que el cáncer es una enfermedad compleja no solo es una obviedad sino que es quedarse muy cortos. El cáncer es un enorme conjunto de enfermedades relacionadas con distintas formas, síntomas y localizaciones que sólo tienen en común que algunas células del cuerpo empiezan a dividirse sin parar ocupando todo el espacio posible. Es decir, los tumores van invadiendo zonas cercanas (y no tan cercanas, mandando células a través del torrente sanguíneo) mucho antes de que sus síntomas.

Esto hace que, tradicionalmente, los esfuerzos se hayan centrado en su diagnostico precoz. En 1924, Joseph Colt Booldgood, un cirujano del Hospital Johns Hopkins, decía que “las muertes por cáncer podrían ser prácticamente eliminadas […] si las personas afectadas buscaran ayuda médica de forma inmediata tras descubrir un crecimiento extraño en alguna parte de su cuerpo”. Como explicaban Helena Matute y Nai Pereda, “hemos sido educados en la creencia de que más diagnósticos y, sobre todo, diagnósticos más precoces, son sinónimo de una medicina mejor”. Una creencia que, aunque últimamente ha tenido cierta contestación, sigue siendo completamente válida.

El problema es que los sistemas de cribado pueden identificar posibles casos de cáncer pero en la inmensa mayoría de ellos la biopsia es la única forma que tenemos para conseguir un diagnóstico definitivo. Y una biopsia es la extirpación de una cantidad pequeña de tejido o de células para su examen a través de un microscopio; extraer un trozo de carne, vamos.

Hay varios tipos de biopsias pero todas tienen (en mayor o menor medida) los mismos problemas: son invasivas, costosas y conllevan riesgo de infección. Por eso llevamos mucho tiempo buscando un sustituto.

¿Y si lo hacemos con la sangre?

Antes he comentado de pasada que los tumores usan el sistema circulatorio para expandirse. Siendo un poco más rigurosos lo que ocurre es que algunas células o trozos de células se desprenden y pasan al torrente sanguíneo. Así, el cáncer se extiende de su lugar inicial a otras partes del cuerpo, lo que llamamos metástasis.

Es decir, mucho antes de que se noten los síntomas el cáncer ya está dejando su rastro en la sangre. Por eso muchos investigadores llevan años trabajando en las “biopsias líquidas”. Y aunque se han hecho algunos avances (para identificar, por ejemplo, ‘marcadores tumorales’ que ayuden a seleccionar mejores tratamientos), nadie ha conseguido aún la clave fundamental: diagnosticar el cáncer en alguien que aún no tiene síntomas mediante un simple análisis de sangre.

De conseguirse, sería precisamente lo que llevamos buscando cien años: identificar los tumores de forma sencilla, barata y muy precoz. A nadie pueda extrañar que solo en Estados Unidos haya 38 proyectos trabajando en estas biopsias líquidas.

¿Qué hay en una gota de sangre?

Existen dos grandes líneas de investigación y una enorme competencia. Mehmet Toner y Daniel Haber son dos médicos del Hospital General de Massachusetts que llevan años trabajando en encontrar tecnologías que le permitan filtrar y ‘cazar’ esas células. Rápidamente se dieron cuenta que identificar esas células era bastante más complicado de lo que parecía.

Así que decidieron darle la vuelta a la idea: ¿y si filtraban todos los componentes conocidos de la sangre (glóbulos rojos, linfocitos, plaquetas, etc.) y sencillamente buscaban en lo que quedaba tras el filtrado? O dicho de otra forma ¿Y si en vez de buscar una aguja en un pajar, le metían fuego al pajar y rebuscaban entre los restos? Así nació ‘iChip’ que aún está en desarrollo pero es un instrumento muy prometedor.

Otros investigadores se han decantado por otra opción: no sólo hay células enteras en la sangre, también hay pequeños trozos de ADN que circulan libremente por todo el sistema de los pacientes con cáncer. Parece más sencillo encontrar uno de esos trozos (dado que son más numerosos) que una célula entera. Por contra, el ADN tumoral circulante puede aportarnos mucho menos información.

La primera biopsia aprobada por la FDA americana (el Cellsearch, un test para localiza cánceres de mama, próstata y colon) usa precisamente esta orientación.

La gallina de los huevos de oro

En 2015, se estimaba que, de entrada, el mercado de las biopsias líquidas sería de unos 29 millones de dólares. Pero en realidad el mercado potencial es mucho mayor. Hablamos de una tecnología que puede extenderse fácilmente a cualquier sitio que tenga un laboratorio de análisis clínicos. Es decir, casi cualquier lugar del planeta.

Tanto es así que ha llamado la atención de gente como Bill Gates, Jeff Bezos y otro buen puñado de inversores. Porque, aquí entre nosotros, las biopsias líquidas son la puerta de entrada a un mundo todavía más fascinante: la ‘precision medicine’, un modelo de intervención que utiliza análisis genéticos y moleculares para personalizar prácticas, medicamentos y decisiones médicas. Ahí es donde los expertos dicen que está verdaderamente el futuro y esto es sólo un primer paso para conseguirlo.

Fuente: xataka.com